El Comercio

280 multas al mes por exceso de velocidad

Un agente, ayer, dentro del vehículo radar.
Un agente, ayer, dentro del vehículo radar. / MARIETA
  • La Policía Local ha registrado en lo que va de año el acceso a la ciudad de alrededor de veinte millones de vehículos

La Policía Local de Avilés no tiene radares móviles propios, pero un vehículo cedido por la DGT, y que comparte con algunos otros ayuntamientos de la comarca le permite controlar a los vehículos que circulan a más velocidad de la debida. Con este coche, dotado de cámara y sensores ha venido poniendo en los últimos tiempos una media de 280 multas al mes a conductores que habían sobrepasado los límites designados por la normativa o por las señales de tráfico.

Ese vehículo, junto al centro de control de tráfico, fue el punto de atención ayer en las jornadas de puertas abiertas que organizó la Policía Local en la Jefatura de la calle José Cueto, una actividad que se desarrollaba por primera vez con motivo de la Semana Europea de la Movilidad. Los asistentes pudieron conocer de primera mano la visión que los agentes tienen desde la sala de cómo de circula en Avilés. Sorprende, por ejemplo, comprobar como la docena de cámaras de vigilancia, situadas en puntos estratégicos como glorietas y cruces importantes, disponen de un potente zoom que permite acercarse con una gran calidad de imagen a centenares de metros de distancia.

Además de esas doce cámaras móviles, que se está estudiando ampliar a trece para instalar otra en la zona de Las Meanas, donde también se registra un importante volumen de tráfico, la Policía dispone de otras doce fijas con las que controla los accesos a la zona peatonal. Las imágenes que todas ellas registran se graban y se custodian durante 28 días, aunque «no salen de aquí salvo por orden judicial», como precisa el inspector responsable de tráfico, Mario Suárez.

Desde esa sala se controlan miles de vehículos cada día. El tráfico es tan voluminoso que en lo que va de año ya han accedido a la ciudad alrededor de veinte millones de vehículos, y por la zona de Las Meanas se han contabilizado ya cerca de cuatro millones. De comprobar que todo discurre sin incidencias y de dar la voz de alarma se ocupan dos agentes en los turnos de mañana y tarde y uno durante las noches, los domingos y festivos.

¿Qué hacer cuando se observa un accidente o un atasco? La solución puede pasar por enviar patrullas a la zona, pero a menudo basta con cambiar la temporalidad de los semáforos, dejarlos en verde durante períodos más largos de tiempo para mejorar la fluidez en momentos puntuales. Eso lo hacen los mismos agentes a través de un sistema informático semiautomático que impide que se den incompatibilidades. «Si ocurre alguna el propio sistema se bloque y los dispositivos se ponen en ámbar», explica Suárez.

Aunque a veces los tiempos de espera pueden parecer eternos tanto a conductores como a peatones, nunca se espera más de cien segundos. Ese es el tiempo máximo de los ciclos en los que los semáforos pasan del verde al ámbar y al rojo y se vuelven a poner en verde. «Ahora también estamos evaluando alargar estos ciclos en algunos puntos hasta los 110 segundos para agilizar el tráfico», dice. Todo está medido y controlado, y así se otorgan al peatón dos segundos para cruzar cada metro de paso de cebra, y nada se hace al azar. La regulación de la glorieta de Los Oficios, cuando entró en funcionamiento, llevó cerca de un mes y medio de planificación, ya que sus semáforos debían coordinarse con los del resto de la zona.

Rotondas como esa constituyen ahora los puntos más conflictivos de la ciudad, aunque su construcción, para sustituir a cruces, «ha reducido de forma muy importante los accidentes con heridos graves». Ahora el caballo de batalla son los vehículos estacionados en doble fila y en paradas de autobús y taxi.