El Comercio

La exposición de Carlos Coronas en el Centro Niemeyer traspasa fronteras

La muestra que se puede visitar en el Centro Niemeyer hasta el próximo 2 de octubre.
La muestra que se puede visitar en el Centro Niemeyer hasta el próximo 2 de octubre. / MARIETA
  • El eco de 'Los territorios soñados' en revistas especializadas de medio mundo abre las puertas de nuevas salas al artista avilesino

La revista holandesa 'Frame', 'Bob' (Corea del Sur), 'Farenheit Magazine' o la edición china de 'Elle Deco' son algunas de las publicaciones que se han hecho eco de la exposición 'Los territorios soñados' del avilesino Carlos Coronas que se puede ver en la cúpula del Centro Niemeyer. Una proyección de su obra que proveerá el pasaporte a nuevas salas a un artista que en los últimos años se ha centrado en el estudio y el trabajo de la luz y el color.

Aparte de las referencias en prensa escrita y páginas webs, la instalación de Coronas en la cúpula se aproxima a las ocho mil visitas y todavía se mantiene abierta hasta el próximo día 2 de octubre. Una cifra más que considerable, sobre todo teniendo en cuenta que la obra más visitada el año pasado en este centro cultural fue la muestra 'Inédita', de la fotógrafa Ouka Leele, que llevó a 9.280 personas al hall del auditorio del Niemeyer.

Carlos Coronas sigue trabajando en algunos proyectos que la prudencia aconseja no revelar, pero sí comparte la satisfacción que le están reportando esos 'territorios' abiertos a la imaginación de cada espectador. «El arte contemporáneo son sensaciones. El espectador no tiene por qué imaginar lo mismo que yo pensé cuando estaba creando la obra. No es un proceso cerrado. Es igual que cuando lees un poema. No sabes cuál fue la intención del autor, es difícil saberlo, de hecho, siempre hay un conjunto de cuestiones y antecedentes que son invisibles para el receptor», reflexiona el artista.

Confiesa que, para él, estos 'territorios soñados', piezas geométricas construidas con tubos fluorescentes de colores y distinta intensidad lumínica, que emulan la cadencia de una respiración, son las imágenes que representan ese mundo evolucionado tras el que van millones de personas. «Las luces de colores, como la de neones, anuncios o máquinas tragaperras, funcionan como reclamo y atracción a determinados lugares, que a veces son imaginarios y utópicos», explica el artista. «Ya las catedrales góticas usaban el color de las vidrieras. No eran un fin en sí mismo, sino un elemento de atracción hacia el templo», señala con respecto a esta asociación de ideas.

En 'Los territorios soñados', exposición concebida para la cúpula del Niemeyer, es el desarrollo de otro proyecto nacido en 2010, fecha de la que procede la pieza más antigua de la sala. El resto, fue un trabajo mano a mano con el espacio. «Me interesaba salirme del muro, crear piezas que trabajaran con el espacio, interactuar con la arquitectura de una forma más espacial».

Ese diálogo, de grandes dimensiones y sugerentes luces de colores, estará expuesto hasta el 2 de octubre.

Por otro lado, ayer concluyó la exposición del fotógrafo Javier Bauluz, 'Buscando refugio para mis hijos' en el hall del auditorio y el próximo viernes arrancará la muestra del fotógrafo japonés Masao Yamamoto que realiza un recorrido por sus veinte años de trabajo con la exposición 'Small things in silence'.