«Los usuarios de residencias tienen que entrar en la cocina»

Josep de Martí, durante su intervención en el Congreso de Hostelería Hospitalaria, que estos días se celebra en Oviedo. / ÁLEX PIÑA

El experto en geriatría Josep de Martí defiende atender a las preferencias de los ancianos y facilitar su colaboración en la elaboración de los menús

LAURA MAYORDOMO OVIEDO.

Es un camino que geriátricos y centros de día de países como Holanda, Alemania, Suecia y Dinamarca llevan recorriendo muchos años. En esos países del norte de Europa el modelo asistencial está orientado a favorecer la participación de los ancianos, por supuesto, en la medida de sus posibilidades. Por ejemplo, si un residente quiere y puede hacerse su cama o limpiar su cuarto, que lo haga. «Porque si a una mujer que toda su vida ha sido ama de casa le dicen 'usted no haga la cama' le están quitando una parte importante de lo que ha hecho toda su vida. Es importante que los residentes participen en todas las actividades que puedan. Más que terapéuticas, son actividades vitales», explica Josep de Martí. El director de Inforesidencias, un portal que compara los geriátricos de toda España, participó ayer en el Congreso de Hostelería Hospitalaria que estos días se está celebrando en Oviedo. Ante ese auditorio defendió las bondades del modelo de atención centrada en la persona, un modelo que, en lo tocante a la alimentación, supone tener en cuenta las preferencias y gustos de los residentes, darles la opción de elegir entre varios menús e incluso, implicarles en la recuperación de recetas o en la elaboración de los platos. «Eso significa romper un tabú porque las personas tienen que entrar en la cocina y con eso no me estoy refiriendo a entrar en el espacio físico de la cocina sino en el proceso de la alimentación». Así, hay residencias que sirven la ensalada de la siguiente manera: «La lechuga por un lado, el tomate y la cebolla por otro y son unos residentes los que la acaban de montar. ¿Por qué? Porque eso es significativo para ellos. No es algo que les resulte extraño». En sus viajes para conocer otras experiencias por toda Europa también comprobó cómo «en todas las salas de estar hay una cocina» y los beneficios de que el olor de una determinada comida se extienda por toda la habitación, porque «eso ayuda en casos de alzhéimer».

El de la atención centrada en las personas es un modelo más costoso pero, a su juicio, el mejor que se puede aplicar en las residencias de ancianos. En España ya hay algunas iniciativas. Como la de la gijonesa Plaza Real, cuya 'sala de la reminiscencia' -una reproducción de una casa de las de antaño- fue premiada por Inforesidencias como la idea más original en este sentido.

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