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Cultura

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Portugal en el alma
Joana Amendoeira logra con su fado tranquilo llenar el Teatro Filarmónica de Oviedo Su concierto demuestra el arraigo que está ganando en la región un género lleno de vitalidad
24.02.08 -

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Portugal en el alma
SONRISA. Joana Amendoeira desplegó su vitalidad sobre el escenario. /MARIO ROJAS
Oviedo era Lisboa, y el teatro un balcón para mirar al mar y llenarlo de recuerdos. De humo. De manos entrelazadas. En el centro de todo, luciendo como una vela, cantaba Joana Amendoeria para enseñar que lo suyo no es cantar, es una manera de usar la música para viajar a otras latitudes y emociones.

Lo advirtió nada más empezar el recital. Para que nadie se llevara a engaño, la joven Amendoeria avisó en impecable 'portuñol' que en los siguientes minutos tendría el placer de ofrecer «el alma, el canto a la vida que es el fado. Espero que puedan sentir la magia que estas palabras tienen». Enfrente, las 700 butacas del Teatro Filarmónica aguardaban esta segunda sesión del ciclo fadista que han organizado Universidad de Oviedo y la Sociedad Ovetense de Festejos, y para la que reclutaron a esta portuguesa, cuya voz empezó a despuntar en su país cuando solo sumaba 12 años.

Ayer Joana Amendoeira subió al escenario asturiano convertida, a sus 25 años, en 'la princesa del fado', cargo que demostró cantando como se acaricia. Con dulzura. Ya sea para hablar de amores perdidos, de ciudades en las que merece la pena nacer, de vivir «en un canto escondido». Esta colección de momentos aterrizó en Oviedo tras deslumbrar en plazas como Brasil, Francia, Estados Unidos o Rusia, un lujo que el público apreció colmándola de aplausos tras cada acto.

Como un guía

Como en el flamenco, las guitarras que acompañaron a la solista lusa, fueron tejiendo a cada paso una melodía con la que empujar al cantante para ahogarlo más y más en su sentimiento. A eso jugaba con su hermano, Pedro, a la guitarra portuguesa, Paulo Paz en el bajo acústico, y Pedro Pinhal en la guitarra clásica.

Hay dos formas de cantar fados en un lugar como Asturias: aislándose en ese arte extraño o invitando a los tímpanos poco acostumbrados a participar del canto. Amendoeira optó por esta vía y, antes y después de cada tema, fue desgranando las claves de cada canción como un guía turístico enseña las detalles de una tierra que, resulta cada vez menos lejana gracias a gestos como ese o como invitar, en el mismo concierto, a una de las pocas voces masculinas que defienden el fado, Helder Moutinho. Con la presencia de ambos sobre las tablas, el Filarmónica se ganó todo el derecho a reclamar, por unos instantes, ser la capital mundial del fado.

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