Las 45 víctimas de la violencia machista

El día contra las agresiones de género se celebra marcado por el asesinato de una mujer ayer en Vinaròs a manos de su exconyuge, que viajó desde Alemania solo para matarla

MIGUEL PÉREZ GIJÓN.

Katharina se desplazó hace tres meses desde Alemania hasta Vinaròs para vivir en la segunda residencia que tenía alquilada junto a la casa de su madre y su hermana. De 35 años de edad, ayer se convirtió en la última víctima de la violencia machista en España, justo en vísperas de la celebración del día internacional contra las agresiones de género. Su expareja, como ella de nacionalidad germana y con la que había mantenido una relación durante un año, viajó en coche desde su país hasta la localidad castellonense. Aparcó a pocos metros del domicilio de Katharina. El barrio, donde muchos extranjeros tienen una casa de veraneo, estaba tranquilo. A las 7.20 horas, se apostó en la cancela de la vivienda. A partir de aquí, anoche aún se barajaban dos versiones: si el hombre abrió fuego desde ese lugar sin mediar palabra o si discutió brevemente con su antigua compañera antes de asesinarla a tiros. A continuación él se suicidó con el mismo arma. No había denuncias previas por maltrato.

La Delegación del Gobierno para la Violencia de Género confirma 45 asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas desde el 1 de enero hasta ayer. Katharina es la tercera víctima este mes. Antes que ella murieron Lilibet Hernández, de 27 años, estrangulada por su marido en Tenerife, y Jessica Bravo, de 28 años. Jessica fue tiroteada delante de su hijo a las puertas del colegio en Elda. A su ex, Imanol, no le importó el chiquillo: disparó cinco veces contra la joven y se reservó la sexta bala para él. Quizá tenía ensayado el gesto de apuntarse a la boca con los dedos simulando un arma de cuando se fotografiaba en el espejo del gimnasio. Puede que en su cabeza no hubiera más espacio que para las pesas y el rencor.

Frente a la oficial, otras estadísticas de observatorios sociales y feministas elevan la cifra de fallecidas hasta 50. Según el Ministerio de Sanidad, suman 916 desde 2003, cuando comenzaron a registrarse como violencia de género. Las diferencias numéricas son habituales en esta pesadilla cenagosa. Hay muertes que siguen bajo investigación o secreto judicial pero en las que existen sospechas de feminicidio. Algunas son lentas y complejas de esclarecer, como la posible intencionalidad que subyace detrás de la explosión de una casa que segó la vida de un matrimonio.

La sangre, mientras tanto, mana: son ya más asesinatos de los que ocurrieron en 2016. No es de extrañar en un 2017 que nació de luto: la profesora Matilde Teresa de Castro no llegó a escuchar las campanadas de la Puerta del Sol. Fue acuchillada por su novio y murió esa madrugada. Horas después, Estefanía Gutiérrez fue arrojada desde un balcón en Madrid.

Un dato que a veces se olvida: 50 mujeres fallecidas son 50 hombres homicidas. Un sentimiento de posesión que se abre paso a navajazos o escopetazos ha de ser por fuerza un asesino en serie y cuestión de Estado prioritaria. Porque, además, suele llevar un prólogo: la mayoría de las víctimas convivían con su agresor. Es fácil imaginar la tortura de caminar a diario sobre cristales rotos. Individuos como Imanol llevaban también junto al cargador denuncias previas por maltrato. Los fallos de protección serán denunciados hoy por diversos colectivos con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que recuerda a las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, asesinadas en 1960 por orden del dictador dominicano Trujillo.

Las asociaciones señalarán hoy también hacia la última de las perversiones posibles: el 'familicidio', la violencia contra la mujer ejercida por la vía vicaria de los hijos. Nadie debería permitir que un niño vea el infierno. No solo es que el machismo deja 24 huérfanos este año; también ha arrebatado la vida a ocho menores. Seis eran hijos del agresor, Saturno, que los devoró sin piedad.

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