La Universidad «hace justicia» con Ruiz de la Peña

José Antonio Gómez, decano de Filosofía y Letras; el rector, Santiago García Granda; Soledad Beltrán, profesora de Historia Medieval; José Ángel García de Cortázar, catedrático emérito de la Universidad de Cantabria; y Miguel Calleja, director del Departamento de Historia. /  H. A.
José Antonio Gómez, decano de Filosofía y Letras; el rector, Santiago García Granda; Soledad Beltrán, profesora de Historia Medieval; José Ángel García de Cortázar, catedrático emérito de la Universidad de Cantabria; y Miguel Calleja, director del Departamento de Historia. / H. A.

LAURA MAYORDOMO OVIEDO.

Nueve meses después del fallecimiento de Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar, la Universidad de Oviedo le hizo ayer justicia. Tenía la institución académica una deuda pendiente con el catedrático de Historia Medieval y exvicerrector, con quien «no estuvo a la altura cuando debió estarlo, en vida», aseguró el rector tras declararse «un admirador más de su trayectoria» y «sinceramente orgulloso de la impronta que deja su vida y obra». Minutos después de pronunciar estas palabras, en un abarrotado salón de actos del edificio de Administración del Campus del Milán, el propio Santiago García Granda se encargaba, junto al decano de la Facultad de Filosofía y Letras, José Antonio Gómez, de descubrir la placa que desde ayer da su nombre al aula 20 del Aulario A. La misma en la que la segunda de sus tres hijas -presentes junto a su madre Isabel en el homenaje de ayer- y la única que siguió sus pasos en la docencia, como profesora de Historia del Arte, dará clase la semana que viene.

Fue el de ayer un homenaje cargado de emoción, con palabras sinceras de reconocimiento al «investigador riguroso y divulgador apasionado», en el que se repasaron los logros académicos del que, entre 2008 y 2013, fue también director del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea). Un acto en el que se desvelaron curiosas anécdotas. Como que, después de matricularse en Derecho, por no contrariar a su padre, Ruiz de la Peña se pagaba las clases de las asignaturas de la Facultad de Filosofía y Letras con las matrículas de honor que obtenía en aquella carrera en la que también se doctoró.

El actual decano de Filosofía y Letras, José Antonio Gómez, habló de su estrecha relación con quien primero fue «el profesor De la Peña» y más tarde «Nacho», amigo y compañero con quien solía compartir charlas sobre folclore musical, «que era lo que a él le fascinaba». De Ruiz de la Peña, destacó, «nos queda su obra y, para quienes tuvimos el honor de conocerle, su sonrisa su elegancia y su amor por Asturias».

El director del departamento de Historia, Miguel Calleja, le adjudicó el mérito de haber sido «testigo y agente», en sus 47 años de dedicación académica, de la que fue la mayor transformación de la Universidad y de la renovación de los estudios históricos. «Ejemplo de rigor y trabajo para los que poblamos estas aulas y despachos» es el suyo un legado «muy perdurable».

En primera fila, siguiendo emocionadas las intervenciones, se encontraban su viuda, Isabel, y sus hijas. Entre el público, el exrector Juan Vázquez, el catedrático de Derecho Administrativo y presidente de la Real Academia Asturiana de Jurisprudencia, Leopoldo Tolivar, y numerosos alumnos y discípulos llegados de León, Murcia y Sevilla.

El catedrático emérito de la Universidad de Cantabria José Ángel García de Cortázar, a quien le unían a Juan Ignacio Ruiz de la Peña cuatro décadas de amistad «edificada en torno a un mismo oficio y en torno a nuestra afinidad de caracteres», evocó la figura de quien, como él y otros destacados historiadores, integró lo que se dio en llamar 'la generación de Estella', «algo así como medievalistas sin fronteras», bromeó el también doctor honoris causa por la Universidad de Bilbao.

«A sus discípulos toca ahora, en vuestro quehacer profesional, en vuestros hallazgos e interpretaciones históricas, ir más lejos que él. Os toca procurar que se cumpla en vosotros la vieja constatación de que somos enanos a hombros de gigantes y que si nuestra vista resulta más aguda es precisamente porque ellos nos alzan sobre su estatura gigantesca. ¡Hasta siempre, gigante Nacho!», instó García de Cortázar.

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