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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

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Historias de los metales
El proyecto de investigación desarrollado por Alusin, Cordes y la Universidad de Oviedo superó numerosos problemas técnicos
18.11.07 -

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«Érase una vez la historia de la fusión de material que se debía soldar a 600 grados con otro que se debía unir a 1.000 grados...» Dentro de unos años, Javier Fernández-Font o Juan José del Campo podrán contar a sus nietos muchos cuentos con los problemas que unos pocos metales, y sobre todo el aluminio, les ha generado durante los últimos meses.

El caso de la unión entre cobre y aluminio es especialmente curioso. Ambos son los mejores conductores de la electricidad que se conocen. Sin embargo, la diferencia de temperatura dificulta el proceso de fusión hasta el punto que la única tecnología que existe en el mundo consigue las uniones mediante explosión. Hoy en día, el proyecto de investigación de Alusin ha permitido desarrollar un sistema en el laboratorio, pendiente de trasladar al ámbito industrial. Es el campo en el que se trabajará en 2008.

Otra historia que podrán contar es la unión entre plomo y plomo, una soldadura altamente contaminante. La normativa de higiene y seguridad laboral obliga a los soldadores a trabajar con unidades autónomas de respiración. Además, se deben captar todas las emisiones para evitar que restos de plomo salgan a la atmósfera. Pues bien, la técnica elaborada por la investigación permite la unión respetando las condiciones medioambientales y de protección de los trabajadores. De hecho, Alusin ya la emplea en su producción.

La fusión entre aluminio y aluminio, fue otra de las operaciones analizadas. El problema era la porosidad que quedaba en la zona de soldadura. Esos poros permiten la entrada de productos, que terminan corrompiendo la pieza. Finalmente, se logró una técnica que reduce de forma sustancial esa porosidad y alarga la vida de las piezas.

Protector

Dar con un sistema anticorrosión también requirió su tiempo de investigación. Según explica Del Campo, «el aluminio es un material que se degrada con rapidez». El objetivo era buscar un producto que protegiese al metal. En el laboratorio se trabajó en cámaras que desarrollaban un medio muy corrosivo. Una vez hallada la mejor respuesta, quedó validarla industrialmente. Para ello, se marcaron las piezas con el TAC y se realizó el seguimiento en el entorno real.

Y, como todo buen cuento, tiene final feliz: encontraron la solución situando a dos empresas asturianas en la vanguardia tecnológica mundial. Sin olvidar el importante ahorro económico alcanzado.

Una de las ventajas del proyecto de investigación es las puertas que abre a Alusin. Los TAC empleados ofrece nuevas soluciones para la gestión del almacén. Al tiempo, la trazabilidad en las piezas fabricadas lleva a la empresa a ofrecer un estándar de calidad del máximo nivel.

En una relación simbiótica, Cordes Microsistemas consigue demostrar su capacidad como empresa para la integración de las diferentes tecnologías existentes en el mercado.

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