El Comercio
Emilio de Diego, ayer en La Granda.
Emilio de Diego, ayer en La Granda. / MARIETA

«El Congreso de Viena fue el primer ensayo de asamblea de naciones»

  • El profesor Emilio de Diego García dirige el curso de La Granda que analiza la evolución de Europa después de la batalla de Waterloo

La historia regresa a los cursos de La Granda de la mano de una efeméride como es el doscientos aniversario de la batalla de Waterloo, el enfrentamiento que en junio de 1815 supuso la victoria definitiva de la Séptima Coalición liderada por el Reino Unido sobre el Primer Imperio Francés de Napoleón Bonaparte. Las armas callaban en el continente después de 25 años de guerras donde, más que naciones, los contendientes eran dos visiones distintas del mundo.

De ahí que el profesor Emilio de Diego, secretario general de la Real Academia de Doctores de España, definiese ayer en La Granda a Waterloo como un «hito» en la historia, el momento en el que produce una colisión tectónica entre dos formas diferentes de ver el mundo.

«De Waterloo nace la Europa de la Restauración, la idea de la soberanía de la Séptima Coalición era diferente a la de Napoleón», comentó De Diego. La primera una visión tradicional, legitimista, frente a la visión revolucionaria de Napoleón que, como hijo de la Revolución Francesa, asumía que la soberanía se encontraba en el pueblo. «Las ideas francesas triunfaron a lo largo del siglo XIX, con las diferentes revoluciones de ese siglo. La idea de nación es polisémica, no es una idea discutida y discutible» apuntó De Diego.

Entre los frutos más concretos de Waterloo se encuentra el Congreso de Viena del que ayer destacaba De Diego que «se puede considerar como una primera asamblea general de naciones, en la que participan todos los vencedores de Napoleón para definir el futuro del continente con dos principios: el equilibrio continental, con lo que los ingleses se reservaron el dominio del mundo, y la legitimidad sobre el origen del poder».

Diferentes ángulos

A lo largo de la mañana, las ponencias analizaron el significado de Waterloo desde diferentes perspectivas: desde la práctica ausencia de presencia española en la batalla a su dureza que conmocionó al mismo Wellington, siendo conscientes los aliados que si bien la victoria fue incuestionable, no menos cierto fue que podían haber salido derrotados.

Los debates analizaron la repercusión de los acontecimientos en la literatura de la época, pero también otros aspectos como la necesidad de la financiación para la actividad militar. «Napoleón siempre decía que para ganar una guerra necesitaba dinero, dinero y dinero. En Waterloo, comprobó las consecuencias de las dificultades de Francia para financiarse frente al oro del que disponía el Reino Unido», apuntó el profesor de Diego.

Siguiendo en esa línea, en uno de los debates surgió el papel de los Rothschild en la financiación del esfuerzo militar británico durante los 25 años de guerras napoleónicas. «Ese esfuerzo fue muy cuestionado incluso en el Reino Unido. Luego, en el Congreso de Viena, los Rothschild hicieron saber su contribución a la victoria», recordó Emilio De Diego.