El Comercio

El doble cumpleaños de Agustín y 'su' hospital

El doble cumpleaños de Agustín y 'su' hospital
  • Fue el primer niño nacido en el centro sanitario avilesino, hace cuatro décadas

  • Sus padres le cambiaron el nombre que habían elegido en homenaje a la entonces nueva residencia médica, y su padrino fue el director, José Manuel Fanjul

Agustín Carlos Blanco Morales tiene 40 años, exactamente los mismos que el Hospital San Agustín. Sus caminos se iniciaron paralelos en 1976. Cuando la antigua Residencia Sanitaria abrió sus puertas a los pacientes, uno de ellos era su madre, Concepción Morales, que fue de las primeras parturientas en ingresar en el nuevo centro.

«Me puse con contracciones y subí al hospital de las monjas», recuerda. Era lo habitual en aquella época, pero precisamente ese día estaba previsto comenzar a atender los partos en el nuevo San Agustín. «Me dijeron que allí no me cogían y que tenía que subir a la residencia, y me pillé una rabieta tremenda», cuenta ahora, cuarenta años después. Concepción cogió un nuevo taxi y fue la segunda paciente en ingresar en el hospital. La suerte, o más bien la naturaleza, hizo que su hijo fuera el primero en nacer allí. «Ni la Reina tuvo tantos médicos a su alrededor», bromea Concepción.

A la postre, que su hijo se convirtiera en el primer niño en venir al mundo en la residencia sanitaria tuvo su importancia, más allá de la mera anécdota. La más clara fue el nombre del niño. Era su segundo hijo y la pareja ya tenía claro que se llamaría Carlos. El nombre del primero lo había escogido Concepción, y el del segundo le tocaba a su marido, pero el hospital ya había decidido por ellos. La intención del centro es que si era un niño se llamase, evidentemente, Agustín, y si era niña Mónica, como la madre del santo. Se lo pidieron de tal manera que no pudieron negarse, aunque el padre se empeñó en mantener su elección, y así se quedó como Agustín Carlos. «Tengo nombre de culebrón», bromea él.

No fue el único cambio que tuvieron que hacer. El siguiente fue el del padrino. «Ya los teníamos elegidos, pero nos pidieron que fuera el director del hospital, José Manuel Fanjul, y también accedieron. El bautizo se celebró en la capilla del centro sanitario. Agustín estrenó allí también la pila ante una cohorte de familiares y profesionales. «Lo pasamos muy bien y se organizó un pinchoteo en la cafetería», recuerda Concepción.

Le ganó el puesto de primera parturienta por cinco minutos a otra mujer, que aún recuerda que se llamaba María del Carmen, y que fue, además, su compañera de habitación. «Las camas eran mejores que las del Hospital de Caridad, y la comida nos la traían de un restaurante, porque las cocinas todavía no funcionaban», relata. Aún recuerda cuál fue aquella primera comida después de dar a luz: paella y carne guisada.

El niño pesó algo más de tres kilos y, como recuerda su madre «era redondete». Hoy, cuatro décadas más tarde, ya se ha convertido en todo un padre de familia que lleva con mucho orgullo haber sido el primer nacido en el hospital de Avilés. Conserva todos los recortes de prensa de aquellos días y unos cuantos documentos de aquellos días que su madre se encargó de recopilar y que luego le entregó como recuerdo, y aún de vez en cuando los ojea e incluso se los enseña a sus hijos. «Cuando se lo cuento a la gente piensan que les estoy vacilando, pero mi expediente médico es el número uno», asegura.

Otros tiempos

El hospital ha cambiado mucho desde entonces, desde el propio abordamiento de los partos a las comodidades de las habitaciones, que ahora son individuales. A ella le dieron, en cambio, «un camisón que se ataba por detrás y con el que iba medio desnuda», mientras que a su hijo le vistieron con una camiseta con un solo botón, más o menos como ahora.

En aquellos tiempos los pañales desechables no eran de uso común, por lo que Agustín tuvo que conformarse con unas gasas y, en lugar de en las actuales cunas de metacrilato, echó sus primeras siestas en una canastilla o en la cama de su madre, donde tuvo que atender un innumerable ir y venir de visitas, no solo de la familia y los amigos, sino también del propio personal del hospital, deseoso de conocer a la primera criatura que nacía en el centro.

La relación de Agustín con el hospital, sin embargo, ha sido escasa. Tan solo ha tenido que acudir como paciente una vez en la vida. «Volví a que me cosieran la cabeza cuando tenía ocho o nueve años», cuenta. Se había dado un golpe jugando al escondite durante la comunión de su hermano y requirió cuatro puntos de sutura de los que aún le quedan marcas. Otro recuerdo más del San Agustín.