«Vivir sola y estarlo no es lo mismo»

María Luisa Caval y su hija Covadonga Fernández se abrazan. / MARIO ROJAS
María Luisa Caval y su hija Covadonga Fernández se abrazan. / MARIO ROJAS

Dos mujeres de 68 y 88 años reivindican su independencia y autonomía | En Asturias hay 36.400 viudas en hogares unipersonales frente a 7.200 hombres, «más propensos a sufrir daños cognitivos por la soledad»

LAURA CASTRO GIJÓN.

«Vivir sola y estarlo no es lo mismo. Prefiero estar en mi casa, en la de mi hija no me encuentro tan a gusto y me pongo nerviosa». Con estas palabras defiende María Luisa Cabal la elección que tomó ya en 2005, cuando murió su marido. Su hija, Covadonga Fernández, está con ella por las mañanas hasta que llega la trabajadora social y por las tardes hasta que llega la hora de acostarse. «Siempre ha sido muy independiente y no hay quien le cambie esa costumbre», asegura Fernández.

María Luisa tiene 88 años, es la cuarta de diez hermanos, ocho de ellos hombres, por lo que está «más que acostumbrada a guerrear». Aunque usa bastón para ayudarse en los movimientos, goza de una salud «privilegiada» que le permite cenar pasteles cada noche y vivir sin dolores de ningún tipo, que era su mayor preocupación cuando empezó a envejecer. Su mayor dolencia es la degeneración macular que le ha robado su capacidad de ver la televisión, hacer crucigramas y cocinar. Pero «siempre quedará la radio», con la que vive, como si estuviera en el estadio, los partidos del Real Oviedo. «Estamos un poco de capa caída este año, pero ya se verá», confiesa.

Cada vez que pasa la tarde con sus biznietos, especialmente con el más pequeño, de tres años, se revitaliza. «Es tremendo todo lo que sabe ya...», dice mordiéndose el labio inferior. Sus amigas, de edades parecidas a la suya, tampoco quieren saber nada de vivir con sus hijos ni de trasladarse a una residencia. «¿Para qué voy a darle guerra a mi hija si yo sola me apaño perfectamente?», pregunta con retórica.

Para María Natividad Bodelón, de 68 años, vivir sola es sinónimo de libertad. «Hago lo que quiero y cuando me da la gana», asegura. Mantiene un pulso con el tiempo que quiere sumarle años mientras ella se aferra a los dictados de su joven espíritu. «Llega el domingo y me voy a bailar a Lugones con una amiga o sola, me encanta. Bailo todo lo que sé y lo que no, lo intento. De quedarse en el sofá, nada», afirma. Es meticulosa con las tareas de casa, pero ya ha sufrido varias caídas. Por eso, cuenta con la ayuda de una trabajadora social algunas horas a la semana que le evita tener que subirse a una escalera. Es lo único que le asusta, volver a caerse. «¿Miedo de vivir sola? Para nada. Además, mi hija está tan pendiente de mi que me marea», comenta entre risas.

Más información

La calma en una medalla

La diferencia entre los hombres y las mujeres que viven solos en Asturias es notable. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en la región hay 36.400 viudas en hogares unipersonales frente a 7.200 hombres. «Creo que los hombres de esas generaciones no saben manejarse solos en casa», considera Belén Murillo, presidenta del Colegio de Trabajo Social de Asturias. «Cuando fallece su esposa prefieren ir a vivir con su familia. Si no es así, son propensos a sufrir un deterioro personal y cognitivo importantes que suele finalizar con su ingreso en una residencia», asegura Murillo. Las mujeres son, por tanto, más autónomas e independientes.

Para la tranquilidad de quienes viven solos y la de sus familias existe la teleasistencia, una especie de medalla que llevan colgada al cuello y que a través de un botón les pone en contacto con la Cruz Roja en caso de sufrir una caída o tener una emergencia. «Es algo fundamental para quienes vivimos solas», reconoce María Natividad, quien recuerda cómo permaneció en el suelo de su baño durante más de media hora tras caerse cuando limpiaba. «No me podía levantar y no tenía el teléfono a mano. Me puse muy nerviosa», relata. También es un consuelo para sus familias, como reconoce la hija de María Luisa. «Me daba miedo que le pasara algo porque no ve bien. Con la medalla ya dormimos todos tranquilos», asegura.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos