El Comercio

La defensa del acusado de vender hachís en un bar de la avenida de Cervantes pide su absolución

¿Cómo M. B. podía ser el camarero del bar del número 6 de la avenida Cervantes en octubre de 2012, al que la Fiscalía acusa de vender hachís, si no tenía las llaves del establecimiento? Sobre esta premisa, la inseguridad de una testigo a la hora de confirmar que el joven que ayer se sentó en el banquillo de los acusados en la Audiencia Provincial fuera el mismo al que ella había comprado «costo» aquel 23 de octubre y los quince minutos que pasaron entre que la Policía Nacional paró a esta chica en la calle y tardaron en entrar en el local, según constaría en los atestados aunque ayer los policías declararon que fueron acciones «simultáneas», fueron las bazas esgrimidas por el abogado madrileño Luis Carlos Párraga para pedir la libre absolución de su cliente.

El fiscal rebajó su petición a tres años de prisión y una multa de 500 euros, pero consideró que había «pruebas suficientes» de la actividad penal «independientemente de que fuera otro el propietario del establecimiento», argumento que, junto con la ausencia de un contrato que acreditase su vinculación laboral con el negocio, también trabajó la defensa durante el plenario.

El joven marroquí negó los hechos y explicó que «entré diez minutos a buscar un amigo», algo que el fiscal puso en dudal al no aportar más datos sobre esta persona.

Los tres agentes de la Policía Nacional responsables de la vigilancia y posterior registro encontraron 84 gramos de hachís en el falso techo de la cocina, dos cuchillos con restos y 30 euros.

El juicio quedó visto para sentencia. En principio, estaba previsto que fueran juzgados cuatro marroquíes por un delito contra la salud pública, pero el caso se desgajó al comprobarse que eran hechos diferentes y ayer solo se juzgó a M. B.