Tras el rastro de 35.000 virus

Las instalaciones de la Unidad de Virología del HUCA, de referencia nacional, juegan un papel clave a la hora de diagnosticar y hacer seguimiento de decenas de infecciones

María José Ferrero, José Antonio Boga, Álvaro Leal, Carmen González-Nieto, Isabel Cuevas, Marta Álvarez-Argüelles, Santiago Melón (responsable de la unidad), Lucía Sanjurjo, Concepción Medina, Zulema Pérez-Martínez, Miriam Gómez-Novo, Sara González-Rodríguez y Susana Rojo, en el laboratorio de Virología del HUCA./Mario Rojas
María José Ferrero, José Antonio Boga, Álvaro Leal, Carmen González-Nieto, Isabel Cuevas, Marta Álvarez-Argüelles, Santiago Melón (responsable de la unidad), Lucía Sanjurjo, Concepción Medina, Zulema Pérez-Martínez, Miriam Gómez-Novo, Sara González-Rodríguez y Susana Rojo, en el laboratorio de Virología del HUCA. / Mario Rojas
ÓSCAR PANDIELLO

Por sus manos pasan los culpables de que, cada año, miles de asturianos caigan postrados en la cama teniendo que dejar a un lado sus labores diarias. Sobre todo este invierno, que ha coincidido con la epidemia de gripe más problemática registrada en la última década. Echando cuentas, Santiago Melón calcula que la unidad de Virología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)estudia anualmente más de 35.000 muestras. «Aunque no todo es gripe. La gente piensa que es el único virus que afecta en estas fechas y lo cierto es que hay de ocho a diez tipos de infecciones respiratorias diferentes», suscribe el responsable del laboratorio, uno de los más punteros a nivel nacional en relación a sus medios técnicos y el número de muestras analizadas. EL COMERCIO visitó sus instalaciones para conocer el trabajo diario de estos profesionales, capaces de catalogar virus y cepas de lo más variopintos.

A la hora de acotar el trabajo que realizan en el laboratorio, situado en las entrañas del Área de Hospitalización (el edificio más alto de La Cadellada), Melón es conciso: «Hacemos diagnóstico y seguimiento. Es decir, miramos las muestras que nos mandan y las tratamos en busca del bicho», explica coloquialmente. A través de sus pruebas pueden encontrar el VIH, hepatitis, papiloma humano, gripe, rinovirus, varicela o gastroenteritis, entre otras. A mayor conocimiento de las características del virus, añade, «mejor diagnóstico y posterior tratamiento» podrán recibir los pacientes.

A raíz de esta notable capacidad de análisis –el paciente puede conocer en menos de 24 horas el virus que porta y su variedad concreta– el laboratorio del HUCA ejerce en muchas ocasiones como ‘vigía’ del resto de unidades del país. «Al procesar tantas muestras seguramente seamos de los primeros en dar la alerta de lo que está llegando en las temporadas más conflictivas. Y además, lo hacemos a un precio razonable», añade Melón. Así, mientras en algunos centros privados cobran «unos 150 euros por análisis de muestra», en el HUCA se realiza por «10 ó 15 euros». «Y todo con protocolos desarrollados en nuestros laboratorios», asevera.

Con el análisis histórico de muestras, desde el laboratorio ya han secuenciado los virus estacionales (catarros, bronquitis, gripes, etcétera) que, todos los años, empiezan a afectar a la población de Asturias con mayor virulencia desde septiembre u octubre. «Lo primero que hay que pensar es que hay infecciones respiratorias durante todo el año. Cuando la gente empieza a decir en octubre que ya empieza la gripe no es cierto. Sí que es verdad que estos dos últimos años se ha adelantado un poco, pero normalmente los casos comienzan a notarse en diciembre. Antes suele aparecer el rinovirus y, después, el virus sincitial respiratorio (VSR), que tiene mucha incidencia en niños», sintetiza Melón.

Aporte de antibióticos

Uno de los objetivos básicos de la unidad, detalla este profesional, pasa por tratar de evitar la medicación innecesaria del paciente. En muchas ocasiones, se dispensan antibióticos y demás medicamentos de corte agresivo sin saber a ciencia cierta la patología. Así, en caso de tratarse de una enfermedad vírica, el tratamiento con antibióticos solo redundaría en la mala salud del enfermo. «Tratar bien al paciente no es solo darle una pastilla, sino incluso ver que no la necesita. Y en eso ayudamos nosotros, a saber bien lo que se tiene», razona.

En este sentido, también entiende que el papel del médico clínico es difícil a la hora de no recetar antibióticos ante la posibilidad de que sea un virus. «Después claro, te vienen pacientes con fibrosos quística, con neumonías... Entiendo que es difícil jugársela y decir: ‘Es virus y no le doy nada’. Muchos pediatras ya están empezando a hacerlo y así evitan ingresos innecesarios», explica. El servicio de Microbiología también cuenta con máquinas de diagnóstico rápido que permiten saber en 20 minutos si el paciente tiene gripe. En estas últimas semanas, con las urgencias colapsadas, estas pruebas fueron de especial utilidad, «aunque no sean tan sensibles».

Para casos más comprometidos, dentro del laboratorio tienen habilitada una zona para los cultivos. Allí dejan una media de 15 días el virus y, después, se analiza su expansión. «Haciendo balance de todas las muestras que nos llegan podemos concluir que conseguimos diagnosticar el 70%», concluye.

Después de más de 30 años de experiencia en el mundo de los virus, Melón sostiene que «están más extendidos en la comunidad de lo que pensamos». Hasta ahora, sin embargo, eran muy difíciles de diagnosticar y no tenían tratamiento. Hoy, acertar con estos microscópicos destructores de células es mucho más fácil.

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