El Comercio

El espíritu de Don Bosco, en la Escuela de Artes y Oficios

Conferencia de ayer en el inicio oficial del curso en Artes y Oficios.
Conferencia de ayer en el inicio oficial del curso en Artes y Oficios. / JOSÉ PRIETO
  • El salesiano Jesús María Peña pronunció ayer la lección inaugural en el acto de apertura del nuevo curso, que comenzará el próximo lunes

El mismo espíritu que impulsó a Don Bosco a levantar su obra es el que anima el trabajo de la Escuela de Artes y Oficios desde hace más de un siglo. Así lo cree y así lo dijo ayer el salesiano Jesús María Peña en la lección inaugural del nuevo curso en la institución educativa. Ayer tuvo lugar el acto protocolario y el lunes comenzará la actividad educativa para cerca de novecientos alumnos que logran mantener la estabilidad en la matrícula.

A ello se refirió el director de la Escuela, Alberto Huskin, en la primera intervención de la tarde. A la «ilusión» por la apertura de un nuevo curso en el que los números permiten constatar la fidelidad de los alumnos al modelo de enseñanza del centro. «Ya tenemos setecientos matriculados y con las actividades complementarias llegaremos a los novecientos», destacó. Subrayó que las puertas de Artes y Oficios, pero sobre todo su vestíbulo, están siempre a disposición del talento de la cantera. «Nuestro 'hall' está siempre abierto a iniciativas que no tienen cabida en otros lugares», añadió.

Jesús María Peña recordó que don Bosco, cuando llegó como sacerdote a Turín en 1841, en plena revolución industrial, se topó con unos suburbios llenos de juventud ociosa y pendenciera. Supo enseguida qué hacer, proporcionarles un futuro mediante la formación. Comenzó acogiendo niños de la calle en su casa y en 1853 empiezan a funcionar los primeros talleres.

El salesiano confrontó esta labor con la que, menos de cuarenta años después, inició la Escuela de Artes y Oficios. Anotó que en sus orígenes, el centro formó a cientos de jóvenes mujeres que, llegadas desde la aldea, venían a servir a casas y en la escuela se les enseñaban las labores demandadas. Igual con los inmigrantes varones que, algunas décadas más tarde, comenzaron a llegar masivamente al calor del desarrollo siderúrgico.

Paralela a esta labor formativa, Luis Rodríguez, presidente del Patronato de la Escuela, destacó la especial sensibilidad de los avilesinos por algunas artes como la música, no en vano este fue el apodo oficioso que durante muchos años tuvo adjudicado, 'la ciudad de los músicos'. «En Avilés siempre ha habido interés por la cultura y la Escuela de Artes y Oficios siempre ha procurado culturizar», explicó antes de su intervención.

Quiso reflejar también la doble vertiente que se da hoy en día. Junto a la pedagógica, la social, la que permite juntarse en un aula a alumnos que disfrutan tanto la enseñanza como la tertulia.