El Comercio

Chloé Cruchaudet, ayer en el Parque de Ferrera.
Chloé Cruchaudet, ayer en el Parque de Ferrera. / PATRICIA BREGÓN

«Mi género no determina mi trabajo, no dibujo con la vagina»

  • Chloé Cruchaudet

  • Dibujante de cómic

  • La artista francesa, una de las invitadas más importantes de las jornadas, habla sobre el papel actual de las mujeres en la industria

Si algo caracteriza a Chloé Cruchaudet (Lyon, 1976), además de su capacidad para transmitir historias a través de sus ilustraciones, es que no tiene pelos en la lengua. La artista visita Avilés para participar en las Jornadas del Cómic y habla sobre el papel de la mujer en la industria.

-El otro día el autor Fernando Blanco dijo que las autoras aportan nuevos puntos de vista a la industria. ¿Está de acuerdo?

-Lógicamente me parece muy interesante lo que hago (risas). No, es broma, pero no sé qué responder. Lo que puedo decir es que he constatado que en los últimos años en Francia cada vez hay más autoras y eso me parece positivo sobre todo por la diversidad que supone. Antes a las mujeres que dibujaban se las encasillaba en la ilustración infantil o juvenil y ahora cada vez somos más haciendo cómic y otras cosas interesantes. Ahora bien, que sean interesantes es por el valor intrínseco de la obra, no porque las hagan mujeres, hay cosas que están bien y otras que son malas.

-Participa en la charla 'Conquistando espacios: La mujer en el cómic' junto a Mary M. Talbot y Sonia Pulido.

- Cada vez que me invitan a un festival o cada vez que hablo con un guionista acaba surgiendo ese tema. Parece que hay una relación que se establece inmediatamente con el hecho de que soy mujer. Que me pregunten qué tiene que ver mi sensibilidad como mujer a la hora de crear el cómic es algo que me sorprende porque no creo que tenga nada que ver. Es como si fuese rusa y me preguntasen cómo influye esta característica en mi creación. No veo que mi género tenga un impacto en mi producción más allá de que sea curioso que seamos pocas autoras. Ya he dicho más de una vez que no dibujo con la vagina (risas).

-¿Pero no le da la sensación de que sigue habiendo un estigma hacia las mujeres en la industria? Hay muy pocas autoras dibujando superhéroes en las compañías norteamericanas, por ejemplo.

-Creo que en Estados Unidos la situación es un poco igual que en el resto del mundo. Probablemente la situación de la mujer se pueda comparar en muchos casos con la lucha de los afroamericanos contra el racismo. Una vez una chica en los años cincuenta le envió una carta a Disney pidiéndoles que le hiciesen una prueba para poder entrar en plantilla como animadora; le dijeron que se olvidara, que no la convocarían ni tan siquiera para una prueba de animación, que lo intentase como colorista. Desde ahí hemos evolucionado, pero es un proceso lento. Yo creo que la clave está en cambiar la educación, que desde las escuelas de arte se enseñe a las mujeres a creer en ellas y su trabajo para que se vean con aspiraciones a todo.

-Entonces sí que continúa habiendo estereotipos.

-Sí. En el Festival de Angoulême el año pasado hicieron un experimento muy interesante. Proyectaron una serie de láminas ante una audiencia y esta tenía que votar azul si creía que la había realizado un hombre y rosa si pensaba que era obra de una mujer. Además, tenían que argumentar su respuesta; se llegaron a oír justificaciones tipo «esta seguro que es de una mujer porque ilustra un salón muy ordenado». Lo cierto es que todos los trabajos que se mostraron eran de mujeres y había desde láminas de ciencia ficción y superhéroes hasta sanguinarias y western. Este experimento probó dos cosas: que no hay diferencia de trazo dependiendo del género y que las personas tenemos demasiados clichés en la cabeza.

-Su obra se caracteriza porque presenta historias y personajes muy realistas. ¿Por qué se inspira en lo cotidiano?

-Cuando comienzo un cómic es casi un pretexto para poder investigar y reflexionar sobre algo. El motor de la historia es siempre un aspecto de la realidad que llama mi atención y no logro comprender. En el caso de 'Degenerado' por ejemplo me interesaba mucho tratar de investigar acerca de todas las posibilidades y las prácticas sexuales de la identidad masculina y femenina. Al principio yo era un poco como el juez que aparece en el cómic, me gustaba poner todo en categorías y pensaba que sólo había heterosexuales y homosexuales que presentaban entre sí comportamientos totalmente distintos que nunca se solapaban. Hacer la obra me abrió la mente y me hizo descubrir que había otras posibilidades.

- Todos estos son temas muy profundos. ¿Nunca se ha planteado elegir otro formato para contar sus historias?

-Yo no era muy charlatana en el colegio, de hecho se pensaban que podría ser autista. Lo que quería encontrar era una forma en la que estuviera cómoda expresándome y este refugio lo hallé en el dibujo. Pero tampoco busco crear una obra de arte, sino que haya una eficacia y una sensibilidad en el trazo que me sirva para poder explicar una historia. Prefiero que me feliciten por el trasfondo de la obra que por la ilustración en sí. No creo que pudiese ser novelista. Tengo cierta sensibilidad para los diálogos, pero no soy buena en las descripciones.