Ritmo ancestral con savia nueva

El profesor iterpreta una pieza a la gaita, con el acompañamiento de Martín Vallina, Antón Vallina y Hugo Artos. /Susana San Martín
El profesor iterpreta una pieza a la gaita, con el acompañamiento de Martín Vallina, Antón Vallina y Hugo Artos. / Susana San Martín

Arsenio Ruiz imparte cursos de percusión tradicional a jóvenes y adultos en Siero. El instrumentista formado en el grupo El Ventolín cree que la cantera de la música asturiana se renueva año tras año con buen nivel

MARCOS GUTIÉRREZ

La música tradicional asturiana vive, desde hace unos cuantos años, una suerte de edad dorada. Tras muchos años de travesía por el desierto, el género experimentó un despertar a nivel masivo con el lanzamiento del ‘Busindre Reel’ de Hevia, en 1998. Este éxito dio acceso al género a un público generalista y, paralelamente, muchos jóvenes músicos se interesaron por él a la hora de dar sus primeros pasos con un instrumento. Pese a que ese fervor se ha vuelto algo más tibio con el paso de los años, son aún muchos los intérpretes que se introducen en los instrumentos tradicionales para dar rienda suelta a su creatividad.

Arsenio Ruiz González imparte en Pola de Siero un curso de la Fundación Municipal de Cultura dedicado a los instrumentos tradicionales, tanto para niños como para adultos. «Son acciones formativas de cuatro ciclos, que van de lo más básico a una mayor dificultad», explica. En este sentido, comenta que en sus clases «no hay límite de edad; tengo alumnos de seis años para arriba». En efecto, el rango de edad de sus pupilas y pupilos va de los seis a los 65 años. «Normalmente les pongo primero unos ejercicios técnicos para que cojan agilidad y velocidad; luego ya lo que se hace es aprender unos patrones rítmicos tradicionales asturianos, bien sea para tambor o pandereta», apunta. Indica que entre los instrumentos de percusión tradicional que se tocan en el curso, «el más solicitado es el tambor».

Este músico y maestro cree que la experiencia previa es una ayuda para adentrarse mejor en los pormenores de la percusión, pero de ninguna manera una condición sine qua non. De este modo, considera que «se puede empezar de cero. Si tienes algo de conocimiento musical, mucho mejor porque vas a coger el ritmo, pero no es imprescindible. Además, en la Fundación Municipal de Cultura hay clases de lenguaje musical que se pueden combinar con las mías, si bien para percusión tradicional no hace falta tanto conocimiento de solfeo». Considera que a los alumnos lo que más les cuesta «es coger la técnica y hacer movimientos de muñeca. El que no esté de tocar percusión nota que los dedos y las muñecas están más oxidados». Más que en cualquier otra música tradicional, en la asturiana el peso de la percusión siempre ha resultado esencial, trascendiendo su condición de cimiento rítmico.

«En Asturias, además del tambor, lo más utilizado por los músicos para guiarse en las zonas donde no había gaiteros era la pandereta».

Arsenio Ruiz González comenzó su carrera como músico con quince años «haciendo baile tradicional con El Ventolín y también en el grupo de Fitoria. Luego empecé a dar clase de tambor con José Mariño ‘El Xarreru’ y luego con Manuel Cordero en Pola de Siero, hasta que comencé a dedicarme profesionalmente a ello hace unos diez años».

Pese a que reconoce que en el mundo de la percusión tradicional «siempre ha habido más paisanos», en sus clases hay mayor equilibrio en ese sentido. «Pasa igual que en la gaita, ya que, antes, mujeres la tocaban cuatro», subraya. Considera que la renovación del género sigue siendo una realidad. «Existe relevo en la música tradicional. En su momento tuvo un boom, sobre todo cuando tuvo Hevia tanto éxito. Ahora ese crecimiento está algo estancado; hay muchísima gente y, de hecho, nunca hubo tanta, pero el crecimiento de nuevos músicos que llegan cada año es algo menor que entonces».

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