El Comercio

La Estrella se apaga después de 50 años

Ernesto Corugedo posa ante uno de los hornos de La Estrella de Miranda.
Ernesto Corugedo posa ante uno de los hornos de La Estrella de Miranda. / MARIETA
  • La popular panadería de Miranda cierra al no poder asumir los cooperativistas la marcha de dos líneas de venta

'La Estrella de Miranda' ha dejado de lucir. 50 años después de que Pedro Acevedo Villa se instalase en Avilés para tratar de aprovechar el 'boom' de Ensidesa, como antes había hecho en Posada de Llanes y Oviedo, la panadería avilesina ha cerrado sus puertas. Lo ha hecho en medio de mucha pena. Alguna que otra lágrima y la rabia de no poder acabar la vida laboral donde los cinco trabajadores de la misma la comenzaron hace más de cuatro décadas.

Hace doce años, un grupo de trabajadores de La Estrella de Castilla, ante la jubilación de Pedro Acevedo, decidieron formar una cooperativa y se comprometieron a mantener abierta la panadería, aunque con el cambio de nombre para no coincidir con la que el hijo del anterior dueño tiene en Posada de Llanes. Se comprometieron a mantenerla abierta mientras pudiesen. Fue un compromiso que cumplieron hasta la pasada semana. La marcha de dos líneas de venta ha provocado el cierre. Con las otras cinco las pérdidas no se harían esperar y antes de hipotecarse han decidido echar el cierre, pero con mucha dignidad y la frente alta. «Hemos renunciado a las indemnizaciones para pagar a proveedores y ahora estamos tratando de vender la mercancía -harina, gasóleo...- que tenemos todavía en stock», explica Ernesto Corugedo, que sobre todo quiere agradecer a la familia Acevedo que nos «regalase la oportunidad de seguir haciendo lo único que sabíamos hacer. Ahora mismo quedábamos cinco personas -José Peña, José Antonio Ortega, José García y Manuel Peña, además de Ernesto Corugedo- trabajando en la panadería y todos empezamos con catorce o quince años. Toda nuestra vida se queda ahí, pero la vida es así y estamos muy orgullosos de haber trabajado aquí».

La panadería ya no suena. La harina tirada por el suelo, las máquinas metiendo un ruido infernal, los trabajadores deambulando de un lado a otro, casi sin hablar, sabían lo que debían hacer sólo con mirarse... Era la rutina.

«Prueba estas magdalenas y lleva una piragua. Se tarda tres horas en hacer. Pero es una delicia. Pan de verdad, no como ese...», mientras lo cogía recién salido del horno, sin guantes y con las manos acostumbradas a base de horas y días haciendo lo mismo. Siempre lo decían orgullosos. Eran algunos de los productos que llevaban esa 'estrella', la de Miranda, la misma que ahora parece un fantasma a la espera de ser desmontada para dejar el viejo caserón del que salió el pan para muchas casas de Avilés y su comarca.

«Estamos muy agradecidos a todos los que han confiado en nosotros a lo largo de todos estos años. Ha sido mucha gente», señala Corugedo rememorando tiempos no muy lejanos en los que como buena cooperativa todos arrimaban el hombro y pasaban muchas veces más de veinticuatro horas sin dormir para poder cumplir.

Ya no tendrán que hacerlo. Ahora deberán buscar un trabajo para sus últimos años de vida laboral. Unos no quieren volver a pisar una panadería, a otros no les queda otro remedio. Lo que tienen claro es que «nuestra intención era jubilarnos en la panadería, nuestra panadería, pero la marcha de esas dos líneas de reparto nos ha dejado sin la posibilidad de hacerlo».

Ha llegado el momento de echar el candado. El viejo caserón que alquilaban para su 'Estrella de Miranda' ya no volverá a oler a pan recién hecho. Llega la hora de desmontar las máquinas y decir adiós a 'El Chiquitín', ese horno con casi cien años que cada vez que se estropeaba tenían que desembolsar medio riñón a una empresa del País Vasco para que lo arreglase. Un dinero que dolía menos por aquello de mantener una tradición que ahora se extingue entre la pena.