Vuelta a las aulas a los 90 años

María Teresa Secades, en su casa de Oviedo, repasa algunos apuntes antes de iniciar el miércoles el nuevo curso de PUMUO.
María Teresa Secades, en su casa de Oviedo, repasa algunos apuntes antes de iniciar el miércoles el nuevo curso de PUMUO. / HUGO ÁLVAREZ

María Teresa Secades es la alumna más veterana de los cursos para mayores de la Universidad, que está deseando retomar

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

María Teresa Secades, nacida en La Habana, llegó al Principado muy joven. Venía con el título de Bachillerato debajo del brazo, pero una vez en suelo asturiano, los negocios que emprendieron sus padres requirieron de su ayuda y no hubo más remedio que sacrificar su futuro académico. El posterior matrimonio y la crianza de sus cinco hijos -el último, con el que ahora vive, lo tuvo superados los 40- complicaron sus deseos de seguir estudiando. Al menos, de seguir una formación reglada, porque María Teresa no dejó escapar ocasión para aprender. Ya fuera asistiendo a conferencias o a clases de pintura. Así hasta un día de hace tres o cuatro años -«a mí ahora las cosas ya se me olvidan», dice aún con un ligero y dulce acento cubano- en que se encontró con una conocida que, tras unos minutos de conversación, se excusó con un 'te dejo, que no llego a PUMUO'. «¿PUMUO? ¿Qué es eso?, le pregunté y ya ella me contó lo del programa de la Universidad de Oviedo» para mayores de 50 años.

Fue así como María Teresa Secades dio con unas clases que ella, de natural inquieta, asegura que son «lo mejor que te puede pasar» y a las que se apuntó sin dudarlo. Fue, en cierta medida, su manera de cumplir aquel anhelo de juventud de llegar a la Universidad. Cuando le comentó sus intenciones a su marido, fallecido hace dos años, éste la animó pero prefirió no acompañarla. «Mejor, porque eso me daba más independencia», dice ella.

A punto de cumplir unos 90 años que no aparenta pero la convierten en la alumna más veterana, está «deseando» que llegue el miércoles para comenzar el tercero de los cinco cursos en que se estructura esta oferta de formación general. Los PUMUO -más de doscientos en Oviedo, Gijón y Avilés- arrancan el curso el mismo día que el resto de alumnos de escuelas y facultades de la Universidad. Ese día, María Teresa Secades saldrá de su casa en la calle Leopoldo Alas de Oviedo y recorrerá orgullosa el trayecto hasta el campus del Milán. Un trayecto de kilómetro y medio que siempre realiza a pie porque «así, de paso, hago mi ejercicio diario».

Repetir experiencia

También ese día volverá a las aulas la avilesina Pilar Bustillo, de 81 años, una de las pioneras de PUMUO. Miembro de la segunda promoción, se 'licenció' en 2007, tras cinco años de clases «de todo. De Medicina, Matemáticas, Arte, Historia...», cuyos apuntes aún conserva «en cinco carpetas». Cuando, hace dieciséis años, comenzó las clases animada por una amiga, después de enviudar, al aula de la calle de la Ferrería solo acudían siete personas. El año pasado, cuando pudo volver a apuntarse a PUMUO después de que la Universidad ampliara la matrícula a antiguos alumnos, ya eran 38.

Bustillo se declara «fiel y leal» al programa de mayores de 50 años, en el que pretende seguir, bromea, «mientras no me echen». Aunque, eso sí, este año ha reducido el número de asignaturas y talleres en los que se ha matriculado «para tener algún día libre». Perito mercantil y licenciada en Ciencias Bíblicas, nunca ejerció. Comparte con María Teresa Secades haber sido madre de cinco hijos «muy seguidos. Ya sabe usted cómo eran aquellos tiempos»- y tener una mente inquieta y ávida de conocimientos.

Ambas son además excelentes embajadoras del programa de formación para mayores de 50 años de la Universidad de Oviedo, donde «aprendes lo que quieres, porque no hay exámenes», y del que hacen publicidad allá donde van. «En las clases hay muy buen ambiente y los profesores son una gozada, muy amenos. No me acuerdo de uno que no me haya gustado», garantiza Secades. «Es la mejor experiencia que puede tener nadie. Lo de menos es el título», constata Bustillo.

Además de las clases diarias, se organizan excursiones y visitas culturales. Salidas que la avilesina Pilar Bustillo ha procurado no perderse nunca, pero a las que María Teresa Secades ha preferido no apuntarse, prudente, «por miedo a dar la lata a los demás». Ella se da por satisfecha con las amistades que han ido surgiendo, «despacito», a fuerza de compartir lecciones y apuntes con otros compañeros con similares inquietudes.

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