El Comercio

'La velocidad del otoño' reivindica en escena la sabiduría de la vejez

Magüi Mira se dirige a la alcaldesa en presencia de Juanjo Artero, ayer en el Palacio Valdés.
Magüi Mira se dirige a la alcaldesa en presencia de Juanjo Artero, ayer en el Palacio Valdés. / MARIETA
  • Magüi Mira dirige a Lola Herrera y Juanjo Artero en una obra que une humor y emoción

  • El Teatro Palacio Valdés acoge mañana el estreno nacional de un montaje que sube a las tablas un texto de Eric Coble

Es una alegato en favor del valor de envejecer, de la sabiduría que dan los años, en contra de ese desahucio emocional que es para los ancianos abandonar su hogar para instalarse en residencias. 'La velocidad del otoño', un texto del autor escocés afincado en Estados Unidos Eric Coble, se sirve del humor para poner sobre la mesa una realidad a la que las estadísticas ponen en España una edad media final: los 83 años, 80 para ellos y 86 para ellas, con Asturias a la cabeza en longevidad. Magüi Mira aportaba ayer los datos para presentar un montaje en el que dirige a Lola Herrera, convertida con 81 años en el ejemplo más palpable de que la edad no es un obstáculo para seguir creando, disfrutando, arriesgando y viviendo con intensidad. «Queremos hacer un alegato en favor de este colectivo, porque estamos viviendo un momento penoso, trágico, en el que la sabiduría se ningunea y los ancianos se les deja en las instituciones», apunta Mira.

La manera de llegar al público, de poner el dedo en la llaga mediante la sonrisa cómplice y unas cuantas bombas emocionales que transitan por los caminos del drama, es a través de la peripecia de Alejandra, una mujer inteligente, sensible e insurrecta que se atrinchera con cócteles molotov en su propia casa para evitar abandonarla. Allí llega Juanjo Artero, metido en la piel de Cris, el hijo pródigo que vuelve a casa. Ambos protagonizan la gran conversación a dos voces que es 'La velocidad del otoño'.

«Este es teatro contemporáneo, necesario, comprometido, brillante e inteligente», resume Magüi Mira, antes de ahondar en que del diálogo entre la anciana y el hombre maduro surge un aprendizaje y un crecimiento mutuo. Juntos van trazando un camino que en el que se van encontrando y sorprendiendo. «A veces chocan, se abrazan, se gritan, se susurran, y ambos ganan en madurez, en autoestima», apunta la directora, que dirige a Lola Herrera por segunda vez en su carrera. De ella se ha alimentado como actriz y directora en el proceso de creación de un montaje que mañana llegará a su fin cuando se ponga ante la mirada del público del Teatro Valdés. «Para mí como mujer mayor esta obra significa mucho, porque aborda un problema que existe y que no se atiende», señala la veterana actriz, que advierte cómo los cambios sociales requieren de nuevas políticas para afrontarlos. «No se sabe qué hacer con los mayores, no sé si la solución será gasearnos o fumigarnos», subraya visiblemente molesta con las normas que impiden cobrar una pensión a quienes, como ella, se mantienen en activo. «Esto es un atraco a mano armada», concluye.

El activismo está presente en este montaje, que Lola Herrera considera una buena «llamada al público» para que sea consciente de la situación, pero por encima de todo lo que se busca es hacer reír y entretener, dejando un poso de reflexión pero siempre con el goce del teatro como objetivo principal. Ellos han gozado lo suyo haciendo realidad escénica el texto teatral. «Estamos en vísperas de dar a luz», apunta Herrera, para quien no hay parto sin dolor, aunque los ensayos han conducido a saber cómo respirar para paliarlo, para poder caminar hacia la armonía en el viaje emocional que es una obra teatral, un periplo repleto de espacios de intimidad, generosidad y compromiso entre los actores y la directora.

«Ha sido un proceso maravilloso», resume Juanjo Artero, que no oculta su ansiedad y la inseguridad que aún le une a su personaje. Comparaba Artero el montaje con un coche que aún está en el taller esperando a salir para afrontar unas largas y hermosas vacaciones. Porque mañana llega ese día, el gran día en el que «de repente» todo el trabajo previo ve la luz y recibe el veredicto del público, que siempre es una incógnita: «Nunca sabes qué va a pasar».