Los grados de ingeniería, los que más suspenden

El porcentaje medio de aprobados en los 56 grados impartidos en la Universidad de Oviedo en 2015/2016 fue del 74,8% y el de los másteres del 92,9%

Cristina Tuero
CRISTINA TUEROGijón

Logopedia, Medicina, Enfermería (Oviedo y Gijón) y Odontología. Son las carreras con mayores tasas de aprobado de la Universidad de Oviedo. El último Informe de Rendimiento hecho público la semana pasada por la institución académica asturiana y referido al pasado curso 2015/2016 no deja lugar a dudas: las ramas de Ciencias de la Salud encabezan el listado de aprobados. Y lo hace tanto en el de grados como en el de másteres.

El estudio establece una tasa de rendimiento global -relación porcentual entre el número de créditos superados por los estudiantes matriculados y la cifra total de los mismos- en los grados del 74,8%. Se trata de un porcentaje superior al del curso anterior, pero que se puede considerar como estable desde el curso 2013/2014, el considerado como primer año académico con los cuatro cursos de grado en funcionamiento desde la implantación de Bolonia. En esa línea se mueven todas las ramas de conocimiento, a excepción de las de Ciencias de la Salud, cuyo porcentaje medio se eleva hasta el 88,7%, disparándose hasta el 93,2% en Logopedia o el 92,9% en Enfermería.

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Desde la directora del Área de Calidad, Pilar González, señala que esa tasa éxito en las ramas sanitarias «es la tendencia general en todas las universidades españolas» y apunta a «las notas de corte y los números clausus» como una de las principales razones. El decano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, Alfonso López, es más entusiasta en el análisis de los datos. «El hecho de que existan números clausus quiere decir que tenemos alumnos muy buenos. Pero no solo eso, tenemos además grandes profesores y unos programas adaptados a la realidad, con mucha más práctica y menos teoría».

López ahonda que las tasas de rendimiento son superiores, incluso, a las previstas en sus memorias de verificación y señala, asimismo, que «no tenemos asignaturas de riesgo y tampoco tasas de abandono en Medicina. A lo mejor hay un pequeña desviación en Enfermería, pero porque la gente se promociona, deja una carrera para ir a otra mejor». En su lectura, el decano describe a una facultad exigente, situada en un nivel medio-alto a nivel nacional, y con unos alumnos totalmente vocacionales. «Se nos quejan los chavales de que se puntúa muy bajo, pero es que no levantamos la mano. Estamos entre los que más bajo calificamos de España, pero luego en el MIR nos situamos entre las cinco o seis primeras del país».

Extremo contrario

Los grados de Ingeniería son los que cierran el ranking de las tasas de rendimiento de los grados de la Universidad de Oviedo, es decir, los que más suspenden. Una excepción se cuela, en el último puesto, con la versión online del grado de Gestión y Administración Pública (56,4%). La media general de esas ramas técnicas está situada en el 63,7%, aunque baja hasta el 56,6% en el grado de Ingeniería Informática en Tecnologías de la Información o hasta el 57,7% en el de Ingeniería Electrónica Industrial y Automática.

El director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, Juan Carlos Campo, apunta a que son varios los factores que dan como resultado estas cifras. La primera, que se trata de titulaciones en las que, a nivel general, «es fácil ser admitido. Tienen una nota de corte muy baja. Lo que no quiere decir que sea una carrera fácil. Lo que es fácil es entrar». Esa selección que no se hace a la entrada, como pasa por ejemplo en los estudios sanitarios, se hace en el transcurso de la propia titulación. El ejemplo más claro está en las matemáticas. «Las ingenierías necesitan una base de matemáticas sólida que cuesta años construir y sin la cual es muy difícil el éxito. Por eso, por mucho que pueda entrar, si un estudiante llega justo en esta materia o no llega (se nos da el caso de que un 10% de los alumnos que acceden a nuestras titulaciones ni siquiera estudiaron matemáticas el curso anterior al ingreso) no culminará con éxito», apunta.

En el primer año, cifra Campo, abandona un 25%, de los que la mitad no son capaces de aprobar siquiera dos asignaturas de un total de diez. Los primeros cursos de grado acumulan, «como es lógico», más suspensos que los últimos. La proporción de los que culmina la carrera está «entre un tercio y algo menos de la mitad de los que entran». Para el director de la EPI «hay que valorar la oportunidad de que los estudiantes puedan llegar estudiar lo que les gusta. En Ciencias de la Salud esto no sucede y seguramente lleva a perder muchos posibles buenos médicos».

Y ahonda en que «esto no es una enseñanza obligatoria. Hay que tener en cuenta y asumir que en estas condiciones estadísticamente vamos a tener una proporción significativa de suspensos y hay que ser capaz de soportar la presión en contra para no devaluar las propias titulaciones». Lo que tiene claro es que el nivel con el que salen los alumnos «es muy elevado y más heterogéneo que antes porque ahora un estudiante tiene muchas oportunidades a lo largo de la carrera que son muy valoradas por las empresas, aunque no aparezcan en la nota media».

Otras inquietudes

Las cifras que presentan los másteres reflejan unas importantes tasas de éxito. La media es del 92,9%, y asciende hasta el 99,2% en el caso de Ciencias de la Salud o el 95% en el de Ciencias Sociales y Jurídicas. ¿Quiere esto decir, haciendo una lectura simple, que en los másteres aprueba todo el mundo o son más fáciles? La directora del Área de Calidad lo enfoca de otra manera: hacia el propio perfil del alumnado que accede a ellos. «Son estudiantes con otras inquietudes, con una vocación profesional más definida y, en algunos casos, son personas que compaginan su carrera académica con la primera experiencia profesional», explica.

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