Gijón lleva 26 años escarbando en su pasado romano y quiere seguir haciéndolo, pero necesita más apoyo económico del Principado de Asturias. Ayer se presentaba en la villa tardorromana de Veranes -una de las joyas de esa corona arqueológica- un libro que recoge las actas de un congreso celebrado en la ciudad dos años atrás sobre villas tardorromanas y el acto se convertía en una reivindicación: que los trabajos, que en julio concluyen en la propia villa de Veranes, no se detengan, que continúen las excavaciones en otros puntos del municipio.
A Carmen Fernández, la arqueóloga de la Universidad Autónoma de Madrid que ha llevado la batuta de todos estos años de estudio, se le quebró por un momento la voz a la hora de pedir a las autoridades «que no se rompa el hilo» que ha unido a arqueólogos y políticos durante tantos años en aras de rebuscar en ese pasado. Y añadía después que no se puede escribir en estos días «el epílogo» a tanto esfuerzo previo. «Yo creo que falta mucho por investigar», decía Carmen Fernández Ochoa, quien detallaba que para el próximo año no existe ninguna excavación prevista en Veranes, cuando aún faltan por encontrar la necrópolis, la zona rural y el área sur de la villa. Pero no sólo eso, los arqueólogos entienden que el trabajo ha de ser continuado, y que la investigación exige que se excaven otras villas cercanas para entender mejor el significado de Veranes.
Lo curioso es que esa petición de Carmen Fernández Ochoa es con matices la misma que lanzó el director general de Patrimonio del Principado, Adolfo Rodríguez Asensio, quien lanzó un guante al Ayuntamiento de Gijón para que continúen las excavaciones en Beloño.
El acuerdo existe, pero quizá la discrepancia esté en quién deba financiar esos trabajos. Porque el concejal de Cultura, Justo Vilabrille, recogía el reto y a la vez lanzaba el suyo propio. «El esfuerzo económico del Ayuntamiento ha sido extraordinario en estos 26 años», decía para pedir a continuación más dinero regional para llevar a la práctica futuras excavaciones. Incluso Carmen Fernández Ochoa insistía en que es preciso el compromiso regional para seguir adelante: «Es necesario buscar el apoyo de la comunidad autónoma, porque también pienso que el Ayuntamiento ha estado bastante solo en todo el proyecto», subrayó la arqueóloga.
Esa mirada al futuro, y a los fondos con los que financiar nuevos proyectos, se colaba ayer como invitada en la presentación de un libro que es en parte resultado de esos 26 años de estudios arqueológicos, que han convertido a Gijón en un ejemplo a seguir como modelo de colaboración institucional y académica. Eso al menos decía ayer con absoluto convencimiento Joaquín Barrio, director del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid.
No escatimó el profesor madrileño elogios hacia la ciudad ni hacia el libro que le acercaba a la zona rural de Gijón, 'Las villas tardorromanas en el occidente del Imperio. Arquitectura y función', que ha contado con el trabajo como editores de Carmen Fernández Ochoa, Virginia García-Entero y Fernando Gil Sendino. Todos ellos se han encargado de dar forma a 800 páginas que recogen la más completa información que existe hoy en día en el mundo sobre las villas tardorromanas: «Son una serie de ponencias y comunicaciones sobre este tema en todos los ámbitos europeos; es una puesta al día sobre las villas que estaba sin hacer», dice Fernández Ochoa.