Más de un siglo de propuestas para subir a Los Lagos en tren

Una de las primeras iniciativas proponía reutilizar los raíles que quedaron tras el cierre de las minas de Buferrera

Más de un siglo de propuestas para subir a Los Lagos en tren
L. CASTROCANGAS DE ONÍS

La idea de construir un tren cremallera que una Covadonga con los Lagos del Parque Nacional lleva décadas cocinándose a fuego lento. De hecho, la primera vez que unos raíles atravesaron el corazón de los Picos de Europa fue en 1905, cuando se inauguró una red ferroviara de vía estrecha y una serie de planos inclinados para transportar los materiales de las minas de Buferrera, Campo de La Tiese y Joya Rabiosu. Se trataba de un tranvía aéreo con un recorrido de siete kilómetros que discurría entre el lavadero de la Vega de Comeya hasta el puente de Repelao, al pie de la Basílica de Covadonga.

Sin embargo, previamente a la inauguración de esta infraestructura ya comenzaron a sucederse distintas propuestas para erigir un tren cremallera que permitiese el transporte no solo de mercancías, sino también de personas. Uno de esas incipientes iniciativas fue propuesta por el ingeniero Eugenio Ribera en 1899, primer gran constructor moderno de obras públicas del país. Basó su proyecto en la creación de un tranvía de vapor que uniese Torrelavega e Infiesto y que incluía a su vez un ramal a Covadonga desde Arriondas. Una idea que retomaría en 1902 la Sociedad del Tranvía de Arriondas a Covadonga reproduciendo fielmente el trazado diseñado por Ribera. La compañía de Ferrocarriles Económicos de Asturias adquirió la concesión del proyecto al año siguiente y el servicio se puso en marcha en la primavera de 1908 uniendo la villa de Parres con El Repelao. Durante el primer año, se transportaron a unos 100.000 viajeros y más de 37.000 toneladas de mercancías.

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Ya en la década de los veinte se planteó la posibilidad de electrificar la línea con un nuevo proyecto promovido por Antero S. Corona que comprendía además una subida en funicular desde Covadonga hasta la Cruz de Prieta, extendiendo el ferrocarril hasta debajo de la explanda de la Basílica con una línea subterránea. Sin embargo, la iniciativa no logró salir adelante y con el cierre de las minas de Buferrera en 1932, se puso fin también al servicio ferrroviario entre Arriondas y el Santuario, tras perder la subvención estatal que lo financiaba.

El proyecto del tren cremallera en la zona de Covadonga cae en el olvido hasta el año 1998, cuando el Principado, con Sergio Marqués (PP) al frente, impulsa su construcción para unir la zona del Repelao con los Lagos del Parque Nacional. La Consejería de Fomento, dirigida entonces por Juan José Tielve, plantea una inversión que superaba los 2.300 millones de pesetas, mil más que el funicular a Bulnes, para el trazado ferroviario inspirado en el modelo de los Alpes suizos. La iniciativa contemplaba un recorrido de 10 kilómetros que partiría desde El Repelao hasta las inmediaciones del lago Enol a 1.060 metros de altitud. Las obras tendrían un plazo de ejecución de entre dos y tres años y una vez que el servicio se pusiera en marcha, la circulación por la carretera a los Lagos quedaría completamente prohibida a los vehículos particulares a excepción de ganaderos y propietarios del espacio protegido. Precisamente uno de los aspectos que destacaban los impulsores de este proyecto es que reduciría a la mitad la contaminación por persona al limitarse de forma notable las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

El anteproyecto presentado por Tielve suscitó la oposición del Partido Socialista, Izquierda Unida, colectivos ecologistas e, incluso, el entonces abad de Covadonga, Antonio Díaz González. La en aquel momento exconsejera de Medio Ambiente, María Luisa Carcedo, defendió en 1998 la catalogación del parque como espacio protegido y aseguró que «el marqués de Villaviciosa no quería que ocurriera lo mismo que estaba pasando en Suiza y por eso optó por protegerlo. Es una infraestructura que en absoluto se justifica y que nada tiene que ver con un aprovechamiento sostenido del paraje ni con la conservación del mismo».

Aún más contundente se mostró entonces Gaspar Llamazares, coordinador general de IU, quien calificó la iniciativa como «un ataque salvaje a los Picos que no tiene otra razón que la explotación turística». Asimismo, Antonio Díaz González, abad de Covadonga en aquella época, tachó de «ridículo» el proyecto que ahora, veinte años después, el Partido Popular ha recuperado en una propuesta no de ley que fue aprobada el pasado viernes por la Junta.

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