El Comercio

Javier García Rodríguez, en el edificio departamental de El Milán en Oviedo.
Javier García Rodríguez, en el edificio departamental de El Milán en Oviedo. / ALE PIÑA

«En el ciclo de Palabra hay una labor social, logramos que el debate sea de todos»

  • Javier García Rodríguez Coordinador de Palabra en el Niemeyer

  • «Más que invitados por un determinado presupuesto, me interesa el perfil de lo que aporten al ciclo»

Coordinador del ciclo Palabra desde el pasado marzo, Javier García Rodríguez (Valladolid, 1965) explica las claves de una de las propuestas emblemáticas desde los orígenes del Centro Niemeyer, un proyecto del que conoce bien sus connotaciones locales por su matrimonio con una avilesina.

-Con usted Palabra inicia su cuarta etapa. ¿Cómo recibe una invitación de este tipo?

-Es un proyecto muy ilusionante y que está muy bien planteado. La idea primigenia es la conversación, contar con quien tenga algo que decir, pero no por la novedad, sino porque la palabra es central en su actividad.

-En un tiempo en el que se lee mucho en Twitter o Facebook pero se reflexiona poco es subversivo.

-Al inicio de cada curso, siempre digo a mis alumnos que ahora mismo, rodeados de tanto ruido, no hay nada más revolucionario que el silencio. Al mismo tiempo el discurso público se encuentra dominado por la política y creo que el discurso tranquilo, demorado se debe devolver a la gente; que uno sea capaz de escuchar para forjarse una opinión. Escuchas a los políticos la pregunta de quién ha ganado el relato, porque saben que quien gana el relato de lo que sucede, gana las cosas sucedidas. Debemos compartir entre todos el relato. Las palabras deben ser de todos, no de unos pocos. Lograr un espacio común donde compartir la palabra, aunque no se esté de acuerdo con lo dicho, me parece revolucionario . En esta actividad hay una labor social porque logramos que la palabra sea de todos.

-¿Con qué criterio planifica?

-En algunos invitados puede existir el criterio oportunidad, por ejemplo la gira de presentación de un libro, pero predomina el valor del invitado. Busco el equilibrio, nuevos formatos. Palabra no es un foro para presentar libros, aunque puedan haber escritores en gira y no podamos decir que no. Tratamos de mezclar la distinción entre alta cultura y cultura popular sin ningún problema. Al mismo tiempo intentamos tener sinergias con otros elementos del Centro, como el teatro o la música para que haya un proyecto por encima de lo que aporte cada uno.

-¿Es el caso de Arturo Pérez Reverte?

-Sí. También tenemos el criterio de oportunidad. Al día siguiente se representa 'El pintor de batallas'. En caso contrario, igual su presencia sería complicada por cuestiones de agenda. En otros casos, será Palabra el que mueva a otras oportunidades.

-Abren con 'Forges'.

-Siempre busco algún elemento de sorpresa. No me gustaría que fuese un ciclo donde siempre venga el escritor consagrado, sino otros campos donde la palabra es importante. En 'Forges' encontramos ese elemento de sorpresa y un trabajo donde la palabra es importante. Habrá más perfiles, buscando también motivar al público. El año pasado también se abrió y contó con personas como Goyo Jiménez. Sorprendió, pero aportó la importancia de la reflexión de la palabra en su trabajo de humorista. Habrá otros perfiles, al igual que el año pasado se incorporó Palabra e imagen, que no cambian la idea original y añaden nuevos elementos.

-¿Satisfecho con la primera edición de Palabra e imagen?

-Sí, estoy contento. Era un planteamiento novedoso. En este caso, es una perspectiva minoritaria que se asumió desde el principio. Antón Reixa, Miriam Reyes o Agustín Fernández Mallo hacen unas propuestas que abren los géneros literarios. En algunos casos no es el futuro, es el presente, o el pasado. El Centro Niemeyer debe estar atento a esas propuestas y mostrarlas. No es para el auditorio, pero se siembra.

-¿Se mantendrá?

-Sí. Ya estoy trabajando en ello. La idea es que se hagan en el primer trimestre de cada año natural.

-¿Cómo ve el cobro de la entrada?

-En absoluto ha perjudicado a la asistencia. Es un pequeño compromiso, tal vez más mental, pero que ayude a sentirse más partícipe de la actividad. Es lo que hace que el 99% de las butacas se ocupen. Tenemos un público muy fiel al que estoy agradecido, porque también opina y participa.

-¿Influyó el ser profesor universitario para asumir el ciclo?

-Si no lo fuese, no la habría aceptado. Mi vinculación con la Universidad de Oviedo produce una chispa de empuje, de colaboración que es buena. La considero parte de mi labor académica e investigadora.

-¿Aunque haya renunciado a la cátedra Leonard Cohen?

-Me costó mucho. Es un proyecto precioso. Estoy muy satisfecho de lo que se hizo, pero llegó el momento de otros proyectos. No sólo Palabra, también investigación o estancias fuera.

-No lo estoy echando, pero, ¿por cuanto tiempo estará vinculado a Palabra?

-Como mínimo dos años. En ese momento, habrá que ver si mis obligaciones en la Universidad me permiten seguir o no. Pero no existe una fecha de caducidad.

-El Centro Niemeyer se creó para atraer talento, como foco de captación de turismo e interés. ¿Es una propuesta aún vigente?

-Conozco el modelo vigente. La situación de los últimos años ha obligado a todos a repensar algunas cosas y ahora todo se está recolocando. Es un centro internacional que, al mismo tiempo, debe atender la realidad cotidiana. Ahí también están los presupuestos.

-¿Lo limita el presupuesto?

-Trabajo con total independencia. Propongo los nombres y siempre se han aceptado. No sé si sería ético gastar más dinero. Todos los invitados crean una actividad intelectual y están justamente retribuidos. Pero me interesa más el perfil de los invitados, no que vengan por un determinado presupuesto. Así suceden cosas como que un invitado done su retribución a las ong que trabajan con los refugiados del Mediterráneo. Así contribuimos a una sociedad mejor.