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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Avilés

AVILES

Maquetas de las instalaciones, miles de fotografías, películas, piezas originales y hasta dos centrales telefónicas constituyen una parte del legado de Ensidesa
19.08.09 -

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Un futuro Museo de Ensidesa podría tener problemas de viabilidad económica, de espacio físico, de costes de personal. Pero tendría resuelto el primer escollo que habitualmente hay que salvar cuando se habla de abrir un nuevo espacio museístico: los contenidos.
En primer lugar, el de Ensidesa sería un museo único, exclusivo, como corresponde a una empresa que se concibió, nació y se desarrolló en Avilés. Ninguna otra ciudad del mundo podría albergar los contenidos de los que aquí se dispone, listos además para su exhibición, y dejando al margen la ingente cantidad de documentación técnica de la obra y del funcionamiento de la empresa.
En el actual archivo de Ensidesa se cuenta con unas quince maquetas aproximadamente de instalaciones como la Térmica, las acerías LDI y LDIII, un gasómetro, un horno alto, los torpedos o hasta el barco Euskalduna, construido en el País Vasco, pero con chapa de Ensidesa. Por no hablar de las dos maquetas gigantes de las factorías de Avilés y Gijón (ésta de 6 metros de larga por 1,5 de ancha), que se rescataron de un almacén de la antigua sede del INI, en la madrileña Plaza de Salamanca.
Está catalogadas además entre 50.000 y 60.000 fotografías, algunas de gran formato, como las de Adolfo López Armán, a las que se suman otras de profesionales avilesinos bien conocidos: Novel, Huerta, Antuña o las de Foat (aéreas). Existen además más de 300 álbumes de fotografías, realizadas en su día por encargo de Entrecanales, luego cedidas a Ensidesa. A todo ello habría que sumar las películas antiguas sobre la construcción de la empresa, películas ya recuperadas que ocupan 50 deuvedés, muchas de ellas pertenecientes al NoDo, que durante mucho tiempo acudía cada quince días para llevar al resto del país la propaganda de una de las grandes obras de industrialización del régimen de Franco.
El archivo no se agota ahí. Las piezas originales son deslumbrantes: desde motores en cuyo interior podría meterse una persona de pie u otras tan singulares como una bomba Kapland. Por no hablar de aparatos de medida de precisión, guardados durante años en unas condiciones ambientales estrictas para su conservación y perfecto funcionamiento. O aparatos informáticos como el que guarda los cinco discos duros con los que se encendía todo el sistema. O las dos primeras centrales telefónicas de las que se dispuso. Se podría descender incluso a detalles como las botas de seguridad con suela de madera que se utilizaban en Baterías, o los cascos de aluminio que hubo que retirar por ser conductores de electricidad.
Piezas de un museo único.

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