El Comercio

Borrachero, en una visita reciente a Avilés.
Borrachero, en una visita reciente a Avilés. / MARIETA

«El odio puede mantenerte vivo, mientras que el amor es un trabajo»

  • Actriz

  • El teatro Palacio ValAlicia Borracherodés acoge mañana, a las 20.15 horas, la representación de la obra 'Tierra del fuego', dirigida por Claudio Tolcachir

El conflicto entre Israel y Palestina protagonizará la sesión teatral de mañana viernes en el Palacio Valdés. A las 20.15 horas comenzará la representación de la obra 'Tierra del fuego', dirigida por Claudio Tolcachir y con un texto adaptado por David Serrano. La actriz Alicia Borrachero protagoniza esta historia, basada en hechos reales, en la que se pone énfasis en el lado humano de un ataque terrorista.

¿Quién es Alicia Borrachero dentro de la obra?

Yael, una mujer israelí de 22 años normal, pero que ha tenido que vivir una circunstancia fuera de lo normal al ser víctima de un atentado terrorista. Años después, con 45 años, decide escribir una carta al terrorista que la atacó, interpretado por Abdelatif Hwidar, e ir a verle a la cárcel donde cumple condena tras el intercambio de varias misivas. No sabe a qué va, pero lo necesita porque tiene muchas preguntas sin resolver.

¿Qué le parece la postura de su personaje?¿Cómo se ha preparado para interpretar su historia?

Es admirable la decisión que toma esta mujer. En mi caso para poder interpretarla me he puesto en manos del director porque yo solo toco una nota de la composición y además he completado ese trabajo con mucha documentación sobre el tema, desde todos los puntos de vista y leyendo muchos estudios sobre este tipo de terapias para poder captar la esencia de lo humano detrás de los hechos.

¿El lado humano del terrorista enmascara sus actos?

Nada justifica la violencia y nadie en la obra lo hace, hasta el terrorista sabe lo que ha hecho y nadie le exculpa. Eso sí, se asiste a un reconocimiento del otro, pero sin ser un ejercicio de buenismo. Es simplemente un diálogo auténtico en el que aparece la parte humana de todos para mostrar al público como la esperanza está en el nivel humano y que aunque no se pueda modificar la situación política a corto plazo, sí que puede suponer un inicio para ello.

Los protagonistas representan dos puntos de vista de un conflicto político enquistado. ¿Acaba la obra con el papel de héroe y villano?

Una vez que te sientas en la butaca se te invita a ponerte en el lugar del otro, en todo momento. Yael es una víctima y como tal el odio también hace presencia porque no se trata de un mundo ideal, pero tampoco de tomar partido por unos o por otros.

Una de las frases de su guión dice «el odio es más fácil que el amor». ¿Piensa igual?

El odio no cuesta trabajo, es más, te puede mantener vivo pero el amor es diferente. El amor es un trabajo.

Definen la obra como coraje y libertad. ¿Por qué?

Se habla sin tapujos del tema, de la relación víctima-terrorista y eso requiere coraje. Y libertad porque, aunque hay una estructura, el director y nosotros mismos nos tomamos cada función como un ensayo, después salimos y seguimos investigando sobre la obra para que el siguiente día sea diferente. El teatro está vivo hasta la última función.

Su currículum sobre las tablas es extenso. ¿Qué tiene de especial esta obra?

Es teatro puro. Todos los actores estamos en todo momento en el escenario, aunque no formemos parte de la escena principal. No hay apenas escenografía para dar presencia y protagonismo al texto.

¿Meterse en este papel la ha hecho cambiar como persona?

La obra me ha cambiado mucho porque aprendes mucho con ella. Está siendo una de las experiencias más gratificantes de mi vida profesional.

¿El público español está preparado para hacer esta catarsis después de vivir historias similares con la banda terrorista ETA?

A algunas funciones ha venido público que ha vivido de cerca el terrorismo y que de una y otra manera está involucrado con la obra. Luego se te acercan y te lo cuentan, es cuando te das cuenta de que tu trabajo consigue dar luz a estas personas y le da mucho sentido a todo. El teatro hace que el público esté más despierto. Hay mucha empatía y conexión con los presentes porque saben que no les estamos intentando influenciar, solo pretendemos que nos escuchen.