El Comercio

Un retrato poliédrico de Camilo José Cela

Público asistente a la conferencia.
Público asistente a la conferencia. / JOSE PRIETO
  • El Aula de Cultura de LA VOZ cierra su ciclo de homenaje a escritores con un completo repaso bio-bibliográfico al autor gallego

  • El catedrático Adolfo Sotelo Vázquez desgrana la obra de un escritor que «sobre todo fue un poeta»

«Adolfo Sotelo es peligroso porque sabe de mi obra más que yo», decía Camilo José Cela allá por 1999, en la recta fina de su vida cuando retocaba artículos de su juventud para publicarlos en la prensa diaria (por otra parte , una táctica de otros grandes escritores) y Adolfo Sotelo, catedrático de Literatura española en la Universidad de Barcelona, se lo recordaba. Era una de las citas que el propio Sotelo comentaba ayer en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf, en un completo recorrido por la obra y la vida de Camilo José Cela (1916-2002), porque ambas componen las dos caras de una de las obras más importantes de la literatura española del pasado siglo, si bien Sotelo procuró huir del chismorreo sobre la vida del premio Nobel.

El catedrático no ocultó su admiración por un escritor al que conoció el 17 de enero de 1980 y que conoce a la perfección. Su recorrido comenzó por el escritor que, en los años 30, llega a la Universidad Complutense para asistir a las clases de Pedro Salinas, José Fernández Montesinos y José Ortega y Gasset para no terminar sus estudios de Derecho y Medicina, pero empaparse de literatura y de arte, dos de sus pasiones que lo acompañaron durante toda su vida, si bien no dudó en ocultarlas con diferentes máscaras, a veces incluso «groseras».

En sus primeras amistades, Cela cultivó el trato con jóvenes como María Zambrano, Maruja Mallo y Lolita Franco. La que posteriormente sería la esposa de Julián Marías se convirtió, entre 1934 y 36, en algo más que una amistad para Cela, una guía y una referencia como lo demuestran el centenar de cartas escritas entre ambos en esa época.

En esos años, surge la vocación literaria de Cela cuyo primer libro es el poemario, 'Pisando la dudosa luz del día', libro que nace del rencor y el dolor por la pérdida de la que fuera su novia, Tránsito Vargas, a consecuencia de los bombardeos nacionales sobre Madrid.

Esa primera publicación configura una de las caras más importantes de Cela, la de poeta, según explicó Sotelo, y que estaría presente en toda su obra.

La publicación de ese libro afianza en Cela la voluntad de convertirse en un escritor. Aunque aún existen poemas inéditos, señaló Sotelo, en esos años Cela busca la forma de subsistir, de ganarse la vida. Ya en los años 40, Cela es consciente de su importancia, comienza a soñar con el premio Nobel y decide recopilar toda la información sobre él y que se encuentra en su Fundación al servicio de los estudiosos.

Eso le lleva a acercarse a la Falange que, en aquellos años, representaba la única posibilidad de publicar en España, si bien «Cela nunca pintó nada en el régimen franquista». Su sensibilidad y el apoyo de Manuel Fraga permitió que lanzase su revista 'Papeles de Son Armadans', donde se publicaba en gallego o catalán y aparecían autores como Rafael Alberti, Luis Cernuda o Max Aub, nada sospechosos de complicidad con el franquismo.

Cela novelista

Uno de los perfiles más conocidos de Cela es el de novelista, el autor que con 'Pascual Duarte' fragua la narrativa de la posguerra y que logra ver publicada 'La colmena' a pesar de los problemas con la censura franquista. Su narrativa muestra a un autor culto, que bebe de la tradición española, pero que también está abierto a cultura occidental. Un gallego universal que, en dos obras maestras, retrata la Galicia del interior ('Mazurca para dos muertos') y la marinera ( 'Madera de boj'), según comentó Sotelo. Un novelista que no entendía de géneros y que defendía la libertad de la novela, como él ejerció durante su vida.

El ponente diferenció su narrativa breve, donde desarrollo una escritura abierta, experimental, ejerciendo de lexicógrafo e inventando los apuntes carpetovetónicos donde actualiza una tradición que Sotelo remontó a Quevedo.

El poliedro que Sotelo configuró sobre Cela también dedicó un amplio espacio a su literatura de viajes, su «radical independencia intelectual» y el colaborador de la prensa periódica ya desde los años 40 cuando su acercamiento alimenticio a la Falange le permite recibir el carné de periodista y comenzar a publicar en diarios de todo el país.

Un Cela del que Sotelo trazó diferentes capas y que le convierten en «el señor de las palabras creadoras», uno de los autores que contribuyeron de manera fundamental a la recuperación de la España literaria tras la Guerra Civil.