
Porque si una cosa está clara es que, para todos los que participaron ayer en esta concentración, sus coches no son simples vehículos de desplazamiento. Son algo más, un cúmulo de experiencias, de circunstancias, una parte de sus vidas. En definitiva, joyas históricas.
«Yo tengo que vender mi coche por una serie de circunstancias», explicaba José María Mesa sobre su escarabajo, «pero si por mí fuera no me deshacía de él jamás. Lo tuve seis meses en un taller, desmontándolo entero, montando pieza por pieza. Lo quise restaurar entero como el original, tal como salía de la casa». Y es que, si por algo se caracterizan los aficionados a los coches antiguos, es porque tratan a sus vehículos como si de verdaderas piezas de museo se tratasen. Y es que de hecho lo son.
«Yo creo que es un lujo tener en Avilés esta concentración», destacaba Román Álvarez. «Es importante que los pueblos recuerden su historia». Y precisamente, eso es lo que sucedió durante todo el día de ayer en Las Meanas: una vuelta al pasado de la mano de los más mayores, que explicaban a los niños lo que era conducir esos coches en aquella época y lo que han cambiado las cosas hasta el día de hoy.
«Me acuerdo que de jóvenes íbamos a las fiestas de 'Grao' en el R5 y ahora me pregunto cómo podíamos coger cinco chavales ahí, y el borracho en el maletero», bromea Víctor Fernández, un gran aficionado a los coches antiguos. «Y pensar que antes iban familias enteras de vacaciones en un 600, sin cinturones ni nada...». Otros tiempos, sin ninguna duda.
Pero el momento álgido llegó cuando la sirena de un coche de bomberos de los antiguos, el famoso 'Mofletes' empezó a sonar rompiendo la tranquilidad de la mañana. Un espectáculo que atrajo a un gran número de curiosos hasta el céntrico parque, donde también se encontraba la alcaldesa, Pilar Varela, admirando los numerosos modelos de coches que hasta allí se acercaron, unos 30 aproximadamente. Y entre todos ellos, un jeep de las Fuerzas Armadas norteamericanas, un Panther descapotable blanco, un mercedes 280, varios minis y hasta el típico coche que, nada más verlo, imaginas en una película de gansters de los años 40. Un espectáculo para la vista.
Dentro de esta Jornada de Patrimonio de la Automoción de Vehículos Históricos, organizada por la peña Motorista de Asturias, Escudería-Ges y la Federación Española de Vehículos Antiguos, en el palacio de Valdecarzana también tuvo lugar una charla coloquio de 'La reivindicación de nuestro patrimonio automovilístico', una muestra más de que estos coches, a pesar de formar parte del pasado, no han quedado de ninguna manera en el olvido.
«El primer coche de este tipo que yo vi lo tenía un amigo de Oviedo. Y el día que me monté en aquel coche y dimos un paseo, cuando yo tenía 20 años, me dije: «Algún día tengo que tener uno de estos como sea», recordaba Gerardo Jaqueti, dueño de un R5 turbo. «Me parecía algo imposible hasta que tuve la oportunidad y aquí estamos, disfrutando».





