El Comercio

José Castro Izquierdo, ayer durante la despedida.
José Castro Izquierdo, ayer durante la despedida. / MARIETA

«El problema dela enseñanza es que los políticos tratan deapropiarse de ella»

  • José Castro Izquierdo Exdirector del Instituto Carreño Miranda

  • «Lo importante es que se transmita con ilusión a sus alumnos lo que se quiere enseñar. Fuera del aula, lo que hay es papeleo y burocracia»

El verano de 2016 representó para José Castro Izquierdo (Avilés, 1952) su jubilación de la docencia. Ayer, sus amigos y compañeros del Instituto Carreño Miranda se unieron para homenajear al que fuera director del centro durante diez años y, sobre todo, un profesor vocacional.

Estudió Químicas, ¿por qué optó por la docencia y no el trabajo en la empresa o la investigación?

Durante la carrera ya daba clases particulares. Venía de Oviedo, daba clases y después estudiaba lo mío. No sé decir muy bien el motivo.

Usted también fue alumno del Carreño Miranda.

Sí. En el antiguo centro y en el edificio actual. Fui de la promoción que lo inauguró. Tuve la suerte de contar con grandísimos profesores. Esther Carreño fue mi profesora de Ciencias Naturales; me dio clase de Literatura Sara Suárez Solís, Luis Alarcos de Filosofía, y de Física y Química José Luis Hortal Sánchez. Pienso que tal vez esa influencia fue decisiva para que yo eligiese hacer Químicas y, después, la docencia.

Cuando oposita, ¿tarda en incorporarse al Carreño Miranda?

Algunos compañeros comentan que hacen turismo a costa del Ministerio. Pero no es mi caso. Mi primer curso fue el año 78/79. Las prácticas las hice en el Bernaldo de Quirós en Mieres y, en el concurso de traslados, logré venir al Carreño Miranda. Y hasta hora.

¿Era la forma de estar en Avilés?

El Carreño era mi centro. En el momento de hacer las oposiciones, piensas que trabajarás donde sea. Al pedir destino, mi primera elección fue el Carreño.

Desde el 78 a la actualidad, han pasado varias generaciones por las aulas. ¿La juventud es igual o ha notado cambios?

Igual, igual no es. Pero la juventud no deja de ser un reflejo de las generaciones anteriores. Tienes alumnos que el primer 'no' que oyen en su vida es en el Instituto, de un profesor, y no se lo creen. No digo que sea la generalidad, pero sucede. No es un problema del chico, es de su familia. No sé si fue por eso de que se puso de moda de que no cogiesen un trauma, pero al final el trauma es cuando se encuentran con la vida, que es síes y noes, éxitos y fracasos. Lo más importante es aprender que cuando las cosas no salen como uno quiere hay que apretar los dientes y tirar para adelante. Las primera generaciones sí tenían asimilado que hace falta esfuerzo y trabajo. Ahora puedes tener alumnos maravillosos y otros que piensan que el maná caerá del cielo.

Ha conocido unas cuantas leyes educativas, ¿por qué tantas reformas, deben hablar los políticos con la comunidad educativa?

El problema está en que para distinguirse los políticos unos de otros se apropian de la educación, cuando muchos de sus planteamientos no son tan diferentes.. Además soy muy pesimista.

¿Por qué?

Por mucho que lo intenten no creo que lleguen a un acuerdo que de estabilidad. Evidentemente no es una situación sostenible. No puede ser que cada poco tiempo haya una nueva ley de educación, que cambie la palabrería. Llega un momento que vale... No crean ilusión en el profesorado. Nos han agotado. Profesionalmente, la única salida es tener muy clara que lo único importante es enseñar. Lo demás, hay que hacerlo, pero lo importante es enseñar.

¿Esa ilusión se puede recuperar?

Ojalá. Pero no es por parte del profesorado. Los políticos tendrían que demostrar que se trata de un intento serio de hacer una ley que dure 15 ó 20 años. En Educación los resultados nunca son inmediatos.

¿Qué recomienda a un nuevo profesor?

Lo importante es lo que pasa en el aula. Por fuera hay mucho papeleo, y mucha burocracia. Pero lo importante es que transmita con ilusión a sus alumnos lo que quiere enseñar. El mayor piropo que me dijeron fue el comentario de un alumno: «Se nota que le gusta lo que hace».

¿Cómo llega a la jefatura de estudios?

En ese momento es director José Luis Hortal, catedrático de Física y Química. Era mi jefe de departamento. Lo considero mi maestro. Me lo pidió y no lo dudé. Fueron muchas horas, pero aprendí mucho. En aquella época, un profesor tenía 18 horas lectivas; doce para el jefe de estudios y sin adjuntos. También fui con Jorge Fernández Bustillo y Mercedes Saldaña.

Entonces la dirección era un paso natural.

Sí. Aunque no fue de manera continuada. Cuando Mercedes Saldaña se jubila, vuelvo a dar clases y, creo que siete cursos después, un número de compañeros me pide que asuma la dirección. Creo que estuve unos diez cursos.

¿Le costó dar el paso?

Un poco. Me lo plantearon los compañeros. Es complicado, pero había aprendido mucho en la jefatura de estudios y conocía el centro. Fueron diez años muy fructíferos. A los 60 años, decidí que no me iba a jubilar, pero que mis últimos años los iba a dedicar sólo a la docencia. Y los he disfrutado con unas promociones fantásticas.

¿La inauguración de los Reyes fue el mejor momento?

Es una anécdota muy agradable, que contaré a mis nietos. Pero no hicimos ningún mérito. Nos eligieron. Aunque sirvió para aprender mucho.

Su intervención defendiendo el valor de la educación fue muy aplaudida.

Eso me dijeron. Tengo la satisfacción de que la Reina Sofía felicitó a mi esposa y le dijo que compartía esa idea. Sólo tenía dos minutos así que me centré en buscar una idea que pensase y en la que la profesión estuviese de acuerdo.

¿Qué destacaría de este tiempo?

De lo que estoy orgulloso es de los alumnos que hayan adquirido conocimientos para seguir estudios superiores y, sobre todo, incorporarlos a su forma de pensar, distinguir entre hechos y opiniones, tener sentido crítico.

¿Y los momentos malos?

Claro que los ha habido. Cuando tienes alumnos que fracasan y ves que no lo puedes resolver.