El Comercio

Alfonso López Menéndez, en la casa rectoral donde termina la mudanza.
Alfonso López Menéndez, en la casa rectoral donde termina la mudanza. / PATRICIA BREGÓN

«El mayor problema de San Nicolás es su estado físico, muy deteriorado»

  • «La parroquia cuenta con un grupo humano muy vivo y es su gran ventaja para afrontar los problemas»

  • Alfonso López Menéndez Párroco de San Nicolás

Hace cuatro años, Alfonso López Menéndez se despedía con lágrimas de San Nicolás y partía hacia Covadonga. Ahora, regresa como titular a una parroquia que busca su estabilidad. Es el primero de sus retos, pero no el único. De todos ellos, conversa con LA VOZ.

-¿Hace cuatro años pensaba que iba a volver a su parroquia natal?

-Para nada. Yo había cumplido un trabajo de siete años y no pensaba que iba a volver. Viendo la situación actual, el arzobispo me comentó la posibilidad. Tener cinco párrocos en cinco años es señal de que algo pasa y, como ya soy conocedor de la parroquia, el ambiente y las costumbres es más fácil aterrizar, ganas un año. Y aquí estoy.

-Nadie suponía que Juan Antonio Menéndez fuese nombrado obispo. Pero, ¿y el resto?

-Son circunstancias diversas. En un caso, el cansancio acumulado del trabajo de vicario y párroco; en el caso del párroco anterior, circunstancias ajenas a él y que no fueron cumplidas. Y, en don Ángel, la jubilación por edad. En todo es caso, es llamativo.

-¿Cómo lleva sustituir a Ángel Garralda?

-Yo no sustituyo a don Ángel, sino a don Ceferino. Don Juan Antonio sustituyó a don Ángel. Y después estuvo don Manuel Antonio. Han pasado tres párrocos. La historia de la parroquia es la que es y no se puede borrar. Tampoco hay derecho a borrarla. Don Ángel es como José Menéndez o Marino Soria, esos sacerdotes venerables de Avilés que contribuyeron a forjar una época.

-¿Le ha comentado algo de la situación de la parroquia?

-He tenido algunas entrevistas personales con gente de la parroquia. Entre septiembre y octubre, las tendré con todos los grupos para presentarme y conocernos. Don Ángel está en un segundo plano. Su presencia en la parroquia es mínima.

-¿Cómo encuentra San Nicolás?

-En el aspecto humano dinámica, con gente trabajando y esforzándose. Y en el aspecto material envejecida. Es la ventaja: si hay un grupo humano muy vivo, podremos trabajar para arreglar los problemas. Pero es una situación preocupante: las goteras, la situación del edificio.

-Su antecesor se quejaba de que no tenía vivienda.

-Desde enero ya había un presupuesto para arreglar la casa. Con los tres pisos libres, el arzobispo decidió que se arreglase como vivienda el tercer piso y los dos inferiores para actividades de la parroquia. Los otros se arreglarán poco a poco. Es una decisión que ya se había tomado antes de que yo viniese.

-¿Sus objetivos para este año?

-Aterrizar, recuperar el ritmo, pues vengo de Covadonga, ver, oír y callar, en la medida que pueda [risas]. Lo que quiero es respetar la autonomía de cada grupo. Son autónomos y tienen su vida. Ahí no me meteré, sólo abogaré por que todos trabajemos en una misma dirección.

-¿Qué tal en Covadonga?

-Los primeros meses fueron difíciles. De estar en un sitio lleno de gente pasas a un lugar que, en invierno, a las cinco de la tarde, no hay nadie. Es difícil hasta que te encuentras.

-¿Y después?

-Covadonga es un lugar que te ayuda a encontrarte contigo mismo porque no hay ruidos. Como me encanta la montaña estaba feliz. En la Escolanía me encargaba a los niños y atendía a los peregrinos en el confesionario, trataba de ayudarlos en las dificultades de búsqueda personal.

-Regresa con bicicleta y dos perros, ¿qué más se trae de la basílica?

-Más biblioteca, que no sé donde voy a poner, y gracias a Fernando Álvarez con más formación musical. Pero sobre todo con el bagaje de una experiencia que no conocía. La parroquia es muy bulliciosa, con un ritmo frenético. Covadonga es la tranquilidad de horarios, casi un monasterio. Me ha ayudado a encontrar a la persona, el tú a tú frente al grupo. Covadonga da para mucho: reflexión personal, tiempo para el estudio. He podido avanzar en el doctorado.

-¿Qué investiga?

-Estoy estudiando la Doctrina Social de la Iglesia desde 1891 a 1930, las implicaciones de la Iglesia con el mundo obrero, lo que colaboró en la formación de los sindicatos.

-Se fue con un Papa y regresa con otro diferente, ¿se ha modificado la vida de la parroquia?

-En el día a día no. El mayor cambio es la percepción de la Iglesia. El Papa actual cae muy bien y despierta mucha admiración. El problema es que igual esa admiración quizá la gente no la tiene a la Iglesia. Tendremos que renovar un poco. Es imposible renovar todo porque no podemos cambiar lo que es la Iglesia, pero sí el estilo, que es lo que cambia el Papa: una Iglesia más cercana, que se acerque a la periferia. Acercarnos a donde puede dar miedo por el rechazo porque tenemos una historia y, a veces, hace que algunas personas chirríen los dientes y existe miedo al encuentro y también al rechazo.

-San Nicolás nunca ha cerrado las puertas a nadie.

-Sí. San Nicolás siempre ha tenido un estilo de estar todos ayudando en todos, abierto a todo el mundo.

-San Nicolás llegó a tener tres sacerdotes y ahora está usted solo.

-La gente me pregunta si voy a poder con todo y mi respuesta es que todos echamos una mano, cada uno trabaja en su parcela y en la misma dirección. Entre todos tiramos del carro. San Nicolás siempre ha tenido gente muy comprometida y eso lo hace todo más llevadero. En ese sentido, la labor de San Nicolás es gratificante. Otras parroquias tienen una situación complicada. Hay que organizarse y racionalizar horarios.

-¿O sea que no va a mandar?

-No soy el capitán. En cinco años pasaron cinco párrocos, pero no quedaron ellos, sino las personas. Mi papel es estar en la sombra, ayudando.

-¿Se mantiene el vivero vocacional?

-Sí. Aún hay cantera. Se ha ordenado un joven este año y puede haber más vocaciones. Siempre ha tenido mucha actividad de jóvenes.

-¿Seguirá como consiliario de la Adoración Nocturna Femenina?

-Sí. Es en Barcelona. Algún fin de semana al año tengo que ir a Barcelona a las reuniones de la comisión permanente, pero, como mucho, son dos veces al año. Todo el trabajo es por Internet. Todos los meses envío un tema de formación teológica que llega a unas 12.000 adoradoras. Tan solo necesito tiempo para escribir.

-¿Para cuántos años aquí?

-Unos cuantos. Aunque me gustaría morirme en una parroquia frente al mar.