El Comercio

La sucesión de intentos de robos y asaltos indigna a la hostelería del barrio de La Luz

Daniel Escapa muestra la puerta forzada de su local.
Daniel Escapa muestra la puerta forzada de su local. / MARIETA
  • Los afectados reclaman más vigilancia policial, aunque asumen que es imposible una presencia constante

Una sucesión de robos e intentos de allanamiento en la hostelería de La Luz ha indignado a un sector donde sus profesionales ven como sus muchas horas de trabajo terminan destrozadas por la acción de los cacos. Las acciones delictivas se suceden, o intentan cometerse, semana tras semana. El pasado jueves, los gritos de un vecino y la presencia de otro paseando un perro, evitaron el robo en El Lloréu, donde en los últimos seis años han entrado en cuatro ocasiones. Esta vez, la presencia de testigos hizo que tan sólo rompieran un cristal, ya repuesto.

El intento más reciente fue en El Naranjal. El pasado domingo, sobre las 4.30 horas, dos personas intentaron forzar su puerta. La vivienda del propietario, Daniel Escapa, se encuentra encima del bar. Despertó a tiempo y logró ahuyentar a los ladrones. «Hace año y medio intentaron entrar y también me despertaron», comentaba ayer mientras señalaba la huella de los delincuentes en su puerta. Una actuación similar se produjo en El Palanqués, donde una chapa protege la puerta rota.

Son pequeñas actuaciones, pero que causan un gran daño. El suficiente para comerse la ganancia de más de una jornada, obligar a un gasto imprevisto y que desestabiliza sus cuentas. Los pequeños establecimientos hosteleros que salpican las calles de La Luz sufren, semana tras semana, estos allanamientos que merman la moral de sus propietarios.

Pero también sucede lo contrario, robos de película como el alunizaje que sufrió El Recreo el pasado 4 de septiembre. Fue un fin de semana especialmente sufrido para los vecinos de la zona sur. También se cometieron otros delitos, como el robo de ruedas en dos vehículos, uno en La Rocica y otro en La Luz, tal como publicó este diario.

En la madrugada de ese domingo, una persona alunizó con un Ford Fiesta blanco del año 1997 para llevarse la máquina tragaperras. El sistema de grabación del local dejó perfecta constancia del suceso. A las 4.30, una persona camina por delante del local y se fija en su interior. Las amplias cristaleras de El Recreo facilitan un análisis rápido.

Un cuarto de hora más tarde, el citado turismo se empotraba contra la cristalera, el conductor salía para coger la máquina recreativa, introducirla en el Ford y huir corriendo. De esta manera se consumaba el primer robo que sufría Rafaela Gámez Herrera desde que el pasado 24 de junio se ponía al frente de un histórico de la hostelería en La Luz. «Claro que necesitamos más vigilancia», comentaba ayer, aunque, ahora, su mayor indignación es con el seguro, que no termina por afrontar la reparación. «Dicen que, con los tablones que puse ya existe una solución provisional y no es urgente», lamenta.

Medidas de seguridad

De momento, ha optado por reforzar las medidas de seguridad para tratar de mitigar los daños. No es la única. Ningún hostelero deja la caja del día en el local. En El Recreo, la empresa encargada de la gestión de las máquinas recreativas ya ha instalado un nuevo equipo, pero reforzando su sujeción al suelo y a la pared, con sendas vigas de acero. A simple vista no parecen mecanismos fáciles de quitar. Además, para evitar mayores problemas, la propietaria ha colocado un cartel en el exterior informando de que las máquinas se han fijado al suelo para disuadir a los futuros ladrones. De esta manera, Gámez confía en que poder dedicarse a trabajar, sin más contratiempos y en sacar adelante el negocio que regenta con su familia.

En El Lloréu, otro de los afectados en esta ola de asaltos, se ha colocado un nuevo cristal más resistente que el anterior. Los hosteleros esperan que una mayor presencia policial ejerza un efecto de disuasión, pero son escépticos sobre los ladrones. «Estarían bien más patrullas, pero sabemos que no pueden estar de forma permanente», comenta Daniel Escapa.

Más allá de la presencia o frecuencia de las rondas policiales, los afectados reconocen que, en los últimos meses, la hostelería y el pequeño comercio de La Luz viene sufriendo un hostigamiento constante en forma de pequeños robos.

«A nosotros nos entraron en mayo. Desde entonces nada», comentan en La Churrería. Como si fuese el juego de la oca, una víctima informa de otro suceso más o menos alejado en el tiempo, pero que alimenta la sensación de inseguridad en el barrio.

Algunos de los propietarios afectados prefieren no hablar. Nadie quiere líos y confían en que esta sucesión de episodios concluya de una vez. De todos modos, en La Luz no se vive, ni mucho menos, la espiral de tensión de hace un par de años. Como se recordará en 2014, la llegada de un par de familias que, de manera sistemática, vulneraban las normas de convivencia más elementales, generó un mal ambiente en el barrio. Finalmente, la marcha de esos grupos conflictivos permitió que la tranquilidad regresase a La Luz.

En esta ocasión, todo indica a que se trata de un goteo de delitos de manera constante en el tiempo y concentrados en una zona concreta, lo que alimenta esa desazón, sobre todo por la sensación de que es algo que parece que va a seguir sucediendo.

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