El Comercio

«Siempre piden más experiencia»

Iván Gómez, Daniel Cuervo, Alejandro Castaño, Eva Bango y Víctor García.
Iván Gómez, Daniel Cuervo, Alejandro Castaño, Eva Bango y Víctor García. / MARIETA
  • Muchos de los alumnos del CIFP Avilés vuelven a clase para completar su formación

  • Empiezan el curso «con ganas», a pesar de que en algunos casos el mercado laboral les obliga a enriquecer su currículum con nuevos grados

Presentaciones, confidencias y alguna que otra protesta por el profesor que «nos toca este año», pero en general optimismo y «ganas» en el primer día de curso escolar en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIPF) Avilés, el mayor de toda Asturias por oferta y alumnado y al que todavía le cuesta desprenderse de su antigua denominación de 'Suanzes'. «Nos lo acaban de subrayar en clase, que este ya no es su nombre, sino CIFP», comentaban unas jóvenes todavía poco familiarizadas con lo de CIFP, pese a que ni el nombre ni ellas son nuevos en el centro de la calle del Marqués.

Carla Carpintero y Selene Montoya empiezan aquí el segundo curso de estética, un ciclo formativo de grado medio que ninguna de las dos tuvo ninguna duda a la hora de elegir. «Me gusta maquillar, así que lo tuve claro. Igual cuando termine este grado, hago el superior, dependerá de las prácticas que haga y de si sale algún trabajo por el verano», explica Carpintero, que comparte aula con otras once jóvenes. Una de ellas es Montoya, que se encuentra repitiendo curso. El año pasado lo tuvo que dejar por cuestiones ajenas al rendimiento escolar y este curso ha vuelto «con muchas ganas». «Tenía claro que quería hacer estética o peluquería. De hecho, cuando termine haré peluquería para ser una profesional más completa», confirma con decisión.

Sentados junto a ellas en el murete exterior del parque de Ferrera durante el primer recreo del nuevo curso, se encuentran Javier Cuervo, que llega tras haber estudiado gestión administrativa en el instituto Menéndez Pidal, y Richard Rodríguez. Ambos están matriculados en carrocería. «Yo ya había estado aquí, en mecanizado de base, hace cinco años», explica Rodríguez. Hizo prácticas, no encontró nada y, ante la falta de perspectiva laboral, ha decidido volver a las aulas. «Elegí carrocería porque me gusta y ya en Brasil -su país natal- trabajé de ello».

José Ignacio Osorio, de 22 años, los escucha hablar, pero tiene ganas de intervenir mientras rellena unos papeles para que le convaliden una asignatura ya cursada en el grado medio de informática y que ahora vuelve a tener repetida en el superior. «Vengo a estudiar, no a repasar lo que ya he dado» y esa misma decisión muestra para protestar por la «discriminación que sufrimos los que accedemos al grado superior desde el medio, que nos hemos tenido que repartir cuatro plazas mientras que la gente que viene de Bachillerato tenía quince».

En bloque desde El Quirinal han llegado al CIFP el grupo formado por Iván Gómez, Daniel Cuervo, Eva Bango y Víctor García, todos ellos matriculados en telecomunicaciones. Conversan con Alejandro Castaño que, a sus 26 años, intenta luchar contra la resignación. «He intentado trabajar y he trabajado todo lo que me han dejado, pero a pesar de que dicen que el mercado laboral está mejorando siguen pidiendo experiencia y nunca tienes la suficiente. Si tienes seis meses, te piden seis años». Y, para más incordio, «lo poco que sale es de algo para lo que no has estudiado». Iván Gómez lo intenta en 'teleco' tras haber finalizado el grado de informática. Daniel Cuervo confía esta elección, a la que atribuye «bastantes salidas». Y si no las tuviera, Castaño bromea con seguir estudiando y hacer peluquería. «Oye, todo el mundo tiene pelo», le responde Eva Bango, que también suma un segundo grado medio a su formación. Víctor García vuelve al CIFP tras un «año en blanco». Había cursado electricidad, trabajado de ello durante seis meses, pero su contrato se terminó en diciembre . No pudo engancharse a un nuevo curso escolar y tampoco encontró otro contrato. Tras ese lapsus de tiempo sin hacer nada productivo, ayer se encontraba con ganas.

De nuevas al centro llegaron como alumnos como Tania Alba y Sheila Martínez, de 21 y 19 años. La segunda, escarmentada tras haber trabajado como camarera unos meses. Explica que solo curso primero de Bachillerato y lo dejó porque no le seducían las materias ni la forma de impartirlas. «No me gustaba el rollo», describe gráficamente. Por eso se ha matriculado en un cursillo de gestión administrativa, confiando en una enseñanza «que te puede ayudar para las cosas de casa» y granjear un futuro trabajo «más cómodo». «Sentada, al menos», confiesa.

Su amiga Tania Alba desemboca en este CIFP desde el Instituto Nº5, en el que cursó un P.C.P.I., es decir, un programa de cualificación profesional o, como admite con franqueza, «un curso para los que no queríamos ni estudiar ni trabajar». No es falta de vocación, aclara. En realidad, a ella le hubiera gustado estudiar trabajo social, pero tal y como está el mercado, no se quiere permitir cuatro años en la Universidad en Oviedo. «Prefiero intentarlo aquí», asegura.