Los transportistas consideran «peligroso» el tramo en el que murió el camionero gijonés

La retroexcavadora saca del viaducto los restos del camión.
La retroexcavadora saca del viaducto los restos del camión. / CALAMBOR

«Últimamente están ardiendo vehículos con mucha facilidad, espero que se investigue», dicen. Magadán llevaba dos meses haciendo la ruta

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

El tramo de la autovía del Cantábrico (A-8) en el que encontró la muerte el transportista gijonés Manuel Magadán es de cuidado. «Empiezas la bajada con una semicurva a la izquierda, luego vas recto, lo que invita a aumentar la velocidad pero como te despistes, el giro a la derecha te sorprende y corregir la maniobra es muy difícil», describe Alejandro Monjardín, presidente de la cooperativa Cesintra. «Es peligroso; en la bajada suele haber mucha circulación y si además llovía el riesgo es más elevado», confirma Ovidio de la Roza, presidente de la patronal Asetra.

El lugar tiene un tráfico de entre 44.000 y 49.000 vehículos, congestión similar en Asturias a la que presenta el tramo Gijón-Serín de la 'Y'. Según el último anuario de accidentes del Ministerio de Fomento, en los siete kilómetros más próximos se lamentaron 111 accidentes con víctimas al cabo de cinco años, con tres muertos. En alguna curva el índice de peligrosidad (esto es, el cociente que calcula las probabilidades de sufrir un siniestro) triplica al habitual de las autovías estatales.

La deriva obligó a la Dirección General de Tráfico (DGT) a tomar medidas en abril del pasado año. Rebajó la velocidad máxima permitida, de 100 a 80 kilómetros por hora, y reforzó la cautela con dos radares. Según la información que entonces suministró, en los tres meses antes de la medida contó 73 accidentes con o sin víctimas y en el trimestre siguiente el balance se redujo a 17.

Magadán sabía de ese riesgo. Pasó 32 de sus 53 años al volante, hizo esa ruta cientos de veces. «La conocía como la palma de su mano, de hecho llevaba dos meses seguidos llevándola», indica Oliverio Fernández, compañero de Transportes Faro, del Grupo Fruasa. El trabajo consistía en viajar a Lérida cargado de cajas de madera y regresar con un flete de fruta. En esta época del año tocan frutos de hueso, tipo melocotones.

Tras dejar Gijón, como tenía previsto, el profesional encontró la desgracia en al viaducto de Ontón, cerca de la divisoria entre Cantabria y el País Vasco. Impactó violentamente contra las barreras, empezó a sufrir un incendio y terminó con parte de la cabina precipitándose viaducto abajo, más de veinte metros. De aclarar las causas del siniestro se encarga el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Castro Urdiales, con los atestados de la Guardia Civil. «Manejan varias hipótesis, pero hay que seguir trabajando», explicaron fuentes de la Delegación del Gobierno.

Al cuerpo se le practicó ayer la autopsia y posteriormente fue trasladado al tanatorio gijonés Jardines de Noega, donde hoy al mediodía se celebrará un acto de despedida. Deja mujer y dos hijos.

La desgracia tiene consternada a la plantilla. «Aquí todos son muy profesionales, pero él era el que más, el chófer de confianza de la empresa», lamenta Fernández. «Siempre es doloroso algo así, pero es que esta vez la cosa fue a dar con el más apreciado de todos; perdemos un gran profesional y una enorme persona», reconoce.

Es el tercer gran accidente de un transportista asturiano en apenas ocho días. El día 23 el incendio de un camión que llevaba chapa y hierro cortó casi una hora una calzada de la 'Y'. El miércoles pasado el vuelco de un vehículo de Emulsa colapsó cinco horas la ronda de Gijón. El siniestro de Magadán suspendió el tráfico 25 horas. En la tarde de ayer se pudo reabrir la A-8, después de que una pala retroexcavadora tirara fuera del puente los restos del camión y los operarios repusieran las barreras.

«Es una mala racha; es verdad que con la crisis envejeció el parque, y de una edad media en cabezas tractoras de cinco años pasamos a diez, pero en el bienio 2016-2017 se están renovando y hemos bajado a ocho años de media», apunta De la Roza. Transportes Faro, recalca, «es de los que más cuidan este aspecto».

Lo que extraña a este profesional es que en Ontón el vehículo ardiera. «No es fácil que un camión prenda; quizás al chocar contra la barrera las chispas alcanzaron el depósito, pero habrá que ver lo que dice la Guardia Civil», anota. «Últimamente están ardiendo con demasiada facilidad los vehículos; nosotros hacemos cursos, invertimos en mantenimiento, pero su la máquina se incendia tienes poca salida; espero que se investigue bien esto», insta Monjardín.

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