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Asturias

23.11.08 -

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El Servicio de Neonatología del HUCA, 'Neo', es un útero cálido y seguro -compuesto por un jefe de servicio, el doctor José López Sastre, y un staff de diez facultativos- al que sólo se puede acceder tres medias horas repartidas a lo largo del día. Es el tiempo de visita de las madres y los padres, que esperan a las puertas de la unidad para poder estar con los pequeños, una cola que, muchas veces, se convierte en una «terapia de grupo» donde ponen en común sus experiencias.
«Para ellos, resulta muy duro tener que separarse de sus hijos», afirma la doctora Belén Fernández Colomer, que explica que «tener un bebé prematuro no se parece en nada a lo que esperaban» y que, muchas veces, «ni siquiera tienen la sensación de haber sido padres, porque no pueden llevárselos a casa».
Por eso, el HUCA pondrá en marcha a partir de enero el Programa Canguro, «muy demandado» y que permite a las madres tener a su bebé piel con piel en el pecho durante un par de horas diarias «en las que el pequeño duerme profundamente».
«Falta espacio»
El único problema, asegura la doctora Colomer, es que en la unidad, dividida en dos áreas -la de cuidados intensivos y otra de cuidados intermedios, a la que los bebés acceden antes de recibir el alta-, le «falta espacio», una cuestión que esperan solventar con el traslado al hospital que se construye en La Cadellada, que «tendrá incluso un hotel de madres, con tres o cuatro habitaciones para que puedan quedarse a dormir con ellos».
«Tanta ocupación ha provocado que hayamos tenido que derivar bebés a otras comunidades como el País Vasco o Cantabria, con las inconveniencias que eso supone para una familia». Aunque también reciben niños de cuando en cuando. Fundamentalmente, de Castilla y León. Y el peso de la inmigración también se nota: «Ahora mismo hay un niño chino, otro colombiano y un africano, así que a veces tenemos que recurrir a intérpretes».
Mientras que el nuevo HUCA se levanta, prosigue Colomer, «se intenta dulcificar al máximo el paso de los bebés por la unidad». Y así, «se procura que los padres tengan el mayor contacto físico con ellos, que les pongan música o les traigan grabaciones con cuentos que se ponen en la incubadora y prendas de vestir, que colaboren en su cuidado, porque no hay que olvidar que es un lugar con dolor, donde los niños sufren y donde pueden pasar 3 ó 4 meses».

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