«Siete años después, no todo ha salido a la luz. Hay mucho 'señor X' en el caso Renedo»

Ramón Muñiz, con su libro, en la biblioteca Ramón Pérez de Ayala, uno de los escenarios centrales de la trama. / MARIO ROJAS

Ramón Muñiz, periodista y autor del libro 'Renedo no es un caso': «Las multas quedan muy bien sobre el papel, pero las posibilidades de que los condenados devuelvan el dinero son cada vez más remotas»

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

«Una persona a la que admiro mucho en la profesión me dijo que ésta era una de esas historias que te aparecen cada diez años, que no dudara en dedicarle tiempo y meterme a fondo en ella». Ramón Muñiz (Tarrasa, Barcelona, 1980), redactor de EL COMERCIO, hizo caso de aquel consejo. El fruto de ese trabajo es 'Renedo no es un caso. Corrupción en el Paraíso Natural', que presentará el miércoles, a las 19.30 horas, en el Ateneo Jovellanos de Gijón.

-¿Vio pronto que esta historia daba para un libro?

-Hubo gente que me animó, pero en los primeros años creí que no tenía sentido, que nada podía aportar a lo que ya se estaba publicando en el periódico. Dos momentos me hicieron cambiar de idea. Primero, descubrir que, incluso tras la comisión de investigación en la Junta, quedaban debilidades en la Administración que facilitaron este caso y seguían sin ser subsanadas. Ahí empecé a revisar los fallos del sistema que vienen denunciando economistas, abogados, sociólogos y antropólogos.

-¿Y el segundo?

-Al lograr por fin cierta cercanía con los protagonistas de la historia. Antes había sido imposible. Todos estaban imputados y tenían muchas cosas que aportar, pero por consejo de sus abogados no lo hicieron hasta el juicio. Llegado ese momento empezamos a hablar y a contarnos cosas.

-¿Qué descubre?

-Argumentos y matices que cuando estabas pegado al proceso penal se te escapan. Durante años h as contado esta historia desde los ojos de la Policía, la Fiscalía, el instructor... Ahora te das cuenta de que es gente que funcionaba en un sistema con reglas escritas y no escritas, que a lo mejor sus decisiones equivocadas pero quizás no tan extrañas, que igual no eran tan monstruosos como los habías visto hasta entonces.

-No me diga que les ha llegado a tomar cariño...

-Sin duda. Pero el libro no intenta blanquear a ningún culpable, acusado, condenado, procesado... sino contar por qué hicieron esas cosas, cuáles eran las alternativas que tenían y por qué entre todos no hemos sabido construir un sistema que evite ese tipo de errores.

-'Me perdió la codicia', le llegó a confesar Marta Renedo.

-Marta Renedo es una tía echada p'alante, muy trabajadora y que en el momento en que sale del despacho de su jefe, Alberto Pérez Cueto, y sabe que su historia va a cambiar radicalmente porque la han pillado y la van a denunciar, tarda muy pocos minutos en asumir la situación y empezar a planear su respuesta. Lo que intenta en los meses siguientes es confesar. Vender todo lo que pueda para pagar lo que debe y pasar de página. Ella reconoce que se equivocó. Frente a eso, tenemos a altos cargos que, teniendo todas las pruebas en su contra, a día de hoy te siguen diciendo que son inocentes.

-Renedo amenazó en varias ocasiones con tirar de la manta. ¿Tenía más cosas que contar?

-Si las tenía no las ha utilizado.

-¿Y Otero?

-Tengo la sensación de que sí, pero como otros, no encontró os estímulos para cantar. No todo ha salido a la luz y aunque este libro pueda desvelar muchas incógnitas, sigue habiendo mucho 'señor X' en este caso.

-Cuente, cuente...

-Uno de los condenados tiene escritas entre cuarenta y cincuenta páginas. Quien las ha leído dice que es una confesión de todos con los que trató y que contienen pruebas que incriminan a algún político.

-¿Con intención de usarlas?

-Lo que vayan a hacer dependerá mucho de sus sensaciones en los próximos meses. Son personas expuestas a pasar muchos años en prisión, sin los suyos, y eso es muy duro.

-Fueron los superiores de Marta Renedo los que supuestamente la descubrieron y denunciaron. Ninguno de ellos sigue en política pese a que, según el PSOE, fueron un ejemplo de buen hacer. Llama la atención.

-La versión oficial del partido es la que dio el exconsejero Ramón Quirós en la Junta: que cuando hay una Marta Renedo, hay una Ana Rosa Migoya que la descubre y la denuncia. Sin embargo, a Migoya su propio partido la excluye, cae en el ostracismo, cuando no solo destituye a Renedo sino que antes de irse hace un gesto que no se ha vuelto a ver en el Principado: encarga un estudio de los daños que ha causado esa funcionaria en sus departamentos. Si alguien hubiera hecho lo mismo entonces en Educación nos habríamos ahorrado esta segunda investigación que hay ahora abierta.

-Pero sí se hizo años después...

-En el verano de 2015, y solo se comprueban las facturas de los últimos dieciocho meses de Riopedre y Otero y se llega a la conclusión de que puede existir ahí más de cuatro millones de agujero. En esa consejería estuvieron siete años y antes de ellos, otra gente. Porque lo curioso es que muchos funcionarios tenían entonces la impresión de que Riopedre y Otero estaban limpiando, que en épocas anteriores todavía había unos niveles de conchabeo mayor .

-¿Tras el 'caso Renedo' se ha aprendido la lección?

-Se han mejorado muchísimo los controles. La administración de ahora no tiene nada que ver con la de 2010. Entonces había mucho dinero y mucha confianza porque nunca había pasado nada, circunstancias que ahora no se dan. Pero seguimos teniendo un problema, por ejemplo, en la selección de personal. Hay directivos elegidos por cuestiones políticas que por eso mismo carecen de facultades para controlar a sus subordinados.

-¿Se recuperará el dinero?

-Han hecho falta siete años y siete meses para llegar a una sentencia que aclara cuánto han de pagar en prisión, pero no en dinero. Este procedimiento no ha servido para ello y las posibilidades de recuperar los fondos son cada vez más remotas. La sentencia impone unas multas altísimas que quedan muy bien sobre el papel pero que no van a poder pasar de ahí.

-Pone el acento en el sistema judicial.

-La propia justicia nos ha acabado demostrando los fallos de su sistema. No es razonable que una persona pase siete años imputada para después acabar absuelta. Ni que en la fase de investigación, habiendo indicios que apuntaban a otros nombres, no se investigara sobre ellos. Ahí tenemos también un problema.

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