Rodrigo Gutiérrez tiene 26 años, y su hija 26 meses. Hace casi dos años, poco después del nacimiento de la niña, su ex pareja decidió poner fin a la relación. Desde entonces, este joven avilesino se ha visto inmerso en una prolongada lucha por defender el derecho a ver a su hija.
La pesadilla se inició cuando su ex pareja decidió emprender una nueva vida en Fuerteventura «un mes después de dejarme», relata Gutiérrez, que apela a la opinión pública como última opción. Y ello pese a que «mi abogada me lo ha desaconsejado», afirma.
Tras la marcha a Canarias de su ex pareja y la niña, un juez decreta en primera instancia que él tiene derecho a recoger a la niña y traérsela a Asturias una semana cada mes. Además, tendría derecho a estar con ella en julio y agosto y durante las vacaciones de Semana Santa y Navidad. Ese régimen incluía el pago, por su parte, de una pensión alimenticia para la niña de 250 euros.
La madre, no conforme con esa situación, recurrió a una instancia superior. Mientras tanto, prosigue Gutiérrez, él iba a Canarias a por su hija una vez al mes, para que una semana después fuera la madre quien viniera a por la menor para regresar a Fuerteventura.
Pero unos meses después, la Audiencia Provincial emitió una nueva resolución en la que estimaba en parte las pretensiones de la madre, elevando hasta los 300 euros mensuales la pensión a sufragar por Gutiérrez para la manutención de su hija. Al tiempo, el juez modificaba el régimen de visitas, al considerar inadecuado que la niña fuera sometida a los largos desplazamientos en avión entre Fuerteventura y Asturias. A partir de ese momento, Rodrigo Gutiérrez se vería obligado a permanecer en la isla con su hija durante un máximo de cinco días, preferentemente entre viernes y martes durante el primer fin de semana de cada mes. Y eso ha acabado por desquiciarle, no sólo a él, sino a su familia.
«Esa decisión la adopta el juez sin contar con un informe psicológico sobre el efecto que puede tener para mi hija volar en avión una vez al mes», lamenta Gutiérrez, quien señala que está valorando a qué tipo de recurso judicial puede ahora optar.
Así, mientras con el sistema anterior compartían él y su ex pareja los costes por desplazamientos al que obligaba la distancia entre ambos, ahora debe asumirlos él al completo. Y a ellos añadir el pago del hotel para la estancia de los cinco días que compartirá con su hija. «¿Acaso no es peor para ella estar en un hotel con su padre que en su casa en Asturias?», se pregunta el joven, quien se ve obligado a «hacer milagros» para reunir cada mes el dinero con el que poder ver a su hija.
«Estoy en el paro y gano 740 euros al mes, y me está siendo imposible encontrar un trabajo. Además, ¿dónde lo voy a encontrar que encima me dejen cinco días para irme a Canarias todos los meses?», se pregunta mientras esgrime facturas y billetes de avión, cuya suma no baja de los seiscientos euros. «Eso, sumado a la pensión, me está suponiendo casi mil euros al mes, más los gastos de estar cinco días en Fuerteventura», explica el joven. «Reúno el dinero gracias a que vivo con mis padres y a la ayuda de ellos y de mis hermanos», explica aludiendo a una familia que ha visto así drásticamente cortado su contacto con sus abuelos y tíos paternos.
Volver de vacío
La situación se volvió incluso más dura para Rodrigo Gutiérrez cuando el pasado mes de enero se presentó en Fuerteventura para comprobar que en la casa de su ex pareja no había nadie y se tuvo que volver de vacío. «Me tengo que comunicar con ella por carta. No me coge el teléfono», afirma acerca de quien compartiera con él su vida durante tres años y que, según cuenta el joven, al mes de romper su relación se establecía con otro hombre en la isla canaria. «Ella adujo en el juicio que se fue allí porque tenía más oportunidades laborales, pero no pudo demostrar más que estuvo 22 días como comercial con un contrato que aquí consigue cualquiera», apunta Gutiérrez, quien da por hecho que la marcha de ella a Fuerteventura tendría como intención «poner tierra de por medio para ver si yo me olvidaba de mi hija».
Pero él, afirma, no resignarse «a ser un mero padre visitador, que es en lo que quieren convertirme», y pide poder actuar como padre, «tomar decisiones», participar en la educación de su hija. Y afirma estar dispuesto a todo para lograrlo.