Los asturianos del CERN

La Organización Europea para la Investigación Nuclear se nutre de ingenieros, físicos e informáticos de la región que trabajan en la excelencia científica

Cristina Tuero
CRISTINA TUEROGijón

Busca la excelencia, un talento moldeable capaz de evolucionar al vertiginoso ritmo de la ciencia. Necesita gente joven, formada, multidisciplinar, que pueda desenvolverse con soltura en diferentes proyectos y que tenga una profunda motivación en la consecución de los objetivos investigadores de la institución. Es la Organización Europea para la Investigación Nuclear, popularmente conocida como CERN, una pequeña gran metrópoli franco-suiza, ubicada en Ginebra, que anualmente mueve a más de once mil personas de unas 185 nacionalidades distintas. El CERN, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2013, tiene 21 países miembros, entre ellos España, que colaboran en su financiación.

Asturias es una de las regiones que aporta su granito de arena al septuagenario organismo internacional. Y lo hace, precisamente, facilitando ese talento científico logrado, principalmente, en las aulas de la Universidad de Oviedo. Es la única de España que cuenta con un convenio con la institución, suscrito en 2007 (aunque la antigua Escuela de Ingenieros de Gijón ya enviaba titulados a Ginebra desde 2004), y que ya ha beneficiado a unos 80 egresados. Principalmente, físicos e ingenieros industriales, informáticos y de telecomunicación. Se van con becas con carácter plurianual (hasta un máximo de tres años) con el objetivo de complementar su formación académica. Lo que supone una primera experiencia profesional se puede llegar a convertir en una trayectoria laboral asentada, en unas ocasiones, o en un trampolín hacia otras empresas o centros, en otras.

El grupo AIS (Administrative Information Systems) está formado por 50 ingenieros de hasta 14 nacionalidades distintas. Su tarea es proporcionar al CERN un conjunto de sistemas de información fiables y coherentes para la gestión de la administración. Fue el grupo ‘responsable’ del convenio con la Universidad de Oviedo. En la imagen, los asturianos del grupo: por la izquierda, Benedicto Fernández, Luis Rodera, Lino Vázquez, Eloy Reguero, Manuel Álvarez, Alberto Lorenzo, David Díaz y Daniel García.

EL COMERCIO ha hablado con una nutrida representación de este vivero asturiano en el CERN. La llave del reportaje han sido dos personas que trabajan desde hace tiempo como enlaces entre la Universidad de Oviedo y la organización europea. Por la parte institucional, el nombre clave es Víctor González, ingeniero informático y subdirector de Internacionalización de la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI) de Gijón. Se trata del gran promotor del convenio que permitió estrechar lazos y que surgió fruto de su amistad «de instituto» con Isabel Fernández, una sierense de 45 años, casada y con dos hijas, que llegó al CERN a mediados de los años 90 para hacer su proyecto fin de carrera y allí permanece como ‘staff’ –personal de plantilla– permanente. Entre ambos lograron emular, hace más de ocho años, el acuerdo que ya mantenían otras universidades europeas con la meca investigadora clave para explicar el origen del Universo.

La otra pata del binomio es Eloy Reguero, también ingeniero informático, que formó parte de la primera ‘camada’ de titulados que se incorporó al organismo en 2007 y que continúa en Ginebra, ya con un contrato indefinido. Reguero y González fueron los coordinadores en 2014 del primer CERN Spring Campus, que tradicionalmente se celebra en Suiza, y que reunió en Gijón a 80 estudiantes y a 12 profesores del organismo.

Lara Lloret, física gijonesa de 31 años. Tiene un contrato postdoctoral en el Laboratorio de Instrumentación y Física de Partículas en Lisboa, pero vive y trabaja en el CERN. Habla cinco idiomas

Contrato‘ Project Associate’. Primeros pasos para completar sus estudios

Los egresados de la Universidad de Oviedo que llegan a Ginebra a través del convenio lo hacen mediante este programa de becas ‘Project Associate’ (hasta un máximo de tres años). Se les ofrece, junto a la remuneración del puesto, formación en las tecnologías que tengan que emplear, cursos gratuitos de perfeccionamiento de idiomas (inglés o francés) o facilidades para conciliar la vida familiar y laboral. A cambio, piden al recién licenciado, esa fluidez en la conversación en alguno de los dos idiomas oficiales del CERN, tener unos conocimientos técnicos básicos en tecnologías concretas y «ser una persona madura y responsable». Ese perfil cumple, por ejemplo, el gijonés Ignacio Zurbano, uno de los últimos en llegar. Lo hizo en noviembre, con 24 años, y trabaja como ingeniero de integración para el proyecto HL-LHC (Gran Colisionador de Hadrones de Alta Luminosidad).

Bárbara Álvarez posa en la sala de control de ATLAS, el experimento en el que trabaja en el CERN. Ovetense, de 32 años, es Física por la Universidad de Oviedo. Tiene un contrato de investigación por 3 años

Siete meses antes lo había hecho el ovetense Jorge Flores, que se encarga del diseño, desarrollo y puesta en funcionamiento de test automático en la sección de ‘imanes normales’, y a principios de 2015, iniciaron su experiencia profesional en el CERN Alberto Lorenzo, de 23 años, la gijonesa Paula Álvarez, de 24, y Héctor García Gavela, de 34, leonés de nacimiento y gijonés de adopción.

La ovetense Isabel Pumares tiene 38 años y trabaja desde hace dos años en el CERN como consultora de Recursos Humanos para el departamento de Tecnología. Está casada y tiene dos hijos

El primero trabaja como ingeniero de software en el desarrollo de aplicaciones web para la gestión de proyectos, mientras que los dos últimos se integraron en el equipo de coordinación técnica de ese proyecto HL-LHC. ¿Y cuál es la misión del mismo? «Aumentar la luminosidad de la máquina sustancialmente para incrementar la probabilidad de que haya colisiones de partículas y, por ende, se puedan obtener más datos físicos investigadores», explica Álvarez, que actualmente simultanea su trabajo con los estudios del Máster en Ingeniería Industrial en la Politécnica.

Desde el Centro de Innovación de la Universidad de Oviedo dio el salto al organismo internacional el blimeíno Ismael Posada, que tiene entre sus tareas principales «el correcto funcionamiento del buscador del CERN, un ‘google’ a nivel interno con documentos generados aquí», así como ayudar al personal a configurar sus páginas web o crear aplicaciones. Y hasta septiembre de 2017 estará, al menos, el gijonés Pablo Fernández, un ingeniero industrial que trabaja en la sección de electrónica y control de equipos.

Paula Álvarez, gijonesa de 24 años, simultánea su trabajo en el CERN con el Máster en Ingeniería Industrial. En Ginebra trabaja en el equipo de coordinación técnica del proyecto HL-LHC

Los asturianos del CERN no solo presumen de su procedencia, sino que aprovechan cualquier oportunidad para poner en práctica la camaradería gestada, en ocasiones, en las aulas universitarias. Fiel reflejo de ello son Marcos Fermín, Luis Pigueiras y Mario Rey, estudiantes del Máster en Ingeniería Web en la Escuela de Informática de Oviedo. «Es habitual que varios antiguos compañeros de clase coincidan. Por ejemplo, aquí estamos cinco de los 25 que nos graduamos en 2013 y otros tantos de años anteriores», comenta Rey. La asturianía –natal o académica– también ‘copa’ las unidades de trabajo. En la del propio Rey, la denominada IT-CDA-WF, de las 19 personas que trabajan, ocho proceden de la Universidad de Oviedo.

Contrato‘Fellow’. El camino intermedio para llegar a personal de plantilla

Con 24 años, la avilesina Paula Ríos acaba de llegar al CERN. Esta ingeniera industrial, especializada en el diseño mecánico, confiesa estar aún adaptándose y conociendo la ciudad, pero ya tiene claro que se apuntará «a algún club de deporte del propio CERN y también a clases de idiomas».

Praviano de 26 años, Josué Rodríguez es ingeniero industrial. Investiga la utilización de la tecnología de los aceleradores lineales para aplicaciones médicas, concretamente, para la cura del cáncer

Estos clubes para la práctica deportiva son parte de la oferta general de la Organización Europea para la Investigación Nuclear. Concebida como una ‘mini urbe’, ofrece numerosos servicios: médicos, de transporte, de seguridad, un parque de bomberos, dos restaurantes, servicios de alquiler de coches y bicicletas o incluso un ‘CERN Market’, una web de anuncios para empleados «donde se compra y se vende de todo».

En el club de ski hace sus pinitos la ovetense Paula Freijedo, que llegó hace dos años a Ginebra. Ingeniera técnico de Minas en Mieres y Máster de Ingeniero Internacional de Soldadura en Gijón, trabaja en uno de los talleres principales del CERN, dedicándose, entre otras cuestiones, a «la fabricación de unas nuevas cavidades superconductoras que serán instaladas en la ampliación del gran colisionador (LHC)». La instalación de nuevos equipos en el LHC tendrá lugar durante las próximas dos grandes paradas previstas: en 2019 y en 2024.

Los gijoneses Hernán Díaz y Pablo del Castro, ambos ingenieros informáticos, llevan varios años trabajando en el centro de investigación internacional combinando contratos, primero como ‘Project Associate’ y ahora como ‘Fellow’. Del Castro se ha hecho, además, guía oficial del CERN y, en sus ratos libres y los fines de semana, realiza visitas guiadas a turistas y escolares en español, inglés, francés y portugués.

Informático también es el tinetense de nacimiento y gijonés de adopción, Manuel Malo, que llegó a la institución con 26 años. Ahora tiene 31 y está en el equipo de servicios web, un trabajo que le parece «muy interesante, ya que la web se inventó aquí mismo. Tim Berners-Lee (el creador de la web) tenía su despacho en el mismo edificio en el que trabajamos». Malo es de los habituales en las ‘quedadas’ asturianas, como cenas, excursiones o «cuando nos juntamos para sufrir por el Sporting».

«Sueño con una Asturias con más industria y mejores comunicaciones, que pueda competir a escala internacional sin perder su esencia, y a la que muchos podamos regresar para continuar nuestra carrera profesional y aportar lo que hemos aprendido en el extranjero». Son palabras de la ovetense Isabel Pumares que trabaja desde hace dos años en el CERN. Casada y con dos hijos (Pelayo y Marina), no dudó en dejar su puesto indefinido en Dupont –en cuya sede europea trabaja su marido, Lisardo Ramos– para afrontar este nuevo «reto profesional». Su puesto lo tiene en el Departamento de Tecnología, en los Aceleradores de Partículas, (unas 730 personas de más de 20 nacionalidades) como consultora de Recursos Humanos.

El avilesino Álvaro González lleva desde 2008 en el CERN y en el departamento de IT (Tecnologías de la Información) trabaja con servidores Linux como ingeniero de sistemas dando servicios para los programadores de la institución. Tiene 33 años y confiesa tener «poco tiempo para aficiones» desde que, hace ya un año, nació su hija. De algo más de tiempo dispone José Castro, gijonés de 34 años, que tiene al ski (aprendió en el club del CERN) y al baloncesto –que practica con otros asturianos– como sus válvulas de escape. Llegó en 2010 a Ginebra y empezó a trabajar en el servicio de virtualización. Poco a poco fue ganando responsabilidades y un contrato más estable, lo que le ha convertido en responsable del servicio distribuido de ficheros DFS, monitorización de servidores windows y virtualización. «Ahora me encuentro trabajando en el servicio de la nube del CERN que provee de recursos de computación tanto a los experimentos como a otros departamentos».

Suiza acaba cautivando a los asturianos que llegan por una temporada y acaban haciendo de aquel país, montañoso «y con grandes similitudes al Principado», su hogar. Es el caso de Eduardo Álvarez para quien el CERN «ha cambiado completamente mi perspectiva de vida. De no tener claro cómo iba a llevar el moverme lejos de Asturias o si encajaría en un lugar tan multicultural, a formar una familia y sentirme realmente a gusto viviendo aquí. Aunque siempre realice alguna escapada a mi región para ver a mi familia».

Es ingeniero informático, lleva en Ginebra desde hace 7 años y dirige el servicio que alberga las páginas web oficiales. Repite titulación Nacho Barrientos, gijonés, que lleva cuatro años en el departamento de Tecnologías de la Información. «Lo que hacemos es desarrollar y desplegar las herramientas para configurar los más de 21.000 servidores (físicos y virtuales) gestionados remotamente que hay en los dos centros de cálculo del CERN (Ginebra y Budapest)».

Para el langreano Manuel Álvarez, el CERN se convirtió en una oportunidad de evolucionar y poner mejor cara a la adversidad. «Visto que la crisis estaba afectando de manera importante a la empresa en la que estaba, decidí buscar fuera de España». Tras pasar el proceso de selección, entró para desarrollar software para las herramientas que se proporcionan para la gestión de proyectos, a lo que ahora suma «ayudar con los diseños y arquitecturas desde un punto de vista tecnológico e intentar tutelar a la gente con menos experiencia».

Desde el Chano de Luarca –«un pueblín de Valdés»– llegó el informático Esteban Gabancho que, al menos hasta 2019, estará en Ginebra. Su grupo se encarga del servidor de documento del CERN: «Para dar una idea rápida del tamaño del proyecto, en total en CDS hay dos millones de documentos guardados, casi 200.000 fotografías, unos 10.000 videos o 40.000 artículos de prensa. En un día normal recibimos unas 400.000 visitas».

Los sistemas de control quedan en manos del ‘teleco’ Jonás Arroyo, que se unió al organismo en 2008 alcanzando responsabilidades en los sistemas de control para la protección de los imanes standard en todo el complejo, y la protección de encendido de los imanes superconductores en el LHC.

Otras relaciones. Trabajos desde Asturias, postdoctorados...

El Grupo de Física Experimental de Altas Energías, compuesto por siete personas y que dirige Javier Cuevas, lleva más de 25 años desarrollando su actividad científica en el CERN. Primero, en el experimento DELPHI del antiguo acelerador y ahora en el experimento CMS del gran colisionador de hadrones. Por él han pasado numerosos estudiantes de doctorado que continúan vinculados la Física de Partículas y a la propia institución, con los que mantienen «un nivel de colaboración profesional que nos permite ser más activos y productivos científicamente en un proyecto tan grande como CMS, con casi 3.000 miembros», apunta Isidro González, quien añade: «Además, luchamos, en la medida que nuestro sistema científico lo permite, por que se formen y puedan en el futuro volver al grupo para aportar el conocimiento adquirido».

Por ese grupo han pasado, por ejemplo, Lara Lloret o Santiago Folgueras. La primera, física gijonesa de 31 años, fue la responsable de la primera tesis sobre la búsqueda del bosón de Higgs en España. Ahora disfruta de un contrato postdoctoral en Portugal, pero vive y trabaja en el CERN ocupándose de «buscar indicios en SuperSimetría, una teoría que, de confirmarse, podría dar respuesta a algunas de las incógnitas pendientes del Universo como el origen de la materia oscura». El ovetense Folgueras, también físico, se acaba de mudar a Suiza con un contrato postdoctoral con la Universidad de Purdue y trabaja en el experimento CMS «en la búsqueda de una nueva física más allá del modelo estándar».

Ligadas a dos universidades norteamericanas –Nebraska y Michigan State University– se encuentran las científicas Rebeca González (gijonesa de 34 años) y Bárbara Álvarez (ovetense de 32 años). Trabajan también en los experimentos CMS y ATLAS, cuya combinación de datos ha permitido avanzar en un mejor conocimiento del bosón de Higgs. Enrique Palencia, por su parte, es un físico cántabro, vinculado al Grupo de Física Experimental a través de un contrato del programa Clarín del Principado. Ha pasado por el CERN en diferentes fases en las que el análisis y la toma de datos así como las tareas de mantenimiento de los detectores han sido sus ocupaciones principales.

Otra perspectiva científica del CERN, la de la salud, la ofrece el trabajo del praviano Josué Rodríguez, de 26 años. Ingeniero industrial, está integrado en un nuevo programa del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, junto a otros 19 investigadores españoles. Él recayó en el departamento de Beams, en el grupo de Radio Frecuencia, donde su labor «está vinculada actualmente a la utilización de la tecnología de los aceleradores lineales para aplicaciones médicas. Trabajo en la realización de un banco de test con finalidad sanitaria, cuyo objetivo es realizar un dispositivo más preciso, muy compacto y menos dañino para el cuerpo humano para el tratamiento focalizado de células cancerígenas».

Todos siguen enamorados de su tierra y añoran un regreso que les permita compartir el enriquecimiento social, cultural y profesional adquirido en su éxodo. Mientras, dicen orgullosos, «está bien ver reflejado aquí, en este reportaje, el enorme potencial de nuestra región». Ellos ya están en la élite investigadora.

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