El ex secretario general del Partido Popular y ex vicepresidente del ejecutivo de José María Aznar, Francisco Álvarez-Cascos, culpó ayer al actual Gobierno de la crisis económica que vive el país con un encendido discurso en el que pidió reeditar los pactos de La Moncloa que todas las fuerzas parlamentarias firmaron en 1977 ante la grave situación económica del país.
Hace cinco años que Cascos había anunciado que abandonaba la política, pero ayer hizo un paréntesis. Para ello, aprovechó el acto de entrega de las Sardinas de Oro de la fundación 'Sabugo, ¡Tente firme!', que compartió con Santiago Carrillo y Gustavo Suárez Pertierra.
En el momento de pronunciar el pertinente discurso, que el histórico dirigente comunista y el ex ministro del PSOE aprovecharon para agradecer el reconocimiento recibido, Cascos se lanzó a opinar sobre la situación política y económica de España y a analizar el papel jugado por el Gobierno actual.
«Si se admite que la actual crisis es mas grave que aquélla (la de 1977), las actuales fuerzas parlamentarias, comenzando por las dos mayoritarias, ya deberían de haberse puesto de acuerdo para instar al Gobierno a firmar un gran pacto nacional contra la crisis, y para poner coto a la lamentable política de navajeo, burdamente protagonizada por las cloacas del Ministerio del Interior, de la Fiscalía General y del Instructor de cámara de la Audiencia Nacional, e inspirada en móviles sectarios y nada democráticos», arengó al auditorio del Palacio Valdés.
La larga frase levantó en el patio de butacas algún murmullo más de los que se sintieron cuando, poco antes, señalaba que «el consenso constitucional de 1978, hoy se tambalea agitado por la radicalidad antiespañola, hasta el punto de dividir entre 'constitucionalistas' y 'nacionalistas' las alternativas de Gobierno en algunas comunidades autónomas». En el auditorio, el 'peneuvista' Iñaki Anasagasti y el asturianista Xuan Xosé Sánchez Vicente escuchaban circunspectos.
Pero más allá de cuestiones identitarias, lo que centró el discurso de Álvarez Cascos fue la economía, bien manejada, según él, por su partido, y desestabilizada en los periodos gobernados por el PSOE. «Después de un breve respiro, las tasas de paro repuntaron hasta el 25% con cuatro millones de parados en 1994 y 1995. Ello obligó al Gobierno del que formé parte a adoptar medidas urgentes, difíciles y profundas para conseguir que España reuniera todas las condiciones de entrada en la Europa del euro. Y lo conseguimos», comentó.
Ahora, en cambio, el panorama es sombrío. La crisis financiera impide que el dinero fluya y no hay una política decidida de apoyo a la industria y a todo el tejido empresarial. Como ejemplo, citó la «colosal subida de la tarifa eléctrica», que ha tenido entre sus resultados «el cierre del horno alto de Veriña».
Pero aún hay más. Según Cascos, el Gobierno tampoco está invirtiendo en infraestructuras lo necesario. Como ejemplo, citó los retrasos de la variante ferroviaria de Pajares y la autovía del Cantábrico o la renuncia al AVE del Cantábrico, entre otras. Además, considera que el plan de inversiones puesto en marcha a través de los municipios son «migajas». En cambio, recordó como bajo su gestión al frente del Ministerio de Fomento «hicimos la planificación de las obras para el periodo 2000-2007 en el puerto de Avilés».
Consenso nacional
Cascos quiso dulcificar al final su discurso. «Se debería de articular como prioridad política básica un gran consenso nacional, semejante a los pactos de La Moncloa de 1977». Y también abogó por «que se volviera al ambiente cordial y constructivo entre los partidos nacionalistas y los estatales, en el que se vuelvan más centradas las posiciones sobre el modelo de estado».
Media hora después, le tocó el turno al presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces. «No se preocupen, no vengo a hacer ningún discurso político», advirtió con un anuncio que levantó aplausos. Areces, no obstante, no pudo evitar veladas alusiones al discurso de Cascos, defendiendo «la pluralidad del Estado» y dando por consolidada la estabilidad democrática del país, y expresando su confianza en «planes esenciales de los gobiernos socialistas».
Parecía así reeditarse la «controvertida relación» que Cascos y Areces mantuvieron durante años, según reconoció el presidente autonómico. Y ello pese a que, por activa y por pasiva, el ex ministro del Partido Popular aseguró por la mañana que no piensa en su «resurrección» política.