El Comercio

Un movimiento que se reconstruye tras un doloroso y largo proceso

Con la llegada de Lumen Dei a Asturias, el movimiento eclesial prosigue su proceso de recuperación después de una larga y dolorosa crisis vivida tras la muerte del que fuera su fundador, el padre Rodrigo Molina Rodríguez en 2002. Su sucesor al frente de Lumen Dei fue el sacerdote avilesino Francisco Javier Mahía Colao. Sin embargo, en 2008 fue intervenida directamente por El Vaticano, que destituyó a todos sus dirigentes y nombró al obispo Fernando Sebastián como comisario pontificio. Es decir, máximo responsable del movimiento y con capacidad ejecutiva. El motivo no eran otro que las graves acusaciones de desórdenes económicos, teológicos y también desviaciones morales de tipo sexual. Los primeros trabajos de Fernando Sebastián generaron un rechazo interno que aumentaron las tensiones y provocaron la marcha de numerosos miembros hasta el punto de que se definió como «cisma».

En 2009, El Vaticano nombraba como nuevo comisario pontificio a Jesús Sanz Montes, que ese mismo año se incorporaba como titular de la diócesis de Oviedo.

Tras un largo estudio, en 2011 Sanz Montes aclaraba públicamente que no existían ningún tipo de desviaciones morales de tipo sexual. Los problemas económicos afectaban a aspectos de gestión, no a un aprovechamiento ilícito de los fondos y era necesario corregir aspectos de la formación teológica.