«Esta situación es como una película de Berlanga, pero mala»

La policía portuguesa se subió a bordo del avión tras las protestas de los pasajeros/Pablo Martín
La policía portuguesa se subió a bordo del avión tras las protestas de los pasajeros / Pablo Martín

Los pasajeros de un vuelo Lisboa -Asturias narran la odisea sufrida, en donde la tensión estalló entre ellos

EVA VÉLEZ/MARCO MENÉNDEZGijón

El caos se apoderó ayer del vuelo Lisboa-Asturias de la compañía TAP, que acabó desviado a Oporto por la imposibilidad de aterrizar en el aeródromo de Santiago del Monte por la niebla.

El avión salió con una hora de retraso del aeropuerto portugués, a las 17:20, y, según cuenta para EL COMERCIO Pablo Martín, presidente de IZERTIS, el vuelo se desarrolló con total normalidad, pero las cosas empezaron a torcerse cuando sobrevolaban ya Asturias.

«Estuvimos 15 minutos sobre Santiago del Monte y en un momento dado nos explican que, por las condiciones meteorológicas, damos la vuelta a Oporto».

Un viraje de lo más extraño para Pablo, ya que «existen aeropuertos cercanos, sin necesidad de irnos a Portugal de nuevo».

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La primera sorpresa de la tarde sería seguida por más momentos «inexplicables». En Oporto «el primer problema se presentó cuando nos tuvieron más de dos horas en la pista, dentro de la nave. Por más que preguntábamos si nos iban a llevar a Lisboa u otro plan alternativo, el silencio era la respuesta».

Así las cosas, el ambiente dentro del avión se fue caldeando. A la falta de aire acondicionado, con la nave llena (unas 70 personas), los nervios hicieron acto de presencia y un grupo de viajeros abandonó el avión, con el consentimiento de la compañía, que dispuso un pequeño autobús a pie de pista para estos pasajeros.

Martín continuaba dentro del avión y confirma que el caos seguía. «Una pasajera no aguantó más y, con bastante razón, empezó a increpar a la tripulación por la falta de información. La amabilidad brilló por su ausencia y decidieron, así las cosas, llamar a la policía lusa, que hizo acto de presencia. Todo fue a peor y la autoridad, en tono marcadamente amenazante y yo diría que hasta 'mafioso', nos respondieron que'si preferíamos aclarar la situación en otro sitio', dándonos a entender que igual nos desalojaban y detenían. Todo fue un sinsentido».

La situación vivida por Pablo Martín y el resto del pasaje fue como «una película de Berlanga, pero de las malas».

Incluso, cuenta Pablo que, cuando fotografió a los policías portugueses, estos le conminaron a borrar todos sus archivos en un tono muy amenazante. Incluso también le prohibieron grabar conversaciones.

Al final, la nave regresó a Lisboa y tardaron más de dos horas en ser recolocados en buses y hoteles. Pablo llegó a las 2 de la madrugada al hotel y ahora volará a Asturias vía Heathrow (Londres). Tiene calculado llegar a Asturias hoy a las 19:40 de la tarde. Total, 27 horas de viaje.

El presidente de IZERTIS está acostumbrado a viajar continuamente por todo el mundo y asegura que jamás ha vivido una situación como la de ayer. Incide en el trato «maleducado, denigrante y hasta vejarorio de la compañía TAP. Esto no es digno de ocurrir ni en el Congo».

«Al final, cuando conoces las causas reales del no aterrizaje en Asturias, el fallo del sistema antiniebla, te ríes». Ahora reclamará daños por la demora pidiendo un justificante de la tarjeta de embarque online y, en tres días, Martín volará a México. Solo espera no sufrir el caos que ha tenido que vivir estos días.

Otra de las viajeras afectadas es la joven gijonesa Claudia Rodrigo, que viajaba a Asturias desde Río de Janeiro (Brasil), vía Lisboa. Tras pasar toda la odisea del vuelo entre la capital lusa y Asturias, esta mañana consiguió que la recolocaran en un vuelo hacia Londres para después viajar a Asturias. Su situación se agravó con el peso de las maletas, ya que al ser el suyo un vuelo internacional, podía viajar con hasta 30 kilos de peso, pero en el vuelo Lisboa-Londres-Asturias no le permitían más de 20 kilos, con lo que debería pagar un sobrecoste de unos 75 euros o dejar parte de su equipaje en el aeropuerto. La joven gijonesa optó por esa segunda opción.

Incluso, entre varios pasajeros afectados vieron la posibilidad de alquilar un coche para desplazarse hasta el Principado, pero el hecho de dejar un vehículo de alquiler en otro país disparaba los precios, lo que lo hizo imposible.

Además de quejarse por la falta de información durante prácticamente todo el periplo entre Asturias, Oporto y Lisboa, Claudia Rodrigo apunta que el trato recibido por parte de la compañía TAP fue «malísimo».

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