«Fue un tiroteo de película»

Varios clientes, a las puertas de la sucursal. / NEL ACEBAL
Varios clientes, a las puertas de la sucursal. / NEL ACEBAL

Agujeros de bala en fachadas, escaparates y vehículos, la marca de un día «terrible» | Los vecinos tratan de recuperar la normalidad tras ser testigos de un atraco con rehenes

LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

Día de Todos los Santos en la capital canguesa. Como cualquier otro festivo, muchas de las tiendas y establecimientos hosteleros de la avenida de Covadonga permanecían abiertos y llenos de actividad. Sin embargo, bastaba con acercarse a uno de estos negocios para comprobar que la de ayer no fue una jornada como otra cualquiera, pues no había cangués o visitante que no hablase del intento de atraco que el martes se saldó con un asaltante muerto (se suicidó) y el otro detenido, además de un guardia civil herido. Prueba de que la tensión vivida flotaba todavía en el ambiente fue cómo al paso de una ambulancia con la sirena en marcha todas las miradas se dirigieron, instintivamente, hacia la sucursal bancaria asaltada, en la que uno de los atracadores mantuvo retenidos a tres rehenes durante más de tres horas, antes de liberarlos y pegarse un tiro en la cabeza.

Empeñados en recuperar la normalidad, los cangueses regresaban ayer a sus quehaceres diarios y eran muchos quienes se acercaban hasta el cajero de la oficina asaltada para sacar dinero. Una vez en el lugar, raro era el que no contemplaba los agujeros dejados por las balas, vestigios de lo acontecido el día anterior. «Todavía estoy impactada, no me puedo creer que Cangas de Onís, donde nunca pasa nada de esta magnitud, haya sido escenario de un atraco con tiroteo y rehenes incluidos», apuntaba Conchi Rivero, de Amieva, a quien el martes le fue imposible acceder al centro de Cangas de Onís a causa del dispositivo de seguridad.

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Las huellas del tiroteo también permanecían en la ferretería Enrique Laria, ubicada frente a la sucursal y cuyo escaparate fue alcanzado por una bala. Una de sus empleadas recordaba ayer cómo ella y su compañera lograron alejarse del lugar momentos antes de que uno de los atracadores abriese fuego. «En cuanto vimos venir a una vecina con cara de preocupación y diciendo que nos fuésemos, no lo dudamos», indicó.

«Me libré por los pelos»

Porque el del martes fue, según aseveró José Luis Aranda, «un tiroteo de película. La mañana entera lo fue», agregó. Este cangués a punto estuvo de ser una de las víctimas, pues como él mismo señaló, se disponía a realizar una gestión en la oficina asaltada cuando se paró a hablar con un amigo. «Si no me llega a parar me hubiese pillado todo el jaleo en la puerta o incluso dentro del banco», manifestó. Junto a él, José Luis Niembro 'El Rubio', propietario de una carnicería, señalaba el agujero que una bala hizo en la furgoneta que acababa de estacionar. «Me acababa de bajar y estaba entrando en el negocio cuando comenzó el tiroteo. Me libré por los pelos».

En la confitería La Golosa tampoco había otro tema de conversación. «Vino mucha gente a comprobar que estábamos bien, porque fue terrible», reconocía Inés de Diego, propietaria del establecimiento. Contaba cómo presenció desde su escaparate parte del tiroteo hasta que se vio obligada a retirarse: «De pronto sentí cómo un proyectil alcanzaba la fachada y me metí inmediatamente para adentro». Señaló también que la directora de la sucursal se encontraba en el momento del atraco en su local, cuando varios vecinos le advirtieron de que había guardias civiles corriendo hacia la entidad. «Ella trató de acercarse para comprobar que sus compañeras se encontraban bien, pero no se lo permitieron», apuntó.

Y si el sonido de las balas persistía ayer como un eco en la mente de quienes presenciaron el suceso, lo que Isaac Martínez no olvidará «jamás» será «el silencio absoluto que se produjo tras los disparos». «Nunca sentí nada igual en Cangas», aseveró.

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