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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Oviedo

05.09.08 -

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El pasado julio, en el curso de la excavación arqueológica para la ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias, que afecta a varios edificios de la calle de la Rúa, apareció, en la medianera entre dos de ellos, una estructura hidráulica, rectangular, con eje mayor O-E, consistente en un manantial -por el que, en su día, afloraría el agua a presión hacia un canal contiguo-; un receptáculo cuadrado (2,2 x 2 metros), también tallado en la roca, sobre el cual se hallaría algún tipo de estructura de piedra, a fin de realzar el afloramiento del agua; un caño de piedra para recoger el líquido -de magnífica talla, gran formato, y muy bien conservado-, y, por último, un canal de desagüe, del que se conservan unos 8,5 metros. Estos elementos se encuentran circundados, por los lados N. y S., por una especie de deambulatorios, de alrededor de 1,5 metros de anchura. Todo lo conservado se encuentra realizado directamente en la roca, cajeada y tallada a fin de conformar todos y cada uno de los elementos citados, excepto el caño, alcanzando unas dimensiones totales de unos 4 (N-S) x 12 (O-E) metros.
La reciente datación de esta estructura en el siglo IV ha llevado a especular acerca de la posible existencia de la ciudad en época romana. Acerca de esta posibilidad, nunca ignorada por ninguno de los investigadores de la historia ovetense, hay que decir que, no obstante la presencia de elementos arquitectónicos de clara raigambre romana -sobre todo en los edificios situados al S. de San Salvador: sistema de cimentación a base de grandes bloques de piedra (zarpas), umbrales pétreos de carácter romano (presentes también en Mérida y Julióbriga)-, sorprende la total ausencia de materiales característicos de la época histórica de ocupación romana, en lo que es el núcleo de la ciudad medieval: cerámica de terra sigillata, lámparas, monedas...
De todo ello, se podría deducir, en principio, la continuidad de los usos, técnicas y materiales constructivos en una época -la altomedieval-, inmediatamente posterior a la desaparición del modo de vida romano, pero no necesariamente la presencia de una ciudad.
Ahora bien, la población del lugar en época romana está asegurada -ya lo estaba con anterioridad al hallazgo de la fuente-, debido a la indudable presencia romana en los alrededores de la ciudad: villa excavada en el lugar de Las Murias de Paraxuga (Facultad de Medicina), restos romanos de Fitoria y Villamejil; topónimos correspondientes a posesores de villas: Constante (en el lugar donde, en el s. IX, Ramiro I construyó Santa María de Naranco, en cuyo altar se menciona la restauración de una morada consumida por su antigüedad), Villamorsen, Loriana, Vidayán, Lúgido, etcétera. Pero todo esto no indica necesariamente la existencia de una ciudad. De hecho, no se han hallado trazas de urbanismo romano en el Oviedo amurallado.
Por otra parte, nosotros venimos defendiendo, desde 1993, al hablar de los accesos de Foncalada, que las calles que forman el eje vertebral N-S de la ciudad medieval: Cimadevilla-Rúa-San Juan (desde donde se accedía a Foncalada) se corresponden con la vía romana que desde Legio (León), se dirigía a Gigia (Gijón), y que, inmediata a la ciudad medieval, se cruzaba con otra, de trazado E-O (que discurría por la antigua calle de Traslacerca, actual Jovellanos), enlazando la comarca central con los extremos oriental y occidental de la región.
Es, por tanto, perfectamente factible que, según los usos de la época, a la orilla de dicha vía, y aprovechando la presencia de un manantial, se situasen una, o varias fuentes (Barrena Osoro, E.: 1993), donde, además, y siempre de acuerdo con los ritos religiosos vigentes en la época de la Tardo-Antigüedad, se rindiera culto a las aguas -con lo que tal vez tenga que ver el topónimo Ouetdao-. Ello, aunque evidentemente implica poblamiento, no conlleva necesariamente la existencia de una ciudad, y sí, probablemente, la de un tipo de establecimiento, de tipo "evergético-religioso", aprovechando la necesaria atención debida a los usuarios de la vía de comunicación.
En este sentido, la lectura de la escritura de fundación del monasterio de San Vicente, otorgada por los monjes el 25 de noviembre de 781, narrando cómo Máximo había llegado 20 años antes ".a este lugar que se llama Oviedo, y lo cultivaste con tus siervos, encontrándose desierto y áspero y sin que nadie lo poseyera.", nos lleva a dos observaciones: los 20 años transcurridos indican, en el Derecho Romano, el plazo de prescripción de la propiedad de bienes inmuebles, es decir: pudieron encontrarse con edificios abandonados, esperando veinte años para adquirir su propiedad (Usucapio); por otra parte, podemos pensar que el hecho de la reiteración en la narración de la soledad, aspereza, y abandono del lugar, carecería de sentido si, efectivamente, se tratara de un lugar nunca poblado con anterioridad.
Ello nos mueve a pensar en la posibilidad de la apropiación, por parte de los monjes, de un lugar abandonado, a la orilla de una vía romana, dotado de infraestructuras hidráulicas -y, tal vez, incluso edificios-, que los colonos pudieron aprovechar en su fundación; esta misma realidad material, sin duda conocida por el príncipe Fruela I, sería la que le llevó a la fundación, en el mismo lugar, de la primitiva basílica de San Salvador y de la iglesia de los santos mártires Julián y Basilisa.

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