El Comercio
Leví Pérez Carcedo, antes de comenzar su intervención. :: marieta
Leví Pérez Carcedo, antes de comenzar su intervención. :: marieta

«La lotería es el elemento redistributivo más injusto»

  • El profesor Pérez Carcedo aplica la doctrina económica al análisis del gasto de dinero en juegos de azar

Soñar con ganar un premio en la lotería no es gratis pero sí barato. Aunque lejos de incitar al juego de azar, lo que ayer hizo el profesor de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Oviedo, Leví Pérez Carcedo, en la charla impartida en el Centro de Servicios Universitarios fue pasar por el tamiz de los números y de la teoría económica la irracionalidad de apostar a la lotería, un instrumento recaudatorio de primer orden para el Estado. «Nadie apuesta racionalmente porque si no, no apostaría», apuntó.

Enmarcada en el ciclo 'Economía en la vida cotidiana', organizado por la Universidad de Oviedo, la conferencia 'Soñar no es gratis: Interpretación económica del consumo de lotería', trató de poner de relieve los aspectos económicos de algo «tan popular en España como la lotería» y que son en su mayor parte desconocidos o, al menos, ignorados. Pérez Carcedo advirtió que «soñar no es gratis» y que la lotería es, a todas luces, «injusta».

Durante su charla, intentó responder a las dos preguntas sobre las que gira toda la teoría económica del consumo de lotería: el perfil del jugador y por qué se juega si se sabe que las probabilidades de que toque son escasas.

Los economistas que han analizado el fenómenos anotan la «regresividad» de la lotería. «En cierto modo, tiene sentido porque son quienes tienen rentas bajas los que más esperanzas depositan en la lotería». Desde esa perspectiva, «si esa financiación la soportan las rentas más bajas, cabe afirmar que la lotería es el elemento redistribustivo más injusto que hay». Pérez Carcedo apuntó que juegos como la Lotería Nacional son más «progresivos».

Además, «siempre reparte menos de lo que recauda» y la probabilidad de que toque es muy baja. Sin embargo, algo tiene que empujar a la gente a jugar. Fenónemos como la del Sorteo Extraordinario de Navidad aparte, con su estrategia de marketing incluida, el precio de la apuesta «es ponderado en función de la probabilidad de que toque», pero ni es gratis ni es probable.

El profesor resaltó que Loterías y Apuestas del Estado factura 8.500 millones anuales. «Estamos hablando que en el ranking de las mayores empresas españolas sería la novena por detrás de algunas como Repsol, Cepsa, El Corte Inglés o Mercadona». Es un producto «que el Estado usa en su propio beneficio y que no está mal visto» porque su implantación siempre se ha justificado por los beneficios de una recaudación con la que se sufragan infraestructuras y servicios como sanidad o educación. Desde ese punto de vista se le atribuye la imagen de «bondad, de que estás contribuyendo a algo deseable». Con el añadido de que «de todos los productos del juego, el de la lotería es el que menos problemas de ludopatía genera».

-¿Y usted juega?

-(Risas) Me declaro jugador.