La ventura de haber conocido a Juan

SANTIAGO GARCÍA GRANDA

Parafraseando una de las conclusiones a las que llegaba junto a Enrique Loredo sobre las empresas asturianas en aquel inolvidable número extra de 2001 de la Revista Asturiana de Economía, probablemente la singularidad más sobresaliente de la Universidad de Oviedo sea el carácter de sus investigadores, su identidad académica, sí, pero también vital. Y vitalidad era lo que sobraba en el alma inquieta y bulliciosa de Juan Ventura Victoria.

Desde que leyera su tesis en 1986, hasta el reciente impulso que ha dado al nuevo espíritu emprendedor que esta Universidad quiere prender en su estudiantado desde la Cátedra que él dirigía, han pasado tres fructíferas décadas de presencia constante de este privilegiado cerebro que, afortunadamente, eligió la humilde Universidad de Oviedo para desarrollar su proyecto académico.

Más de una década al frente del Instituto Universitario de la Empresa (IUDE), que ha dejado su impronta en algunos de los cursos de postgrado con más proyección de esta Universidad, y casi otra dirigiendo el departamento de Administración de Empresas vaticinaban lo que iba a deparar la Cátedra de Emprendimiento con la que apenas acababa de lanzarse al ruedo. Pero esa apuesta segura queda ahora huérfana y no habrá mejor homenaje a su valía que convertirla en la realidad que Juan soñó. Y seguir haciendo del Máster en Administración y Dirección de Empresas de esta Universidad la referencia académica que es en su área.

Hombres y mujeres como él son quienes han hecho que en Oviedo fuera “verdad la definición de Universidad como ayuntamiento de profesores y alumnos, "fecho en cualquier lugar", con intención de aprender saberes”, como recordaba Alvaro Cuervo al historiar los orígenes de la Facultad de Economía y Empresa hace cuatro años en su Aula Magna, con motivo de su jubilación.

Y hombres y mujeres como él, desde la discreción, la modestia y el compromiso diario con la universidad, son los que necesitamos para poder afrontar estos difíciles y competitivos tiempos de cambios para instituciones como la nuestra. Le echaremos mucho a faltar, ya le echamos de menos.

Como sentenciaba Ovidio, “cuando un destino cruel se lleva a los mejores (dioses, perdonadme esta confesión), llego a pensar con inquietud que vosotros no existís”. Pero de lo que no dudo es de que Juan será recibido como merece en el Olimpo de los hombres justos. Un magnífico profesor y científico, ejemplo preciso de la “virtud” con que traducimos el griego areté, la excelencia misma hecha verbo.

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