Uría y menéndez, menéndez y uría

DIONISIO URÍA RONSMANSDirector de Relaciones Externas

Hay capítulos de la vida que terminan, pero que nunca se cierran. El fallecimiento de Aurelio Menéndez el pasado día 3 marca el fin, por imperativo cronológico, de un capítulo que –por fortuna– permanecerá abierto durante muchos años. Si la historia de nuestra firma, Uría Menéndez, es inexplicable sin el binomio ‘Uría-Menéndez’, la historia reciente de la familia Uría queda igualmente ligada a la de la familia Menéndez. Es imposible narrar las vivencias de mi abuelo, Rodrigo Uría González, sin tomar en consideración las compartidas con Aurelio Menéndez, discípulo primero, compañero y gran amigo, después. Ambos vivieron y disfrutaron del Derecho, ambos saborearon incansablemente su asturianía, ambos recibieron el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (en 1994, Aurelio; en 1990, mi abuelo). Ambos, en definitiva, caminaron juntos por el pavimento de lo que se podría definir como una vida plena.

Los veranos transcurridos en Celorio (Llanes), y que tan afectivamente nos han marcado a muchos Uría de mi generación, no se explican bien sin el ir y venir de gentes y amigos que pasaban por la casona familiar a tomar el aperitivo, el café o simplemente a saludar. Dos protagonistas cardinales de estas visitas continuadas fueron siempre Aurelio y Mercedes, quienes, con su paso característico, siempre de la mano, y su radiante simpatía, forman ya parte del acervo memorial de muchos de nosotros. Del mismo modo, son recuerdos imborrables las comidas y encuentros en casa de mi abuelo en la madrileña calle de Núñez de Balboa, donde la presencia mantenida de Aurelio y de Mercedes les convertía en miembros de hecho de la familia Uría. Calderón de la Barca lo dijo sin tapujos: «Es parentesco sin sangre una amistad verdadera».

A estos recuerdos familiares, que forman parte indeleble de mis primeras referencias vitales, se une la suerte de haber compartido entorno profesional con Aurelio durante los últimos nueve años. Ha sido un lujo incalculable para todos en Uría Menéndez haber disfrutado de Aurelio hasta el último momento. Su caminar por el despacho, su asistencia a eventos y reuniones, y sus palabras exactas en el instante preciso nos han llenado a todos, casi sin darnos cuenta, de un aura que nos acompañará durante mucho tiempo, en la que gravitan los principales valores que definen y diferencian a nuestra firma.

Con la partida de Aurelio, Uría Menéndez ha perdido una referencia vital que tendremos que preocuparnos por mantener viva cuanto sea posible. Con la partida de Aurelio, la familia Uría ha perdido a uno de sus miembros más cariñosos y leales. Pero hay capítulos de la vida que, aunque terminan, nunca se cierran.

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