El Comercio
Josep Pàmies, ayer, en Corvera.
Josep Pàmies, ayer, en Corvera. / MARIETA

«A quienes advertimos sobre la carne roja antes que la OMS nos llamaron terroristas»

  • Josep Pàmies Horticultor y divulgador de los alimentos ecológicos

  • El catalán carga contra la apatía de los responsables de Sanidad y de los «intereses inconfesables» de la industria alimentaria

El horticultor y divulgador catalán Josep Pàmies despierta sentimientos encontrados. Para unos, es una voz libre que desenmascara los intereses ocultos de las industrias farmacéuticas y alimentarias, principalmente. Para otros, es un pseudomédico al que no hay que concederle credibilidad alguna. Promotor de la agricultura ecológica y difusor del poder curativo de las plantas, ayer estuvo en Corvera, invitado por Ekovida, hablando sobre las 'Verdades ocultas en la alimentación y la salud'.

-¿Hay mucho engaño que desenmascarar en la alimentación?

-No hay nada que sea natural a no ser que sea ecológico. Todo lo que se vende en los supermercados son transgénicos o tiene aditivos o pesticidas, que es de verdad donde se esconden los problemas. Por no hablar de los azúcares refinados y los aspartamos, que se venden alegremente. Así tenemos a niños con diabetes y colesterol. El panorama que nos espera será una locura, un auténtico problemón.

-¿Quién está libre de sospecha como informador? Usted critica al colectivo médico pero Josep Pàmies tampoco se libra de esas suspicacias.

-Los jóvenes y la gente de mediana edad saben idiomas y tienen gran capacidad técnica, así que no pueden alegar ignorancia porque pueden encontrar todo la información en la red. Como lo que nos acaba de decir ahora la OMS (Organización Mundial de la Salud) y que algunos ya sabíamos hace veinte años. Y nos llamaban terroristas por decirlo, por decir que las carnes rojas y los procesados son malos. Y ojo, no estoy hablando de un jamón ibérico.

-Usted mantiene una relación de amor/odio con la OMS

-Sí, porque fue creada para orientar a la humanidad en una dieta saludable y se ha convertido en un organismo regulador de medicamentos . Es una vergüenza porque lo inteligente es prevenir enfermedades, no curarlas. Y es nuestra misión forzar al organismo a que cumpla su función.

-Según usted no es el único organismo que está prostituido, también lo ha escrito de la ciencia médica. ¿No es mucho decir?

-No lo digo yo. El Premio Nobel Richard Roberts dijo hace ocho o nueve años que sacar un fármaco no es rentable y que cuando la farmacéutica encuentra un medicamento que cura se ve obligada a cambiarlo. Que un premio Nobel diga esto y no haya ninguna reacción es un escándalo. O lo que denuncia un libro como 'Medicamentos que matan y crimen organizado', del médico danés Peter C. Gotzche. Son voces cualificadas pero los políticos no les hacen caso porque prima lo económico.

-En internet se encuentran acérrimos detractores de su persona.

-He conseguido que no me afecten las críticas, lo que no quiere decir que no reflexione sobre ellas, pero sé que detrás de muchas hay intereses. A mí no se me puede atacar por ningún título porque no lo tengo, soy la voz más libre.

-Precisamente por eso le tildan de pseudomédico. ¿Por formación académica, no estarían ellos más cualificados para informar?

-En la carrera de Medicina no hay ni una sola hora de nutrición. Además, los médicos se rigen por el juramento Hipocrático, que conmina a prevenir la enfermedad antes que a curarla y, en ese aspecto, los que quieren hacer algo se tienen que salir del sistema.

-Sus opiniones sobre el cáncer son muy polémicas. ¿No lo trivializa?

-El cáncer no es una enfermedad, es un tumor. Yo he vivido con decenas de personas que acudieron a mí desahuciados por la Seguridad Social y el cáncer acabó remitiendo. ¿Por qué? Porque viven cada día como si fuera el último y logran desconectar de la realidad. Yo no me puedo atribuir ese mérito a las plantas con las que trabajo pero las autoridades tendrían que preguntarse por qué hay tantas remisiones espontáneas de cáncer.

-Otra de sus batallas es la stevia, que quiere plantarla y no le dejan.

-La planta de la stevia es el edulcorante ideal para los obesos mórbidos y para curar la hipertensión, entre otras. Lo suyo sería la venta en hoja seca pero los laboratorios Roche ya pidieron 40 patentes, así que me temo que no se levantará el veto a su venta.

-¿Y la stevia que se vende en comprimidos o líquido para edulcorar?

-Otro fraude que no se controla. Venden como stevia lo que no es, porque solo tiene entre un uno y un tres por ciento y eso puede conllevar consecuencias por los diabéticos. Esos fraudes no se persiguen y sí a mí cuando hablo de las propiedades de la planta.

-El caso del niño de Olot que falleció por difteria llevó al descrédito a la corriente anti-vacunas, que usted defiende. ¿Sigue pensando que son armas biológicas?

-La difteria se hubiera pasado si tuviéramos una dosis de antitoxina, como tienen en Rusia, porque la vacuna en esta enfermedad no te inmuniza al cien por cien. Hubo médicos en Francia que con cloruro de magnesio solucionaban la difteria en una noche. Un tratamiento barato que no interesa. No estoy en contra de todas las vacunas, solo de algunas como esta, la del papiloma humano o la de la gripe, que se demuestra totalmente ineficaz, como consta en los informes públicos de 2014. Es más, los profesionales no se vacunan. Todo esto hay que denunciarlo. Me apoyo en la Liga por la Libertad de Vacunación, a la que pertenecen más de 40 médicos.

-Pues la cartilla de vacunaciones suma una más.

-La de la varicela, a partir del 1 de enero. Pediatras como Isabel Bellostas ya han advertido de que esta vacuna va a provocar un incremento terrible de autismo porque está producida con células embrionarias de fetos abortadas. En Estados Unidos se ha hecho eco de ello Theresa Deisher . Esta información hay que tenerla y después los padres pueden definirla.