Tomasín sale de la cárcel: «Tengo ganas de volver al monte»

Tomasín, a su salida de prisión./Arienza
Tomasín, a su salida de prisión. / Arienza

El hombre que mató de dos disparos a su hermano en un paraje de La Llaneza ha cumplido condena y ahora busca «disfrutar de la libertad y encontrar un trabajo»

Ramón Muñiz
RAMÓN MUÑIZGijón

Afeitado y con una bolsa repleta de ropa a sus espaldas. Tomás Rodríguez Villar 'Tomasín', el hombre que de dos disparos quitó la vida a su hermano Manuel en un paraje de La Llaneza (Tineo), salía de la prisión de Asturias poco antes de que las agujas del reloj marcasen las 10. Y lo hacía dispuesto a inciar una nueva vida tras las rejas: «Tengo ganas de volver al monte y dar un paseo». Ahí será donde pasará sus primeras horas en libertad.

En los cinco años que Tomasín permaneció encarcelado no solicitó ni un solo permiso penitenciario porque «tenía un buen trabajo que me gustaba, en el que cuidaba del jardín y de los bonsáis». Además, ha agradecido el trato recibido por parte del personal de la prisión y el objetivo que se fija ahora es «disfrutar de la libertad y conseguir un trabajo». Además, asegura que pronto irá a visitar a sus familiares.

El viaje a la cárcel lo inició sin saberlo en septiembre de 2011. Estaba en la cabaña en la que habitaba desde hace diez años, a prudente distancia de La Llaneza. Los testigos confirmaron que la relación entre ambos fue siempre difícil.

«Camadas de palos»

«Manuel era muy dominante y lo que él mandaba tenían que hacerlo todos, si no, había problemas», relató la mujer de un primo. La madre de ambos le habría confesado, tiempo atrás, que el hermano mayor «le pegaba camadas de palos a Tomasín» y que le dejaba «sangrando por la boca».

Cada golpe sobre el futuro fratricida le hacía más retraído. "Para él relacionarse con los demás supone un auténtico tormento", describieron los médicos forenses. En 1996, a sus 26 años, un facultativo del centro de salud incorporó a su historial un diagnóstico clínico de fobia social. Él, empero, no era de pastillas y terapia. Prefería bajar a Tineo, acodarse en un rincón del bar o la fiesta de turno, y echarse unos tragos que ahoguen la timidez. Eso, y la convivencia con sus animales.

El día de autos, decimos, está en la cabaña, un chamizo de 35 metros cuadrados de piedra y maderos, en el que duerme con un caballo y un perro, excrementos, un bote de Cola Cao en el que esconde los 34.000 euros de la venta de ganado. Manuel enfila el lugar y comienza a aporrear la puerta. "Vino gritándome y diciendo que me iba a meter la cabeza en el caldero de dar de beber a las vacas", aseguraba Tomasín en su declaración.

La sentencia detalla cómo Tomasín, «atemorizado, temiendo por su vida, en una actitud puramente defensiva, cogió la carabina de aire comprimido marca Cometa que había transformado previamente» y «a través de uno de los huecos existentes entre las tablas de madera de la puerta de entrada, le disparó sin ocasionarle lesión alguna».

Manuel se enrabieta, sangra, jura que se las hará pagar. Llega a arrancar uno de los tablones de la puerta y en ese momento «Tomás, fuera de sí, aterrado por creer que su atacante era indemne, en el momento en el que su hermano estaba a punto de lograr forzar la puerta, volvió a cargar la escopeta», detalla el auto. A la "perdigonera" la carga con un alambre y una posta y dispara. El proyectil acierta en toda la cabeza. Manuel se arrodilla, cae.

Los agentes lo encontrarán, tiempo después, muerto. Ven "muchos gusanos que le tapaban la cara y el pelo, donde tenía la sangre", describen. La autopsia revela que la causa del fallecimiento fue un shock hipovolémico. Se produce cuando el cuerpo se está desangrando tanto que el corazón es ya incapaz de seguir bombeando riego suficiente.

Operación Atlasierra

Al principio Tomasín no le cree. Aprovecha la caída de su hermano para huir a un arbusto próximo. Desde ahí lo observa y juzga que está fingiendo para darle caza. Se asusta. Echa a correr por los bosques donde de crío jugaba a esconderse. Hay castañas, nueces, avellanas, peras, rincones en los que apañar un lecho. En la naturaleza siempre encontró refugio. La "Operación Atlasierra" pondrá tras él a 40 agentes, helicópteros, hombres apostados bajo la lluvia, quietos, esperando un movimiento imprudente. Durante 57 días el de La Llaneza les dará esquinazo. Tiene depósitos repartidos por la zona, sabe camuflarse. Un día se acerca a La Espina, compra víveres y vuelve a sus bosques en taxi. El juego del ratón y el gato termina donde empezó. Le prendieron escasos metros del lugar del crimen.

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