El Comercio

Una vida entre galgos afganos

Patricia del Valle, en su domicilio junto a algunos de sus galgos afganos, raza que se caracteriza por su aspecto y pelaje.
Patricia del Valle, en su domicilio junto a algunos de sus galgos afganos, raza que se caracteriza por su aspecto y pelaje. / MARIETA
  • La corverana Patricia del Valle suma varios premios nacionales e internacionales con esta peculiar raza que cría en Avilés

«Muchos, muchos, mejor no lo digo», responde Patricia del Valle cuando se le pregunta por el número de galgos afganos que posee actualmente. Esta criadora de perros de raza, natural de Cancienes, ocupa todas las horas de su día en cuidar de sus camadas, su gran hobby desde hace más de treinta años. «El primer galgo afgano que llegó a mi casa fue cuando yo tenía cuatro años, o sea, que llevo toda una vida dedicada a esto», relata.

Patricia se crió entre perros; su padre y su hermano ya se dedicaban a ello, pero en su caso con pastores alemanes. Ella recogió el testigo y se recorre toda la geografía europea, sobre todo dentro de España y Portugal, presentando a sus canes a concursos y exposiciones de belleza canina, donde cosecha numerosos primeros premios y podios.

Combina su asistencia a estos certámenes con todo el trabajo y el gasto que supone la cría de perros de raza. «Es una afición, no sólo no gano dinero sino que encima gasto una barbaridad», confiesa. La joven vive en una finca con unas instalaciones pensadas por y para sus galgos afganos, y sus dos perros callejeros que rescató hace un tiempo. «Da muchísimo trabajo tenerlos bien y en condiciones, debes disponer de un espacio muy amplio para que jueguen y corran», subraya.

En cuanto a los cuidados, Patricia intenta abarcar todo lo posible; en su casa tiene también una peluquería, donde ella misma se encarga de adecentar a las crías. «No es necesario tener mil cursos, pero sí mucha experiencia que yo, por suerte, ya tengo desde pequeña», recuerda. Su mayor nicho de mercado se encuentra fuera de las fronteras españolas, ya que como ella misma apunta, «tener y mantener un perro de raza no es barato y además está el hándicap de la duradera crisis económica».

Pero a Patricia se le olvidan todas estas complicaciones cuando comienza a hablar de la raza. «Estéticamente son una preciosidad, te dejan sin aliento, pero también me encanta su carácter y esa expresión de orgullo tan característica, como si todo el rato te estuvieran mirando por encima del hombro», explica. De hecho, la joven asegura que es difícil encontrar a un propietario de galgo afgano que finalmente no se anime a presentar a su perro a un concurso.

Por este motivo, procura no entregar ninguna de sus crías antes de los siete meses de vida, ya que hasta entonces no se terminan de desarrollar las principales características del cachorro, sobre todo su dentadura. «En ningún caso lo entrego antes de los tres meses, porque a mítambién me gusta observar las cualidades de cada perro de la camada para mejorar en la siguiente», revela. Así, Patricia se asegura mejorar el estándar de calidad de su particular legado, que promete seguir creciendo y exportando galgos afganos avilesinos a todo el mundo.