Es un problema condenado a renacer periódicamente desde que el Ministerio de Educación y Ciencia denegó al asturiano su carácter de lengua. La Junta General del Principado aprobó entonces una resolución exigiendo la presencia universitaria de los estudios del asturiano y la Universidad implantó Filología Asturiana como título no oficial e incluyó la asignatura como optativa en el plan de estudios. Pero siempre quedó latente la exigencia no colmada, que es la que ha reaparecido ahora con la adaptación de titulaciones al Espacio Europeo de Educación Superior, y que la decana Ana Cano, presidenta también de la Academia de la Llingua, ha querido plasmar concediéndole el carácter de título de grado y de título complementario.
Sin embargo, con la propuesta decanal llegó la sorpresa, lo que no esperaban ni siquiera quienes respaldaron aquella enmienda parcial que pedía «la supresión del asturiano» por la «dimensión docente que alcanzaría en esta última reformulación». Su firmante, el profesor de Filología Española Félix Fernández de Castro, considera «incongruente» la «equiparación» del asturiano a «lenguas oficiales de estados nacionales como inglés, español, francés, italiano, portugués y alemán». La votación arrojó un resultado de 34 votos a favor de la enmienda y 30 en contra, lo que expulsa a la Filología Asturiana de la propuesta de la Facultad de Filología para las nuevas titulaciones de grado. La votación generó la dimisión inmediata e irrevocable de Ana Cano.
«Es una decisión con la que yo no puedo seguir como decana de ninguna de las maneras. Me parece gravísimo, antiacadémico, antiuniversitario y anticientífico que la Facultad de Filología de la Universidad asturiana evite que el asturiano forme parte de la enseñanza reglada», explicó ayer la catedrática de Filología Románica, quien ya comunicó ayer mismo al rector su decisión. Pero lo hizo trasladando la responsabilidad de la decisión final al máximo dirigente universitario y al consejero de Educación y Ciencia. «En definitiva, los títulos universitarios dependen del Rectorado y del Gobierno asturiano», concluyó la ya ex decana que, no obstante, se mantendrá como miembro de la Junta de Facultad.
Ni una institución ni la otra quiso ayer coger la patata caliente que les lanzaba Ana Cano. La Consejería de Educación ha rehusado pronunciarse y el rector, visiblemente contrariado, señaló que « tengo que saber qué es lo que se ha gestado allí y hasta que no tenga la dimisión oficial no diré nada más». No obstante, ningún rector ha impuesto nunca una titulación en contra del criterio o la propuesta votada en Junta de Facultad o de Escuela por centro alguno. De hecho, la propia Ana Cano negó que su llamamiento a instancias superiores fuera un intento de eludir la decisión democrática de su facultad. «Las decisiones de la Junta hay que respetarlas, pero también hay otras decisiones que hay que ver», afirmó en referencia a las de la Junta General del Principado.
Una posición delicada
El traslado al Gobierno asturiano de la decisión final deja a la Consejería de Educación en una situación delicada, no tanto académica como socialmente. Y así lo constata el que el consejero de Educación y Ciencia no haya querido manifestarse, mientras que la directora general de Política Lingüística, Consuelo Vega, sí lo haya hecho, si bien en términos no excesivamente beligerantes. No entró en el fondo del asunto y se limitó a mostrar su «preocupación» porque la Filología Asturiana no alcanzara el carácter de grado por lo que ello supone de «renuncia a dar rigor académico y científico a los estudios sobre el asturiano».
Al rector también le deja en una situación comprometida, toda vez que el prestigio de las universidades se medirá en las próximas propuestas de titulaciones y ninguna querrá enviar a la Agencia Nacional de Evaluación aquellas que no tengan posibilidad de ser aprobadas. Y la Filología Asturiana, aún sin reconocimiento como lengua, lo tendría difícil.
La Filología Asturiana, con un fuerte espejo social, ha dividido siempre de manera ostentosa a los miembros de la comunidad académica y en especial a los de la Facultad de Filología, hasta el punto de que no son pocos los que consideran que la enmienda salió adelante merced a la petición expresa de votación secreta. El enfrentamiento de Emilio Alarcos dentro y fuera de las aulas con los defensores de la llingua han sido siempre proverbiales. En todo caso, la dimisión de Ana Cano deja vacante el Decanato incluso para convocar las elecciones previstas para octubre. La opción será nombrar por sorteo a un decano-comisario, o nombrar al profesor más antiguo: José Antonio Martínez.