El Comercio

«Ya nos preparamos para la próxima»

  • Comerciantes y vecinos de Llano Ponte culpan de las inundaciones a la reurbanización «mal hecha»

  • Los afectados califican lo sucedido de «catastrófico» y lamentan la ausencia de Policía Local y Bomberos en la zona

Los comerciantes y vecinos de la calle Llano Ponte seguían ayer limpiando sus negocios y garajes. Todavía pasarán varios días, incluso semanas, para que vuelva la normalidad a una zona que el viernes vivió lo que todos califican como la peor inundación de la historia. Entre ellos reina el pesimismo porque están convencidos de que no será la última vez.

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De hecho, la mayor parte de los comerciantes aseguran estar preparándose ya para la próxima y piensan en la adquisición de aspiradoras de agua, bombas o tajaderas para sus negocios. Según mantienen, la causa de las inundaciones es la urbanización de la calle, que está «mal hecha», y la construcción de la rotonda de la plaza de Los Oficios «remató la chapuza». Llevan tiempo diciéndolo sin que se les dé la razón, por lo que están convencidos que volverán a vivir pronto escenas como las de este viernes o las de junio del año pasado.

Acostumbrados en los últimos años a que sus negocios sufran las consecuencias de las fuertes lluvias, el jueves los que estaban en sus locales cuando comenzó a llover cogieron el teléfono y, después de dar la voz de alarma a los servicios de emergencia, llamaron a sus compañeros de los negocios de la calle para avisarlos. Pasaban unos minutos de las tres de la tarde y la mayoría de los establecimientos comerciales estaban cerrados. Cuando los propietarios y empleados fueron llegando se encontraron con una zona «catastrófica», según describen.

Vivieron durante horas la impotencia de no poder parar el agua que entraba en sus locales y de la total ausencia de agentes de la policía o bomberos. «Sólo vinieron seis trabajadores de Aguas de Avilés que no podían hacer nada, se colocaban encima de las tapas de registro para evitar que saltaran y nada más», relata Carlos González, de la tienda de Deportes Pardo.

Las quejas en relación a la ausencia de policías locales en la zona se repiten. También la tardanza en cortar el tráfico, que hizo que las olas que se formaban al paso de los coches y autobuses entrarán más en los negocios. Y a todo ello suman quejas por el mantenimiento de la red de saneamiento, «pagamos cien euros todos los meses para el alcantarillado, no sé a dónde va el dinero, pero está claro que a aquí no», asegura Bárbara González, de Immaginazione, que afirma que el jueves «no se acercaron ni a levantar una tapa de alcantarilla».

Mucha agua y algunas camisetas mojadas son los principales daños de un establecimiento que ha sido previsor y después de las últimas inundaciones ha colocado las máquinas con altura sobre el suelo y también la zona de almacenaje.

Mayores pérdidas se dieron en otros locales de la calle, como la antigua Farmacia Real, donde perdieron parte de los medicamentos que guardaban en su nevera; o en Poliortos, donde sacaron de debajo del agua un láser valorado en 9.000 euros, además de diverso material de ortopedia que no podrán recuperar. Rosa María Díaz, como otros de los comerciantes que llevan años en la calle, no recuerdan una inundación igual. Saben en qué calle están y de hecho ya cuentan con una bomba para achicar agua, pero que no pudo funcionar porque durante horas no hubo luz en la calle. También el fotógrafo Javier Granda ha sufrido pérdidas de gran importancia en su estudio, desde los ordenadores a los objetivos de las cámaras, pasando por todo tipo de material fotográfico.

El librero Pedro Menéndez todavía no ha hecho cuentas, pero sus pérdidas son cuantiosas. Durante la mañana de ayer se dedicó a sacar todos los libros mojados y que no podrá recuperar. Los iba dejando sobre el banco situado frente a su librería, en donde los recogió una familia gitana para el reciclaje. Todos los que estaban en la parte de abajo de sus estanterías, «de cuarenta centímetros para abajo todo esta perdido». Son libros antiguos.

Seguirá limpiando durante todo el fin de semana con la intención, si puede, de abrir el lunes.

En la farmacia María José Simal tuvieron más suerte que en la de la antigua de la Real. Una de las hermanas, la propia María José, estaba en el interior del local cuando comenzó la lluvia y asistió impotente a la entrada de agua. Tuvo el tiempo justo para subir medicamentos y demás productos situados en los estantes más bajos. El agua llegó al final de la farmacia, en donde están los despachos y almacén, la tarima y el pladur que divide las zonas, que han quedado destrozadas. «Esta farmacia lleva 51 años aquí y nunca había pasado algo así», lamenta Marifrán Simal, que, como sus vecinos de Pardo, alertaron de los problemas que podrían traer el diseño de las aceras y la calzada cuando se hicieron las obras de reurbanización y la rotonda.

Camino González y Carmen García llegaron a Lunares Telas poco tiempo después de que el agua anegara la calle. Sus propietarios, que están en una feria fuera de Asturias, ya sabían lo que estaba sucediendo. La edición digital de este periódico y las redes sociales comenzaron a difundir rápidamente el suceso. De poco les sirvió esa rapidez, porque no pudieron entrar en la tienda hasta pasadas varias horas, ya que si abrían la puerta entraría más agua. Cuando por fin accedieron al interior vieron que también el agua salía del baño, «no sabíamos qué hacer, cómo sacar el agua, pero ni policía ni bomberos pasaron por aquí en seis horas». El pasado mes de julio habían reformado el local y predomina la madera, que ya estaba dejando ver ayer las consecuencias de la inundación.

Otros locales afectados fueron el de Xinjun Liang, que cree que necesitará al menos quince días para volver a la normalidad. Después de diez años en Llano Ponte, asegura que la del jueves fue la peor inundación «el agua subió muy rápido y entró en todo el comercio, hasta el final».

En una calle comercial como esta nadie se libró. Peluquería, carnicería, los locales en alquiler en los que todavía ayer se podía ver el agua en el interior a través de sus escaparates, o el restaurante La Dársena donde los comensales comieron entre agua y algunos salieron por obligación con zapatos en mano para poder llegar a sus puestos de trabajo. Tampoco el centro de salud, cuyos bajos quedaron anegados y una cuba trabajó durante todo el día para sacar el agua. La inundación afectó a la maquinaria del ascensor y ayer se habilitó una sala en el bajo para que los médicos y enfermeras atendieran a las personas con dificultades de movilidad que acudían al ambulatorio.

Los vecinos también se afanaban ayer en limpiar portales y garajes. En uno de ellos, el presidente de la comunidad, Manolo Rodríguez, explicaba como la suerte había hecho que el jueves estuviese en el garaje cuando comenzó a entrar agua y que una persona le ofreciese unos tableros para retener parte del torrente que bajaba por la rampa. Durante horas los estuvo sosteniendo, «eso evitó que el agua llegase al techo». Aún así un camión de bomberos de Oviedo, que llegó después de horas requiriendo ayuda, tuvo que aplicarse hasta bien entrada la madrugada para achicar el agua. Ahora toca recontar daños en estructura y vehículos.

Él, como Pili Arias, vecina de la calle, al igual que los comerciantes, reclaman que se acometan obras para reformar el diseño de la calle y la rotonda de Los Oficios. Si no se hace aseguran que volverán a verse en una situación igual o más grave.