«El trato que nos dieron fue denigrante»

Los padres de Claudia Rodrigo acudieron a recibirla al aeropuerto después del periplo que vivió desde Río de Janeiro./AURELIO FLÓREZ
Los padres de Claudia Rodrigo acudieron a recibirla al aeropuerto después del periplo que vivió desde Río de Janeiro. / AURELIO FLÓREZ

El último grupo de pasajeros llegó a Asturias a las siete y media de la tarde, tras 27 horas de auténtica odisea | Los viajeros afectados por el vuelo de Lisboa desviado el viernes reclamarán ante la aerolínea lusa

MARCO MENÉNDEZ - EVA VÉLEZGIJÓN.

Los alrededor de 70 viajeros que esperaban aterrizar anteayer en el aeropuerto de Asturias, procedentes de Lisboa, tardarán en olvidar lo que les ocurrió. La niebla impidió que el avión tomara tierra en Santiago del Monte, por lo que fue desviado a Oporto, sin mayores explicaciones al pasaje. Y allí comenzó su odisea. «Nos tuvieron más de dos horas en la pista, dentro de la nave. Por más que preguntábamos si nos iban a llevar a Lisboa o había otro plan alternativo, el silencio era la respuesta», explica Pablo Martín, presidente de Izertis y uno de los afectados.

El caso es que el auxiliar de cabina «se puso muy bravo con nosotros», apunta Claudia Rodrigo, que volvía a Asturias desde Río de Janeiro (Brasil), tras siete meses en el país carioca. «Lo peor no fue que el avión tuviera que volver, sino la pésima manera en que nos trataron».

La situación en Oporto se caldeó. Un grupo de viajeros se bajó del avión ya que la empresa para la que trabajaban les puso un coche a su disposición. El resto se tuvo que quedar en la aeronave, sin aire acondicionado. «Había mucho calor y había tres o cuatro niños. Tras insistir mucho, nos dieron medio vasito de agua. La gente se puso nerviosa y empezó a protestar», explica Claudia. Eso hizo que cinco policías subieran al avión «en tono marcadamente amenazante y yo diría que hasta 'mafioso'», apunta Martín. Es más, incide en el trato «maleducado, denigrante y vejatorio de la compañía TAP. Esto no es digno de ocurrir ni en el Congo». El caso es que los agentes salieron del avión a la espera de que llegara un 'supervisor', «pero no vino nadie a darnos explicaciones».

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Tras unas horas en Oporto, sin dar ninguna solución a los pasajeros, «apagaron las luces del avión y despegó con destino a Lisboa. En todo ese tiempo, no supimos nada del capitán. Llegamos a Lisboa sin saber qué iba a pasar, por lo que amenazamos con contarlo todo a la prensa». Fue entonces cuando la aerolínea tomó una decisión, pero era ya la medianoche. «Nos pusieron un autobús y nos llevaron a un hotel de cuatro estrellas, un Marriot cerca del aeropuerto de Lisboa», señala Claudia Rodrigo.

En la mañana de este sábado, la compañía fue recolocando a los afectados. Un grupo salió a las cinco de la mañana con destino a Madrid, para enlazar con Asturias. Dos horas después otro grupo hizo lo mismo. Pero tanto Pablo Martín como Claudia Rodrigo y otra decena de personas fueron derivados a Londres para llegar a Asturias a las siete y media de la tarde, es decir, después de 27 horas que de despegaran por primera vez de Lisboa.

«Fue como una película de Berlanga, pero de las malas», reflexiona Martín, mientras que Claudia apunta que «hubo gente que ya puso reclamaciones. Yo aún no, pero la voy a hacer. No es porque el avión no pudiera aterrizar por la niebla, que es algo que todos comprendemos, sino por la manera en que nos trataron, que fue pésima».

Y es que esta joven pasajera sufrió el problema añadido, ya que tuvo que dejar en Lisboa parte de su equipaje por exceso de peso; la compañía no le permitió proseguir viaje con el que había salido de Río de Janeiro. La compañía, TAP, relata, también le había cancelado «sin avisar» el vuelo de ida a Brasil.

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