Las letras canadienses aún no han alcanzado en España el reconocimiento que tienen en el mundo anglófono, por lo que resulta muy gratificante que el jurado del Premio Príncipe de Asturias haya otorgado este galardón a su más claro icono cultural, Margaret Atwood, una autora que trasciende muy diversas fronteras, reales e imaginadas.
Novelista, poeta y ensayista, profunda conocedora de la teoría y la práctica de la escritura, eterna candidata al Nobel, es una maestra de la palabra y de los códigos literarios, una escritora cuya complejidad técnica e intelectual se complementa con una imaginación privilegiada y una capacidad cómica que convierte la lectura de su obra en un raro placer.
Atwood se mueve entre géneros y estilos con la misma facilidad que ha cautivado a públicos diversos. La clave sin duda está en un estilo engañosamente accesible combinado con un denso juego literario, que ofrece atractivos tanto a quien lee para descifrar los misterios y tramas centrales a sus novelas, como a quien gusta de desgranar los sucesivos estratos de alusiones, estructuras, mitos y juegos formales.
Atwood se consagró muy pronto como autora de culto por el impacto de su poesía, ('Power Politics', 1971), pero la fama internacional ha llegado, como era previsible, a través de la novela. Sus narrativas distópicas ('El cuento de la criada', 1985, 'Oryx y Crake', 2003), y novelas urbanas como 'Ojo de gato' (1988) o 'La novia ladrona' (1993) elaboran mordaces retratos de la vida contemporánea, o vuelven a momentos del pasado ('Alias Grace', 1996; 'El asesino ciego', 2000), para rescatar episodios sorprendentes y convertirlos en fabulaciones perfectas.
Atwood entreteje estructuras poéticas y míticas, alude a la historia, la ciencia, la política o el mundo natural mientras disecciona el comportamiento humano con precisión escalofriante.
Capta con singular ironía las contradicciones del mundo actual, las relaciones de género, el difícil entendimiento entre el ser humano y su entorno, escribiendo desde una visión crítica con el presente y utópica en su intención futura.
Aunque mantiene una actividad paralela constante en favor de los derechos humanos, de la libertad de expresión, y causas como la ecología, el feminismo, o el arte, este compromiso no oscurece su deslumbrante escritura, que resalta con frecuencia el propio acto de escribir, como hacen los textos paródicos de 'Asesinato en la oscuridad' (1983).
La literatura es un juego, nos dice, pero un juego transcendente.
Isabel Carrera, catedrática de Filología Inglesa en la Universidad de Oviedo, ha traducido al español 'Asesinato en la oscuridad'